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Receta para un cóctel: un ladrón que acaba de salir de prisión, un diamante de gran valor y una joven encargada de subastar dicho diamante. Lo aderezamos con un poco de tensión sexual, algún giro de guión (in)esperado y engaño, mucho engaño. Agitamos bien y servimos The last diamond de Eric Barbier, una clásica historia de robos que hemos visto un sinfín de veces. Y como pasa con las bebidas clásicas, siempre sientan bien pero a veces te vendría mejor algo diferente. En esta ocasión, Simon (Yvan Attal) recibe el encargo de robar el “Florentino”, un diamante de 137 quilates y valorado en 40 millones de euros que pronto será subastado. Como es imaginable, es el golpe de su vida, su billete dorado a la jubilación. Como también es imaginable, para que el golpe triunfe debe ganarse la confianza de Julia (Bérénice Bejo), comisaria de la subasta.

Retomando la metáfora del cóctel, una receta clásica a veces recibe un toque de autor para darle un plus. Los fans del gin-tonic lo saben perfectamente, el típico combinado de ginebra, tónica y un poco de pepino ha derivado en una cascada de recetas diversas que han sumado al juego canela, fresas, unas bolitas oscuras que-Dios-sabe-qué-demonios-son, y otras tres o cuatro decenas de ingredientes diferentes. ¿Qué tiene que ver el alcohol y los cócteles con esta película? Pues absolutamente nada, salvo que da para un fantástico juego de beber: chupito por cada tópico que aparezca en la película. Eric Barbier conoce la receta que tiene entre manos, pero renuncia a darle su toque personal y le ha quedado una película tópica, fría y bastante impersonal, aunque con una buena factura técnica.

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Casi todo se ve artificial en The last diamond, muy mecánico. Han engranado perfectamente la maquinaria para un resultado final bello técnicamente, pero estéril. Por poner un ejemplo, el uso de la música a veces es demasiado simplista y descarado, reforzando ciertos compases de la película de una manera exagerada, rozando el absurdo. También es justo reconocer que cuando la cinta lo necesita, el aspecto técnico acompaña y el robo de la joya es impecable, aunque la narración en algunos momentos es apresurada y lo que gana por un lado lo pierde por el otro. Tanta irregularidad golpea la línea de flotación de la película convirtiendo todo el artificio creado alrededor en un extraño pastiche de arquetipos y tópicos. El problema de ir con el piloto automático es que el resultado no deja de ser una película de fácil digestión.

Incluso los dos actores protagonistas, que no terminan de compenetrarse, lucen correctamente en esta película con papeles más comedidos que les permiten fraguar buenas interpretaciones sin correr demasiados riesgos. Y esta falta de riesgo a la vez es el mayor problema de la película. No se ha salido de la zona de confort y se ha rodado una historia de robos convencional, un viejo conocido tan familiar que podemos avanzar gran parte de lo que pasa. Incluso los giros de guión no cogen por sorpresa. Una pena porque apenas aporta nada nuevo y es tan distante que el espectador apenas puede empatizar con ella. En definitiva, The last diamond no hace justicia a anteriores películas del género, pero se deja ver y puede ser una alternativa ligera y entretenida para el verano.

Ficha técnica:

Título original: Le dernier diamant Director: Eric Barbier Guión: Eric Barbier y Marie Eynard Música: Renaud Barbier Fotografía: Denis Rouden Reparto: Yvan Attal, Bérénice Bejo, Jean-François Stévenin, Antoine Basler, Jacques Spiesser, Annie Cordy Distribuidora: Alimpro Films Fecha de estreno: 14/08/2014