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El bien contra el mal, y la fina línea que los divide a través de la religión ha sido tema omnipresente desde el comienzo de este arte. Es algo que hemos observado en obras tan dispares como Más allá de las colinas o El exorcista. La pregunta acaba siendo siempre la misma, ¿dónde reside el diablo? ¿Está realmente más cerca de la propia iglesia que lo condena de lo que ellos creen? Lo que plantea el alemán Dietrich Brüggemann en su nueva película va un paso más allá de éstas, despojada de elementos externos, el director se plantea cuan mala puede llegar a ser una doctrina religiosa excesiva en una persona, y si ésta puede llegar a ser capaz de prácticamente poseer a sus residentes. Dividida en doce capítulos, cada uno de ellos rodados en un solo plano, la película sigue el devenir de María, una joven muchacha que decide sacrificarse para servir como ofrenda a Dios y que a cambio éste cure a su hermano enfermo de autismo. La película sigue el devenir de la muchacha desde que la semilla es germinada en ella hasta que finalmente acaba consumando el acto, y lo hace precedida de citas bíblicas que siguen el camino de Jesús hasta la cruz.

Brüggemann muestra una excelente capacidad narrativa, la película, que se cimienta casi siempre de los diálogos, empieza de manera magistral. Con los niños, que se están preparando para recibir la confirmación, sentados alrededor del cura, como si éste fuera una representación de Jesucristo y acompañado de los doce apóstoles en la Santa Cena. No sólo asistimos perplejos a las severas afirmaciones que hace éste acerca del camino de la religión y la doctrina de Jesús, con una rigurosidad y una severidad prácticamente sectarias, sino que además sabe plantear la historia de forma notable. Así, es la curiosidad de María, la que hace que el cura le de las claves de cuál es el camino que ésta debe seguir para conseguir la salvación de su hermano, aunque lo haga apenas sin darse cuenta, convencido de que las enseñanzas que imparten son las correctas en pos de las santas enseñanzas. Como decimos, esto queda marcada ya desde el capítulo inicial, pero toda la trayectoria que recorre María, la lleva indudablemente a ese marcado camino, sin infundir en ella ningún tipo de duda, víctima de las peligrosas creencias en las que está siendo educada.

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Posiblemente lo más seductor de esta narración de Brüggemann resida en la forma de la que éste critica con dureza y sin dudas los peligros del cristianismo más radical, pero sin embargo, no reniega sistemáticamente de su existencia, así se explica ese prodigioso milagro final que acerca mucho a la película a Ordet de Carl Theodor Dreyer, cineasta del que Brüggemann se muestra claramente deudor.

Pero si algo destaca sin lugar a dudas en Camino de la cruz se trata de su potente plano artístico.  Como comentábamos, la película está dividida toda ella en doce escenas, y cada una de éstas escenas rodadas en un solo plano, casi siempre completamente estático. Brüggemann juega con la composición de manera magistral, sabe situar la escena, acercar y alejar a los actores de la cámara con completa naturalidad, hacer al espectador un mirón y testigo de una historia en la que él es el único cómplice de la muchacha y se siente indefenso sin poder pararla. Pero va más allá cuando mueve la cámara, algo que sólo ocurre en tres ocasiones en toda la película, estos movimientos están perfectamente calculados y al igual que la muchacha, siguen directamente el camino a la muerte, el camino a la cruz. Cuando la cámara se mueve es porque sencillamente ya no hay  vuelta atrás, es la parca que aparece de manera cruel, posiblemente el mejor de la película se produce fuera de campo, porque la cámara se aleja de lo que no que quiere que veamos, lo cual resulta aún más terrible.

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Viendo Camino de la cruz uno tiene la sensación de que es una película que hoy habría hecho Dreyer, lo cual es todo un halago y también una auténtica rara avis en el cine actual. Dietrich Brüggemann presenta con su cuarto filme, la primera con cierta relevancia internacional, toda una declaración de intenciones, y es que quizá todavía hay vida en un cine alemán que en los últimos años, y con la salvedad de títulos esporádicos y algún aislado cineasta como Faith Atkin, no parece encontrar la forma de levantar cabeza.

4.5_estrellas

Ficha técnica:

Título Original: Kreuzweg Director: Dietrich Brüggemann Guión: Dietrich Brüggemann, Anna Brüggemann Fotografía: Alexander Sass Reparto: Lea van Acken, Franziska Weisz, Florian Stetter, Ramin Yazdani, Hanns Zischler, Birge Schade, Anna Brüggemann, Michael Kamp, Sven Taddicken Distribuidora: Caramel Films Fecha de estreno: 12/12/2014