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Me gusta mucho Michael Bay, o al menos me gustaba mucho en sus inicios. Películas como Dos policías rebeldes, La roca o Armageddon me parecen algunos de los entretenimientos más eficaces que ha podido dar Hollywood en los últimos 20 años. Pero no sólo eso, me fascina, quizá es junto a Tony Scott el director con un estilo más reconocible que ha dado la industria en lo que respecta al cine de acción. Me encanta su cámara inquieta, hipervitaminada, incapaz de mantenerse quieta en un plano que debería ser estático. En el cine de Bay todo se mueve tan rápido como un niño hiperactivo, y eso me produce verdadera fascinación, me parece radicalmente divertido, y no deja lugar al aburrimiento. Al menos eso pasaba en sus primeros trabajos, pero algo empezó a torcerse. Empezó este serio declive con la lamentable Pearl Harbor, ahí pasó lo peor que le puede pasar a cualquier director, Michael Bay se olvidó de quién era, intentó un proyecto con ínfulas de Titanic, que no sólo se quedaba a años luz de la película de James Cameron, sino que resultaba una de las películas más bochornosas que hemos visto en los últimos años.

Y es como si a partir de ahí Michael Bay hubiera tratado de buscar desesperadamente quién era, la trilogía de Transformers da buena cuenta de ello, una saga en la que Bay se ha excedido completamente, olvidándose del eficaz entretenimiento de sus primeros filmes en pos de una espectacularidad impostada, que nunca resultaba tal. Hubo un resquicio para la esperanza el año pasado cuando el director estrenó Dolor y dinero, ésta es, para quien esto escribe, no sólo la mejor película del realizador californiano, sino también, una de las mejores películas del pasado curso. Allí Bay hizo su obra más personal, una comedia rocambolesca que podía recordar al Fargo de los Coen, contada de forma frenética, sin renunciar jamás a esa cámara en continuo movimiento, sello de la casa. El director demostró que era capaz de realizar una película ácida, radicalmente divertida y con una crítica corrosiva al sistema estadounidense. Pero para poder rodar Dolor y dinero, Bay tuvo que aceptar hacerse cargo de una nueva entrega de Transformers y por desgracia, aquí no tenemos al Bay que nos entregó esa fantástica película el pasado año, sino que una vez más, vuelve a repetir todos los tics que hicieron realmente insoportable de ver la citada saga.

TRANSFORMERS: AGE OF EXTINCTION

Hay una cosa que jamás entenderé, y es la manía de alargar los blockbusters hasta una duración que acaba resultando realmente extenuante. Buena prueba de esto estaba precisamente en la tercera entrega de la saga; Transformers: El lado oscuro de la luna. Aquella era una película de 2 horas y 40 minutos de duración, que se hacía eterna. Curiosamente la última hora de la película me parecía magistral, la mejor muestra del frenetismo de Bay elevada al cubo en una batalla en Chicago, que no estaba solamente magistralmente contada y espectacularmente mostrada, sino que además era una parte de la película que podría haber funcionado perfectamente como película independiente, una película concisa, directa al grano, y que contaba con un desarrollo, un nudo y un desenlace que podrían haber sido más que suficientes. Y sin embargo, El lado oscuro de la luna, me pareció una película realmente mala, ¿por qué? Porque para llegar a esa estupenda hora final que defiendo a capa y espada había tenido que sufrir antes otros 90 minutos agotadores, aburridos y que sencillamente no necesitaba.

Podríamos decir que a La era de la extinción le ocurre justo lo contrario que a El lado oscuro de la luna, aunque no sería del todo justo, pero si bien es cierto que lo que al principio comienza siendo divertido acaba arruinándose por extenuación. Podríamos afirmar que ésta es la entrega de Transformers que al menos, en apariencia, va bastante más al grano desde el principio. Los actos se sitúan justo después de la batalla de Chicago, unos pocos robots quedan con vida y el gobierno les busca para deshacerse de ellos. Uno de ellos, acabará en el garaje de Mark Whalberg, y bueno, ya se imaginan cómo sigue la cosa. Y sí, desde el principio la película resulta divertida, y sin lugar a dudas, el cambio de Shia Labeouf por Whalberg hace que la cosa mejore y mucho, porque Labeouf era un tipo más bien sosete, sin embargo, Whalberg es un actor de gran carisma, de esos que llenan la pantalla con su simple presencia, y que recuerda bastante a los Will Smith, Bruce Willis o Nicolas Cage con los que Bay realizó sus mejores películas.

Pero su problema es sencillamente que no puedes mantener una película de tres horas de duración a este ritmo, siendo justos, ni siquiera una película de dos horas se puede sostener en continúas escenas de acción por contundentes que éstas sean. Sobre todo si cuando una vez que éstas empiezan, lo cual ocurre muy pronto, eres incapaz de meter un solo momento de descanso. No importa la predisposición a disfrutar que muestres, y lo rápido que ésta te invita a formar parte de la función. Hay un momento hacía la mitad de la película donde de repente el espectador siente que el mundo se le echa encima, la película empieza a ser realmente agotadora, su insistencia en recaer en el exceso continuamente, borrando todos los límites, produce una sensación de extenuación en el que la película se alarga y se alarga y nunca parece terminar. Justamente en todo este letárgico final se produce un breve receso de tanto robot y explosiones, con una pelea cuerpo a cuerpo entre Mark Whalberg y Titus Welliver que es el único en el que se vuelve a sentir, aunque sea por un breve lapso de tiempo, que la película es realmente divertida.

TRANSFORMERS: AGE OF EXTINCTION

Citar este momento también hace evidente que el cambio de protagonista es sin lugar a dudas el gran acierto de La era de la extinción, puesto que Whalberg ofrece unas cualidades para el cine de acción que no podría ofrecer Labeouf. Pero el cambio de actor no es suficiente cuando los errores de las anteriores se vuelven a repetir otra vez y hace que acabemos realmente hartos de estos montones de chatarra intergaláctica a los que da ganas de meter una patada para que no vuelvan a aparecer por nuestros cines. Es posible que si tienes menos de quince años disfrutes a lo loco con este show sin parangón que ofrece Michael Bay, pero para un adulto es prácticamente imposible, y es que pocas veces había salido de una sala de cine tan cansado física y mentalmente como lo hice cuando vi Transformers: La era de la extinción, más contundente que correr la maratón de Vallecas, de eso, que no quepa duda.

Ficha técnica:

Título original: Transformers: Age of Extinction Director: Michael Bay Guión: Ehren Kruger Música: Steve Jablonsky Fotografía: Amir Mokri Reparto: Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Sophia Myles, Victoria Summer, T.J. Miller Distribuidora: Paramount Pictures Fecha de estreno: 08/08/2014