El Festival de Cine Italiano sigue dando una de cal y otra de arena. De momento pocos documentales han logrado entusiasmar al público asistente, mientras que los largometrajes sí han conseguido levantar algún que otro aplauso. En esta cuarta jornada del festival hemos asistido a la proyección de la irregular 9×10 Novanta y la comedia Soap opera

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En la cuarta jornada del Festival de Cine Italiano pudimos asistir a las proyecciones de 9×10 Novanta y Soap opera. El primero, un documental episódico en el que han participado nada menos que diez directores, tiene por objeto celebrar el 90 aniversario del Instituto Luce Cinecittà, el cual dispone de un patrimonio de imágenes único ya no sólo para Italia sino para todo el mundo, el Archivo Luce Cinecittà. Para conmemorar este momento tan importante se decidió que algunos de los nuevos directores más prestigiosos del país seleccionaran fragmentos del archivo para realizar una película de diez minutos de duración cada uno. La historia sería cosa suya. La compilación de todas esas imágenes, junto con la narración de sus respectivos directores, ha dado como resultado este documental.

Reconozco que los documentales episódicos no son santo de mi devoción. Me resulta tremendamente complicado valorarlos en conjunto, y más cuando el documental en sí no se forja sobre un concepto común, entonces me surge la duda de qué debo valorar: ¿un todo en el que cada fragmento me cuenta lo que quiere o cada una de las piezas por separado? En cualquiera de los casos creo que apostar por el largometraje juega en contra de este tipo de producciones, ya no sólo por lo ya mencionado, sino también por lo pesada que se hace. 9×10 Novanta no es la excepción que confirma la regla sino todo lo contrario, en ella se reflejan a la perfección todos estos fallos.

El filme lo componen nueve fragmentos, cada uno representando lo que el director buenamente ha querido: el primer día de una guerra, las invocaciones a la paz, el feminismo, la sexualidad de la mujer, el significado de una canción, de la Luna, milagros, supersticiones, sueños… Todo ello convive en una película que se sirve del cuento, el diario o la poesía para contar un pedazo de historia. Aunque, a pesar de las buenas intenciones, hay poco salvable en 9×10 Novanta, ya que la mayor parte de los fragmentos son un caos indescifrable para el espectador (en la mayoría de los casos el director no ha llegado a combinar eficazmente imagen y narración). No obstante, algunos episodios son francamente buenos, como el del soñador que tan sólo quería observar la Luna.

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La jornada finalizó con la proyección de la primera comedia presentada en el Festival de Cine Italiano, Soap opera, y aunque las expectativas no eran muy altas la película de Alessandro Genovessi ha sido de las más aplaudidas de lo que llevamos de festival.

No es de extrañar porque Soap opera tiene todo lo necesario para que el público se lo pase en grande con ella: grandes personajes, buena química entre los actores, numerosos momentos de comicidad y una historia con gancho. Con una puesta en escena muy sencilla pero efectiva (casi toda la historia se desarrolla en los dos primeros pisos de un edificio) Soap opera nos regala momentos realmente hilarantes gracias a unos personajes perfectamente diseñados, desde ese amigo que duda de su sexualidad cuando está a punto de ser padre hasta ese Carabinieri tan entrometido pero irresistiblemente divertido. Y aunque la entrada de algún personaje haga aguas por todas partes (el de Francesca) y el final esté deliberadamente alargado, la sensación que deja esta telenovela tan loca hecha película es francamente agradable.