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Lawrence de Arabia cuenta las proezas de T.E. Lawrence (Peter O´Toole), un oficial del ejército británico que sirve en el Oriente Medio durante la Primera Guerra Mundial quien según se comenta al principio “era un poeta, un erudito, un guerrero poderoso pero también un exhibicionista“. La película empieza con un prólogo de la muerte de Lawrence como consecuencia de un accidente de moto, retrocediendo después años atrás a El Cairo cuando está a punto de comenzar la mayor aventura de su vida. Le ordenan ir al desierto para entrar en contacto con el Príncipe Feisal (Alec Guinnes), que es un aliado británico en la lucha contra los turcos. Lo que sigue no sólo cuenta como Lawrence se convirtió en eje central de la rebelión árabe contra los turcos, también el ascenso y caída de su persona.

La historia de Lawrence de Arabia no se basa solamente en escenas de batallas o en un melodrama, ya que también nos maravilla la capacidad de David Lean de hacer que el desierto fuera un personaje con igual o incluso mayor protagonismo que los actores principales. Lawrence de Arabia no es una simple biografía o película de aventuras, aunque contenga ambos elementos. Lawrence es un héroe atípico, extraño y no podríamos imaginar a nadie más adecuado para ese papel que Peter O´Toole ya que moldea a Lawrence como un hombre casi torpe, con una forma de hablar que se balancea entre la insolencia y su propia manera de ser. David Lean crea en Lawrence a alguien que combina carisma y locura siendo muy diferente de los héroes militares convencionales y que inspira a los árabes a seguirle y a que se unan las distintas tribus, mostrándoles que les interesa estar unidos para combatir a los turcos y luchar por su libertad. A lo largo del camino se alía con varios jefes tribales como Sherif Alí (Omar Sharif), el Príncipe Feisal y Auda (Anthony Quinn), ganándose su respeto. El diálogo en sus conversaciones no es complejo y a veces, digámoslo así, suena como poesía. A través de diversos acontecimientos, vemos como cada uno de ellos afecta al carácter de Lawrence y moldea su carácter. Hasta su captura en Deraa, él se cree que es un semidiós pero después del tratamiento brutal que recibe se vuelve amargado, le atormentan las dudas y busca la venganza mostrándonos su lado más oscuro en la matanza de Tafas.

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Lean consigue no sólo deslumbrarnos visualmente, sino que hace crecer nuestro interés por todo lo que rodea a Lawrence, usando las batallas como un telón de fondo para profundizar más sobre su carácter y personalidad. En ningún momento Lawrence deja de ser el epicentro de la historia y Lean junto con la genial interpretación de Peter O´Toole, consiguen meternos de lleno en las excentricidades, fobias y anhelos de un hombre de ideas sencillas que adora la limpieza del desierto. Además Lean maneja indirectamente la sexualidad de Lawrence no siendo demasiado explícito, pero si insinuante a lo largo de la película.

En cuanto a las actuaciones, resulta obvio que para O´Toole fue el papel de su vida. No fue la primera opción ya que se pensó en Marlon Brando y Albert Finney, rechazando este último el papel. Seguramente uno de los motivos de la efectividad en pantalla de O´Toole y de la gran aceptación del público fue ese desconocimiento que se tenía sobre él, ya que era un actor que procedía del teatro y no había ninguna obra anterior a la cual compararlo. La película además fue la primera gran aparición de Omar Sharif, quien entabló una gran amistad con Lean y que posteriormente fue el protagonista absoluto de la posterior película del director inglés, la no menos brillante Dr. Zhivago, iniciando Sharif una larga carrera cinematográfica. El reparto en general es excelente con actores reconocibles como un habitual en el cine de Lean, el camaleónico Alec Guinnes que perfeccionó su acento hablando con Omar Sharif. Anthony Quinn fue la requerida estrella americana e interpreta a Auda de forma magnífica y Jose Ferrer, en su breve pero estupenda participación, interpreta a un oficial turco que tortura a Lawrence.

Tan importante como las actuaciones fue el trabajo de los técnicos que estaban detrás, siendo en ocasiones los actores como insignificantes motas que se mueven por el paisaje. El montaje de Lean, por otra parte un excelente editor, dura sobre las 3 horas y media pero cada instante parece necesario. El metraje no resulta pesado. Hay aventura y acción esparcida por todo el argumento. Una historia perfectamente desarrollada y una majestuosidad visual desbordante como nunca se ha visto en el cine. Esa impresión visual es gracias a la magnífica labor de Freddie Young, el director de fotografía, que nos ofrece escenas inolvidables como el espejismo que ve Lawrence cuando ve a los lejos acercarse a Alí, la limpieza del desierto o la transición que hay cuando Lawrence apaga una cerilla y enseguida sentimos el intenso Sol del desierto. Además hay imágenes de camellos desfilando por el desierto, con unas inmensas formaciones rocosas al fondo. Todas esas imágenes desprenden calor, te sientes en el desierto y en esos momentos de esplendor oyes de fondo la embriagadora música de Maurice Jarre y crees estar paseando por ese paraje inhóspito a lomos de un camello.

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Una de las singularidades más importantes de Lawrence de Arabia es la omisión de cualquier efecto especial (a excepción de varias tomas del Sol). Todo es naturalidad y maestría a la hora de rodar y de buscar las localizaciones adecuadas como la costera ciudad de Aqaba que se rodó en las costas de Almería o el cuartel inglés de El Cairo en el Alcázar de Sevilla. Actualmente muchas de esas escenas estarían digitalizadas, como el ataque a Aqaba, donde un movimiento panorámico de la cámara y una buena sincronización resulta más efectivo y da al espectador mayor magnitud de lo acontecido.

Lawrence de Arabia recibió 7 Oscar de los 10 a los que estuvo nominada: Mejor Director, Mejor Película, Mejor Fotografía en Color, Mejor Dirección Artística, Mejor Sonido, Mejor Banda Sonora y Mejor Montaje. Viendo la película, no es de extrañar que recibiera tantas alabanzas, ya que el espectáculo visual que ofrece es grandioso. Debió ser algo maravilloso poder verlo en una pantalla de cine, ya que al verlo por la televisión sientes que le falta algo y es esa majestuosidad que ofrece su visionado en pantalla grande.

En la línea donde pone:
Seguramente uno de los motivos de la efectividad en pantalla de O´Toole y de la gran aceptación del público fue ese desconocimiento que se tenía sobre él, ya que era un actor que procedía del teatro y no había ninguna obra anterior a la cual compararlo” aún habiendo recibido estupendas críticas por su participación en El robo en el banco de Inglaterra.