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Amores imposibles, mundos que colisionan, gente distinta, extraña, diferente. Sí, diferente, esa barrera de la diferencia, esa barrera a levantar de los prejuicios, siempre tan odiosos, tan crueles y tan inevitables. Desde que el mundo es mundo los prejuicios existen, eco de ello se ha hecho la sociedad, cuando dos valientes se atreven a saltar la frontera de los prejuicios deben de aprender a vivir con el dedo señalándoles, riéndose de ellos, por diferentes. Por retar al mundo. A veces, sin darse cuenta, ellos mismos, que saltan al vacío, se señalan a sí mismos, sin darse cuenta, creyéndose más fuertes que los prejuicios, pero no, están ahí. Quizá la muestra más clara de los prejuicios en una relación sentimental fuera la que hizo Stanley Kramer en la valiente Adivina quién viene esta noche. Valiente, sí, porque creó esa película en plena revuelta por los derechos de los ciudadanos de color en Estados Unidos, en los tiempos de Martin Luther King y Malcolm X y se atrevió a mostrar como algo normal que una chica blanca llevase a su casa a cenar a su nuevo novio, de color, por supuesto, para escándalo de sus padres que no entendían aquello, una vez más, prejuicios, como siempre ellos tan inevitables.

Pero han estado ahí siempre. Podemos remontarnos más allá en la historia del cine, e irnos a los anales del cine, cuando el que prácticamente fue el creador de este Séptimo Arte que tanto amamos realizó Lirios Rotos hace ya más de 90 años. De nuevo el amor tratando de saltar los prejuicios, como aquella de Kramer, debidos a la raza, ahí era una joven chica la que tenía que vivir su idilio con un joven chino en el mayor de los secretos. ¿Quieren viajar más allá? ¿Acaso en cierta forma no hablaba Shakespeare de lo mismo en Romeo y Julieta trasladando la diferencia a la familia? Una diferencia tan diferente (o tan igual) como cualquier otra. ¿Y no tenían mucho que ver los celos que Yago inculcaba en Otelo con la raza de este mismo?

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Y ahí están las diferencias, una vez más. En un mundo que ha asumido casi con total normalidad que dos personas de distinta raza pueden amarse. Que dos personas del mismo sexo (mismo, pero diferente) también pueden amarse, no quiere decir que las diferencias no existan. Y ahí están, siempre presentes, ridículas, totalmente insalvables. Corazón de León, la nueva película del realizador argentino Marcos Carnevale, habla de este tema tan manido pero igualmente tan actual, tan insalvable. Corazón de León cuenta el romance entre un hombre de baja estatura y una mujer de estatura normal. Él es posiblemente la persona más normal de todos los personajes que conviven en la película, pero su estatura le hace ser el más diferente. El que es apuntado con el dedo, el que produce risa. Y ella no sólo debe evitar esa barrera de prejuicios tan inevitable, si no aceptar su relación con la misma normalidad que lo hace él, tratando de hacer oídos sordos a cada comentario, a cada burla.

Corazón de León es una película que he visto muchas veces, hay poco de ella que me sorprenda, que no me suene a manido, que no me haga verla como cualquier película indie norteamericana, sólo que esta vez rodada en el país gaucho. Aún así hay ideas que me seducen especialmente en su inicio y en lo que respecta a la presentación de León, el personaje al que da vida el cómico Guillermo Francella. Él acaba de encontrar un teléfono móvil, así que decide llamar a su dueña para concretar una cita y devolvérselo. En esta primera escena, en la que todo es un excelente juego de planos perfectamente combinados, jamás llegamos a ver cuál es el “problema” físico que tiene que atravesar León, es lógico, puesto que para él no es ningún problema, aunque los demás hayan hecho de ese problema una losa con la que tiene que vivir y superarse continuamente a sí mismo. Durante toda esta larga secuencia de apertura, sin embargo, a lo que asistimos es a una fantástica seducción por su parte, tirando siempre de esa labia tan argentina y de un audaz sentido del humor. No sólo es una llamada que seduzca a su partenaire, sino que también seduce al espectador. Algo que hace aún mucho mayor el golpe de efecto que produce ver la entrada de este en escena.

Pero son ideas puntuales, muy bien llevadas, las que llegan a sorprender. Lo cierto es que como apuntábamos anteriormente, nada en la película va por caminos que el espectador no conozca, la relación es simplista al máximo, y aunque los problemas morales que puede presentar para la protagonista la estatura de su nuevo amado, así como los comentarios que éste debe de superar estén plasmados a la perfección, nada impide que Corazón de León sea simplemente una película que se ve con particular agrado.

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Pero hay algo, más allá de su argumento que si llega a resultar incluso molesto en ella. No tiene mucho sentido realizar esta película con un actor de estatura normal, si antes hacíamos las comparaciones de la película con una cinta indie americana, no es difícil dejar de pensar en el carisma y la realidad que Peter Dinklage podría aportar a un personaje como éste. Pero aquí se opta por una opción cobarde que además va en contra de lo que la película denuncia. Francella es un gran actor, pero resulta estúpido verle en pantalla con efectos visuales que resultan bastante cantosos y una colección de ángulos y planos imposibles que siempre se ven completamente forzados. Es como si la propia película hubiera sido incapaz de sortear las diferencias que ella misma intenta denunciar. Una película no tan diferente.

Ficha técnica:

Título original: Corazón de León Director: Marcos Carnevale Guión: Marcos Carnevale Música: Emilio Kauderer Fotografía: Horacio Maira Reparto: Guillermo Francella, Julieta Díaz, Jorgelina Aruzzi, Nora Cárpena, Mauricio Dayub, Nicolás Francella, María Nela Sinisterra Distribuidora: Wanda Vision Fecha de estreno: 18/07/2014