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Nadie duda que el periodismo es una profesión de suma importancia. Como todo, tiene sus variantes buenas y malas, pero se trata de una práctica sin la que el mundo no podría funcionar, un trabajo esencial para que la sociedad evolucione de manera continua. Expresándolo de manera breve, se podría decir que el periodismo es la ventana por la que decidimos o no asomarnos para tomar consciencia de la realidad. Y como en la vida no todo es felicidad y esplendor, a veces puede no gustarnos lo que vemos a través de esa ventana.

La última película de Erik Poppe, Mil veces Buenas Noches, retrata el mundo del reporterismo de guerra mostrando esa importancia que va intrínseca al periodismo social. A través de una familia en decadencia, Poppe nos presenta temas tan relevantes como la necesidad de que existan profesionales en zonas conflictivas por las que el mundo apenas se interesa (de manera consciente o inconsciente), de la imposibilidad, en algunos casos, de compaginar vida personal y profesional y de lo difícil que es dejar a un lado aquello por lo que se siente devoción, por aquello que se lleva dentro y que no se puede reprimir por mucho que se intente. Todo lo que tiene que ver con el periodismo en Mil veces Buenas Noches está tratado con gran acierto y, cuando la cinta flojea por incluir conflictos familiares trillados y ligeramente edulcorados, Juliette Binoche sale al rescate con una actuación poderosísima.

Mil veces Buenas Noches es, sin lugar a dudas, la película más importante que ha realizado hasta la fecha Poppe. Aunque siendo realistas, esta película no llega a las carteleras españolas por su imponente calidad (porque tampoco es una maravilla), ni porque la dirección de Poppe sea de escándalo. Esta cinta se ha colado entre los estrenos porque Juliette Binoche y Nikolaj Coster-Waldau están detrás de los personajes protagonistas. Hoy por hoy sus nombres consiguen atraer a la gente a las salas: Binoche ha demostrado a lo largo de los años que es una grandísima actriz y Coster-Waldau… Bueno, es el Matarreyes (y siempre lo será).

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Aunque además del reparto, la dirección de Mil veces Buenas Noches es muy correcta. Poppe maneja muy bien las escenas más intensas y la confianza y sensibilidad que muestra a la hora de abordar determinadas situaciones es, para una servidora, merecedora de halagos. Su filmografía la completa una trilogía (Schpaaa (1998), Hawaii, Oslo (2004) y Aguas turbulentas (2008)) que en España no hemos llegado a catar, aunque si nos guiamos por su recepción, parece que sirvió al noruego para crecer como cineasta. En Mil veces Buenas Noches, Poppe presenta un trabajo muy digno en el que demuestra que tiene buena mano para esto del cine (aunque Binoche sea, siendo objetivos, el punto fuerte de la cinta).

Mil veces Buenas Noches nos cuenta la historia de Rebecca, una de las mejores fotógrafas de guerra del mundo. Al regresar a su casa tras ser herida gravemente en Kabul, debe enfrentarse a una tremenda tormenta emocional cuando su marido rehúsa seguir soportando la peligrosa vida que lleva. Tanto él como sus dos hijas necesitan a Rebecca y le dan un ultimátum: su trabajo o su familia…La elección parece obvia.

¿Por qué empezaste a hacer fotografías de guerra?”, pregunta Steph a su madre en un (raro) momento de complicidad entre ellas. “Por rabia”, responde ella. Una rabia que le llevó a coger la cámara de joven y que muchos años después aún se mantiene viva en su interior, recordándole cuán importante es lo que hace. Para la protagonista de la cinta de Erik Poppe la fotografía no es únicamente un medio de trabajo, todo lo contrario, para ella la fotografía es una manera de canalizar emociones violentas, casi incontrolables, una forma de revelar su incomprensión hacia determinados asuntos que acaecen en el mundo. Aunque curiosamente contemplar sus instantáneas provocan ese sentimiento del que ella consigue desvincularse al realizar cada disparo. Porque la fotografía en particular y el material audiovisual en general es el que consigue que entendamos una realidad que nos resulta muy lejana pero de la que al menos debemos tener constancia. Obviamente las personas que ostentan el poder, las que mueven los hilos del mundo con engaños, prefieren el desconocimiento o, en su defecto, el conocimiento parcial o manipulado de algo. Por eso es importante que existan profesionales (y existen, aunque a veces no les dejen pronunciarse) como los que retrata Poppe en esta película, porque no en balde se dice que una fotografía vale más que mil palabras, y es que la fotografía puede dar fe de situaciones y conseguir avances que cualquier otro medio no.

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En este sentido, Mil veces Buenas Noches da en clavo al mostrar todo lo que muestra, porque sí, puede que todo eso ya lo sepamos, pero siempre viene bien que nos los recuerden de una manera tan eficaz. Porque sin ser éste el asunto principal de la cinta de Poppe, el mensaje está claro, y todo espectador dispuesto a indagar más allá de la trama familiar se dará cuenta de que está ahí y de que tiene un gran valor. La película del noruego trata sobre la crisis interna que azota al personaje Juliette Binoche, que se ve incapaz de elegir entre su familia y su trabajo, y aunque es precisamente ahí donde el largometraje falla algo más, la contundente actuación de Binoche, que muestra el dolor, la rabia y la incertidumbre que asolan a su personaje con un realismo que acongoja, suple todas las carencias (argumentales) que surgen en este punto.

En Mil veces Buenas Noches el espectador acompaña a la familia protagonista por un camino que tiene como destino la resignación, y aunque habrá quien vea un exceso de sensiblería en eso, para quien escribe esto no es más que un puñetazo de madurez que es perfectamente plausible teniendo en cuenta el desarrollo de la historia. Poppe parte de ese conflicto familiar para dar cuenta del valor del periodista y de su trabajo, y lo hace con solvencia, sin titubear y echando mano de una grandiosa actriz como Binoche siempre que lo necesita. 

Ficha técnica:

Título original: Tusen ganger god natt (A Thousand Times Goodnight) Director: Erik Poppe Guión: Erik Poppe, Harald Rosenløw-Eeg Música: Armand Amar Fotografía: John Christian Rosenlund Reparto: Juliette Binoche, Nikolaj Coster-Waldau, Maria Doyle Kennedy, Larry Mullen Jr. Distribuidora: Golem Distribución Fecha de estreno: 08/08/2014