Arranca el 11º festival de cine europeo de Sevilla, un festival que siempre se ha caracterizado por ofrecer un cine nuevo y diferente, y que este año no parece ser una excepción. Esta primera jornada comenzaba con la que sería la película inaugural de esta edición, La ignorancia de la sangre. Y francamente, el día no pudo empezar peor. Sin embargo, este primer viernes remontó el vuelo gracias a la propuesta soviética Leviatán, y tendría su final feliz con una joya llamada La banda de las chicas. Un buen comienzo.

La ignorancia de la sangre – La sangrante ignorancia

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Hace aproximadamente un mes que llegaría a nuestros cines La isla mínima, uno de los thrillers más potentes que ha dado el cine español (y el cine en general, qué leches) en mucho tiempo, y que hizo parecer fácil lo difícil, que nos hizo recordar que ese cine es posible en nuestro país. Y es que hay que admitirlo, hacer un buen thriller no es tarea fácil ni está al alcance de cualquiera, y La ignorancia de la sangre es la prueba de ello.

La palabra más acertada que se me ocurre para describir este thriller policiaco ambientado en Sevilla es desastre, simple y llanamente. Es un cúmulo de errores y despropósitos que empieza en lo más básico, un guion terrible, con una trama tan aburrida como poco original, con muchísimos momentos y diálogos forzadísimos y algunos de los giros argumentales más absurdos que recuerdo. Por otro lado, las interpretaciones van a la par con el guion, totalmente en piloto automático donde nadie parece creerse una palabra de lo que dice. Mención especial merecen las escenas de acción, patéticas rozando lo risible (hubo risas en la sala).

En fin, una película que no hay por dónde cogerla y que me parece una pésima elección como film inaugural. Supongo que la ambientación hispalense tendrá algo que ver.

Leviatán – Nadie hay tan osado que lo despierte…

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Leviatán, cuyo guion fue premiado en Cannes, es una película compleja. Su historia y personajes representan un desolador retrato a pequeña escala sobre la vida y la condición humana en la Rusia actual (aunque es perfectamente extrapolable al resto de occidente). Sin embargo, encuentro en ella una película que no llega a ser del todo irregular pero desde luego si dispersa en sus dos horas y veinte de duración, que presenta una trama muy estimulante e interesante que desarrolla hasta el ecuador del metraje, para rendirse después al drama psicológico más frío, que a mi juicio acaba resultando más pesado y menos interesante en definitiva.

Pero más allá de lo más o menos acertado que pueda ser su ritmo narrativo, desde luego es elogiable la capacidad de su director, Andrei Zvyagintsev, para crear atmósferas íntimas y poderosas en espacios reducidos, con largos y fríos planos detenidos, además de las hipnóticas imágenes exteriores que consigue mediante un trabajo de fotografía espectacular. La imagen del esqueleto de ballena al pie de la casa es inolvidable. También hay que destacar el trabajo interpretativo de los actores principales, desdoblándose a la perfección en unos personajes cuyo destino parece estar inevitablemente ligado a la casa en la que habitan.

La banda de las chicas – Shine bright like a diamond!

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Terminamos esta primera jornada con La banda de las chicas, una pequeña joya francesa que supone el tercer largometraje de la francesa Céline Sciamma, cuya anterior película Tomboy fue ampliamente elogiada por la crítica.

La banda de las chicas podría resumirse burda y erróneamente en algo así como “la choni que hay en mi”, pero es muchísimo más. Desde el primer minuto te mete en la piel de una adolescente llamada Marienne, y lo hace tan bien que vas de su mano hasta el fotograma final. Es un nivel de empatía que me recordó a La vida de Adele en ciertos momentos, algo comprensible al tratar temas tan identificables como los conflictos de identidad o la adolescencia descarriada en la “generación Facebook”, con una delicadeza y precisión admirables (aunque no exenta de cierta condescendencia y falta de sutileza en según qué escenas). Por supuesto, nada de esto sería posible sin la potente interpretación de Diabete Idrissa, la joven actriz protagonista, que aguanta prácticamente todo el peso dramático de la historia ella solita. Muy, muy bien.

Otro gran acierto de la película es su dinámico y  estimulante acabado visual, con algunos planos y escenas ciertamente memorables, que en ocasiones consigue transmitir estados de ánimo por completo. Como principal pega, considero que el tercer acto se desvincula demasiado de lo anterior, y el espectador puede desconectar un poco con lo que ocurre en pantalla. Pero al final acaba retomando el rumbo, y la última escena me parece soberbia.

Por cierto, la única película de las tres que consiguió arrancar aplausos del público, lo cual (entre otras cosas) me hace pensar seriamente en ella como posible premio del público.