Apocalypse Now 3

Vemos la pantalla en negro y oímos el sonido de un helicóptero distorsionado. Unos segundos más tarde le acompaña la guitarra de The End de The Doors. Aparece la imagen de una selva mientras oímos al helicóptero acercarse y lo escuchamos cada vez más cerca. Vemos al helicóptero pasar, y acto seguido, mientras Jim Morrison canta “This is the end”, la selva arde ante nuestros ojos, infestada de fuego y destrucción. Poco a poco, vemos cómo van apareciendo esos verdes ojos de Martin Sheen mirando hacia arriba, y las aspas del helicóptero convertidas en el ventilador del techo. Con uno de los mejores inicios de la historia empieza Apocalypse Now.

El Capitán Willard (Martin Sheen) vive obsesionado por la guerra y desea volver a luchar, cuando le encargan una misión de alto secreto por su historial militar. Su misión es matar al Coronel Kurtz (Marlon Brando), un coronel con un expediente militar excelente, pero que ha enloquecido y ha formado un ejército de personas de la tribu Montagnard que le adora como un Dios. Ha de remontar un río hasta llegar a Kurtz con la ayuda de un grupo de soldados que desconocen su misión: Clean (Laurence Fishburne), Chief Philips (Albert Hall), ‘Chef’ (Frederic Forrest), y el surfista Lance B. Johnson (Sam Bottoms). Durante el transcurso de la misión, el Capitán Willard irá recibiendo informes sobre Kurtz que le harán dudar de su misión y de si el coronel está tan loco como le dicen… Hay partes del film en la que el propio Willard es narrador de la historia, explicada como una confesión. Cabe comentar que la película es la adaptación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, ubicada durante la Guerra del Vietnam.

La ascensión del río se convierte en un perfecto y caótico descenso a los infiernos de la guerra. Cuanto más avanza la película, más se adentran en el averno, en el círculo dantesco. La tripulación del bote, casi todos soldados inexpertos o jóvenes, creen estar preparados para el combate y actúan como si estuvieran de vacaciones. Esto se ve reflejado en Lance cuando surfea cogido al bote, o cuando llegan al espectáculo Playboy… El punto de ruptura aparece en la escena del registro de un bote vietnamita, cuando vemos quién realmente está concienciado para la guerra (Willard), y quién no. Definitivamente, no son más que soldados inexpertos con miedo que pretenden ocultar, pero que les induce a la locura que el conflicto genera. Lo ocultan ya sea con prepotencia o escapando de la realidad con drogas.

La selva vietnamita se convierte en el peor enemigo de las tropas americanas, y es que eso pasó realmente durante la contienda. Por mucho que los soldados americanos lanzasen napalm, los soldados vietnamitas atacaron ocultos desde los árboles y ganaron. Este dominio de la selva se ve especialmente en una escena en la que el bote es atacado. También vemos reflejado este caos de la guerra cuando el bote llega al puente de Do Jung, donde un grupo de soldados luchan deseando salir de allí, y no tienen a nadie al mando.

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El Capitán Willard, a diferencia de la  libra dos guerras: la vietnamita y la guerra psicológica en su interior por dudar de si Kurtz es un loco psicópata como le han informado, o si tiene sentido lo que ha hecho. El Capitán solo piensa en su misión, e intenta preparar su conciencia para lograrla con éxito. Esto se ve reflejado con el correo que llega a la tripulación: mientras que a todos les llegan cartas familiares, a Willard le llegan informes de misión.

Los cuarenta minutos finales son de éxtasis. Llegamos finalmente al campamento del Coronel Kurtz, y lo que nos depara es terror en estado puro. Nos acabamos topando con Kurtz, que allí es considerado un profeta, un poeta, un Dios absoluto. Al igual que lee poesía mata sin piedad. Es un hombre que ha cortado todo prejuicio con la sociedad, con su familia y consigo mismo. Todo esto estalla en la escena clave en la que monologa sobre el horror. Expone que un soldado debe hacerse amigo del horror y el terror moral, así se convierte en el soldado perfecto, alguien con ética, pero a la vez salvaje y despiadado que es capaz de usar sus instintos primarios. Un soldado sin prejuicios morales y sin compasión. Esto hace preguntarse a uno mismo hasta dónde puede llegar la inconsciencia humana y el terror infligido por un ser humano.

Aunque el Coronel haya logrado un ejército de soldados “perfectos”, realmente se arrepiente de haber cometido tal acto y se odia a sí mismo pese a que siga realizando esa labor. Él sabe que morirá, y prefiere morir como un profeta sabio y con fama que siendo un viejo soldado al que le consideraban loco. Así llegamos al increíble enfrentamiento final de Willard con su destino, al ritmo de The End, si la primera parte de la canción daba inicio al filme, ahora le da un desenlace con la segunda parte.

Técnicamente, la película roza la perfección. La dirección de Coppola es una maravilla que nos proporciona escenas magníficas como el inicio ya comentado, la escena en la que el ejército aéreo ataca con La cabalgata de las valquirias de Wagner de fondo, la aparición del Coronel Kurtz o el espléndido final. Incluso el propio director tiene un cameo en el film, rodando para la televisión mientras les dice a los soldados que no se paren ante la cámara y sigan avanzando. La fotografía de Vittorio Storaro está magníficamente trabajada. La banda sonora, aparte de contener temas de The Doors, The Rolling Stones o Wagner, Carmine Coppola y Francis Ford Coppola logran temas que perturban la mente del espectador y le remueven la conciencia, a la vez que se le pone la piel de gallina.

Las actuaciones son impactantes a nivel general, aunque hay tres actores que destacan por sí solos: Martin Sheen, Marlon Brando, y Robert Duvall en el papel del teniente coronel Kilgore. Sheen realiza (la que posiblemente es) la mejor actuación de su carrera. Brando nos regala un papel memorable como Coronel Kurtz, y nos produce ese terror del que tanto habla. Y Duvall interpreta a un personaje algo controvertido, aunque carismático y divertido: un líder de guerra al que le encanta el surf, que no teme a la guerra y al que le gusta el olor a napalm por la mañana. El guión de Coppola y John Milius es una genialidad, dando lugar a frases que han pasado a la historia del cine: “El horror”, “Me encanta el olor a Napalm por la mañana” o Kilgore diciendo que: “Charlie don’t surf!”.

ApocalypseNow

En 2002 Coppola reestrenó comercialmente la película en el formato Redux, con 49 minutos adicionales de película. Escenas como el encuentro con los franceses o las chicas playboy en el helicóptero son de esa versión. La película sigue siendo una maravilla, pero es algo más pesada, y las secuencias añadidas son innecesarias. Gracias a eso, hoy en día es difícil encontrar la versión original, ya que los DVDs se suelen editar la versión Redux. Un servidor recomienda que primero se (intente) ver la versión de 1979, y luego la Redux para poder comparar.

Apocalypse Now ganó la Palma de oro del Festival de Cannes en 1979, y fue nominada a 8 Oscars, de los cuales ganó dos: mejor fotografía y mejor sonido. También ganó 3 Globos de oro (mejor dirección, banda sonora original y actor secundario para Duvall), y el premio de Mejor director extranjero de los galardones David di Donatello.

Este redactor recomienda efusivamente esta obra maestra absoluta a aquel que no la haya visto, pues es una sus películas favoritas y solo tiene elogios para ella. Todo el que la vea se embarcará en un oscuro y tenebroso viaje hacia el infierno y el horror que se esconde tras la selva vietnamita.