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Desde que Love Story abriese la veda en 1970 con un trágico romance sentenciado por la leucemia de su protagonista, el cine romántico ha encontrado un filón en los romances marcados por la enfermedad. Hemos visto romances afectados por el párkinson en Amor y otras drogas, por el alzhéimer en El diario de Noa o A momento to remember, la amnesia en Todos los días de mi vida, incluso recientemente vimos tratar el SIDA (de manera totalmente desafortunada) en Por un puñado de besos y el cáncer volvió a atacar en Un paseo para recordar y ahora lo vuelve a hacer, y por partida doble (a sus dos protagonistas) en Bajo la misma estrella. La película que está basada en un libro de John Green se convirtió en un auténtico fenómeno cuando fue publicada, y su estreno en salas no ha hecho más que repetir ese mismo boom. Un éxito, que por otro lado me resulta hasta lógico, las grandes historias de amor siempre han vendido, nos volvemos a remitir a Love Story y las legendarias colas en los cines Gran Vía cuando se estrenó. Sí, qué lejano nos suena ya eso a una película dirigida a una generación que no habrá oído hablar de la película de Arthur Hiller y que ,sin embargo, no habría existido jamás sin la presencia de aquella otra.

Pero hay mucho más que explica el éxito de Bajo la misma estrella. El fenómeno del año es indudablemente una buena película, una película que al mismo tiempo es honesta y manipuladora de manera completamente inteligente. La película nos cuenta la historia de dos muchachos enfermos de cáncer, en ella existe un halo de cinismo hacia la vida, sabe que su vida es una sentencia a muerte que está condenada a vivir, su tiempo está contando y pese a que ha logrado inesperados progresos, lleva desde los 13 años palideciendo ese castigo. Él, sin embargo, ha utilizado el cáncer como un mecanismo de autodefensa. La enfermedad le hizo perder una pierna, pero ahora se está recuperando, y ve eso como un auténtico regalo, una segunda oportunidad de vivir. Sus mundos pronto chocarán cuando se conozcan, haciéndoles vivir un idílico romance donde la enfermedad jamás será un lastre, si no la forma que usarán ambos para enfrentarse a la vida.

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Lo primero, y lo que más me sorprende de Bajo la misma estrella, es la forma en que no se escuda en la enfermedad para crear el melodrama. Al contrario que en la mayoría de las películas anteriormente mencionadas, la enfermedad no se interpone nunca entre ellos, ambos son conscientes de su condición desde el inicio, eso les aporta una intensidad nueva para vivir, pese a los contratiempos que puedan aparecer, ninguno es tan trágico como el de la enfermedad no anunciada, no existe esa lucha entre ambos contra un enemigo que no pueden derrotar. Eso permite a la película, que además cuenta con un guión bastante lúcido, la licencia de ser capaces de ironizar con la enfermedad, de tratarla con un cinismo que hemos visto en obras enfocadas a un público más maduro como 50/50, pero que resulta bastante excepcional en una producción de este tipo. Esto además permite crear en la película una reflexión, bastante leve, pero no por ello menos interesante, sobre la visión de un adolescente sobre la muerte y que sabe llevar con inteligencia esa contraposición entre las ganas de vivir propias de la edad y la resignada aceptación de que ésta va a acabar antes de tiempo.

Pero si por encima de todo algo es Bajo la misma estrella es una historia de amor, un romance de esos que dejan huella y que como decíamos antes, es a través del cual se explica todo su éxito. Sería injusto simplificar la película como un drama manipulador, algo que efectivamente es, del mismo modo que lo era Lo imposible, a la que algunos le pusieron la vil etiqueta de prostitución sentimental. La película siempre tiende a enfatizar en los momentos de mayor peso dramático, pero lo hace de cara, sincerándose al espectador, guiándole con destreza, siempre invitándole a la emoción y nunca empujándole hacia ella. Y al final, es inevitable acabar emocionado continuamente en una obra que parece rebosar de una honestidad que no es tal, pero que pese a todo, consigue hacer que te creas que es cierta.

Josh Boone, que debutó con la floja Un invierno en la playa, se redescubre a sí mismo, llevando con máximo acierto hasta el límite una película con una estética indie (y que no lo es), pero que le sienta a las mil maravillas. Porque es capaz de darle a la película ese toque de cercanía y de retirar una capa de superficialidad que hace que la intensidad de la película aflore hasta el límite de la pantalla. Mucha culpa de ello la tiene también su joven pareja protagonista. Volvemos a ver aquí a la Shailene Woodley que nos deslumbró en Los descendientes y que demuestra que este tipo de papeles alejado de las heroicidades de Divergente se ajustan mucho más a su talento como actriz. Pero quien sorprende aún más es su compañero Ansel Elgort, con quien se entiende a la perfección. Elgort es un actor que da sentido a una producción como Bajo la misma estrella, su desparpajo y su carisma son los que hacen moverse a la película siempre en la dirección que él decide, es rey de la función, no sólo enamora a su compañera, si no que rápidamente consigue meterse al espectador en el bolsillo. Volviendo una vez más a Love Story (reiteración inevitable), Elgort guarda un increíble parecido físico impresionante con Ryan O’Neall, pero es como si al protagonista de Love Story le hubieran enchufado toda la energía que jamás tuvo, con esa cara de hombre en pena que aún hoy le dura.

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Se puede resumir rápidamente diciendo que Bajo la misma estrella es una película que evita ser muchas cosas, pero que sin embargo, acaba siendo todas ellas, bordeándolas con destreza para crear un producto lleno de vida. De una vida que parecía bastante perdida en la mayoría de producciones románticas de los últimos años, de la vampírica –y sin sangre- Crepúsculo, a las clónicas y (casi siempre) deficientes adaptaciones de las novelas de Nicholas Sparks. Amor, enfermedad y sí, tragedia, aunque tampoco quiera serlo, pero una vez más, inevitablemente, lo es, en una película inteligentemente labrada y realmente entretenida. Posiblemente sea la película más distinta que llegue desde Hollywood este verano, y sólo por eso merece la pena recibirla con una sonrisa de oreja a oreja y con las manipuladas pero también honestas, lágrimas en los ojos que inevitablemente provoca.

Ficha técnica:

Título original: The Fault in Our Stars Director: Josh Boone Guión: Scott Neustadter, Michael H. Weber Música: Mike Mogis, Nate Walcott Fotografía: Ben Richardson Reparto: Shailene Woodley, Ansel Elgort, Nat Wolff, Laura Dern, Sam Trammell, Willem Dafoe, Lotte Verbeek, Ana Dela Cruz, Randy Kovitz, Toni Saladna Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 04/07/2014