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El cine puede ser un medio perfecto para reflejar las penurias y calamidades humanas. Directores con la pericia suficiente han sido capaces de erigir, a través de su cine, discursos críticos sobre determinadas cuestiones sociales que nos abruman hoy en día. Porque está claro que el cine puede ser un arma (desde el punto de vista metafórico) y que si se usa con inteligencia puede reflejar realidades de manera muy fidedigna y efectiva.

En Un toque de violencia, Jia Zhang Ke elabora uno de esos retratos que mencionaba antes. Apoyándose en un contexto que ahora más que nunca ayuda a construir discursos cada vez más ácidos e ilustrativos, el director chino da forma a una historia episódica que constituye una visión pesimista y a ratos espeluznante de la China contemporánea.

Esta crudísima película llega a nuestras salas después de haber pasado (con éxito) por diversos festivales internacionales. Del Festival de Cannes del pasado año Zhang Ke se llevó el premio al Mejor guión y aunque la película del chino no pudo alzarse con el galardón, también estuvo presente en la categoría a Mejor película extranjera en los Independent Spirit Awards. Y después de “sufrirla” no me resultan exagerados estos reconocimientos, porque aunque la película tiene fallos de ritmo, lo cierto es que Zhang Ke éste sigue demostrando que, hoy por hoy, es uno de los mejores directores chinos.

Un toque de violencia gira en torno a una pequeña parte de la vida de cuatro personas: la de un minero indignado que se rebela contra la corrupción imperante en su pueblo, la un emigrante que vuelve a casa para Año Nuevo y descubre las infinitas posibilidades de un arma de fuego, la de una recepcionista de una sauna que llega al límite cuando un cliente rico la agrede y la de un joven obrero va de trabajo en trabajo intentando mejorar su vida.

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En Un toque de violencia se nos presenta la trágica historia de estas cuatro personas. Cuatro individuos a los que la sombra del gigante económico les destruye la vida lentamente, sin prisa pero sin pausa, arrastrándoles a límites que ningún ser humano imagina que pueda llegar a rebasar. A todos ellos les mueve la desesperación, la ira y el ansia de justicia, y todos ellos comparten un destino fatal. Aunque lo más perturbador de la cinta es que no se trata enteramente de una obra de ficción, no es una exageración de la realidad sino una adaptación (libre) de la misma, porque lo que se muestra aquí ocurrió en la vida real.  Cuatro personas, a los que la comunidad china puso nombre y apellido tras sus actos, se vieron en una situación parecida a la que se relata aquí, y las cuatro cometieron los actos de violencia extrema que con tan buena mano muestra Zhang Ke en su película. Y son precisamente esos momentos de violencia los que te golpean con más contundencia, no por lo dureza con la que se muestran sino por lo que hay detrás, por los sentimientos que llevan a los personajes a hacer tales cosas. Aunque realmente no importa si Un toque de violencia se apoya mucho o poco en realidad porque el director chino consigue transmitir a la perfección lo que pretende.

De una manera muy particular Un toque de violencia nos muestra cómo un pequeño grupo personas se derrumban ante un mundo que trata muy mal a sus habitantes. Un mundo presidido por un poder corrupto e interesado que pone en último lugar, a pesar de lo que digan, a los ciudadanos. A través de cuatro historias Zhang Ke nos habla de la corrupción, los problemas laborales a los que tienen que enfrentarse los jóvenes en China, las constantes humillaciones a las que se ven sometidas las mujeres y la crueldad derivada de la ignorancia y credulidad de muchos ciudadanos.

El primer episodio, en el que se nos cuenta la historia del minero Dahai, Zhang Ke hace reflexionar al espectador sobre la egolatría de los poderosos. En este fragmento de la película, sin duda el mejor de todos, vemos cómo un hombre intenta por todos los medios que la justicia impere en la manera de actuar de esta élite. Pero Dahai se tropieza con algo que no nos resulta extraño a nadie: la evasión. El episodio protagonizado por este minero es el que transmite de manera más clara su mensaje, y también el que mejor pone sus cartas sobre la mesa. Porque cuando Dahai, escopeta al hombro, responde “animales” a la pregunta “¿qué vas a cazar?”, no hace falta que sepamos más… Ya sabemos todo lo que necesitamos saber.  

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Y aunque al resto de episodios (no quiero considerar Un toque de violencia una película de historias cruzadas porque, a excepción de algún que otro momento, el nexo de unión me parece demasiado débil) le perjudica algo más el ritmo pausado que se gastan la mayor parte de los directores orientales que hacen este tipo de cine, la película de Zhang Ke sigue siendo un producto eficaz, porque aunque no se trata de la película más hipnótica que hayamos podido ver, la alternancia entre la quietud de la cotidianidad y la violencia de los desenlaces de cada fragmento, sí que consigue que quedes pasmado delante de la pantalla (esto último refleja muy bien la desesperación que impera en cada uno de los actos violentos ya que se pasa de la tranquilidad al éxtasis en un brevísimo periodo de tiempo).

La película de Jia Zhang Ke no anima a pensar que un futuro mejor está por llegar. No. El presente que vivimos es un momento desalentador, sin ilusión, en el que el ser humano responde de manera desesperada a situaciones desesperadas. Y en el que estamos lejos de lograr un cambio. Un toque de violencia sólo nos habla de cuatro historias, de cuatro vidas, pero en verdad trata sobre una nación, China, y sobre un mundo, la Tierra, en el que, evidentemente, algo funciona mal y hay que cambiar. 

Ficha técnica:

Título original: Tian zhu ding (A Touch of Sin) / Ciqing shidai (The Age of Tattoo) Director: Jia Zhang Ke Guión: Jia Zhang Ke Música: Giong Lim Fotografía: Yu Likwai Reparto: Jiang Wu, Meng Li, Lanshan Luo, Baoqiang Wang, Jiayi Zhang, Tao Zhao Distribuidora: Golem Distribución Fecha de estreno: 25/07/2014