Este fin de semana llega a las pantallas Godzilla, la nueva adaptación del monstruo creado en 1954 por el japonés estudio Toho. Es la segunda vez que los americanos se acercan al mito japonés, después del éxito que en los años 50 tuvieron las versiones en inglés de las películas japonesas. Lo intentaron en 1998 con aquella lamentable película dirigida por Roland Emmerich dónde convertían al monstruo en algo así como en una iguana gigante y daban el protagonismo al sinsal de Matthew Broderick. ¿Conseguirán resarcirse de aquel desastre perpetrado hace ahora 16 años, por si acaso, no se han atrevido a acercarse a Cannes, dónde entonces se pre-estreno la película, llegando a ser considerada por algún crítico como la peor película que ha pasado por la historia del festival. Así que aprovechando el estreno de esta nueva versión, vamos a hacer un pequeño por 7 de los mejores monstruos del cine.

Gojira de Godzilla (1954)

Gojira

Nos referimos a él por su nombre en japonés, para que no quepan dudas de que nos referimos al original y aterrador monstruo de Toho. Su éxito fue arrollador, tanto que se mantuvo en las pantallas niponas (con un pequeño hiato entre mediados de los y 70 y principios de los 80) hasta 2004 con casi 30 películas.

El estudio Toho japonés llevaba tiempo buscando un monstruo para realizar una película, y dieron en el clavo. La película dirigida por Ishiro Honda era mucho más que una película de monstruos y era una crónica del miedo que se pasaba en Japón tras los ataques nucleares de la Segunda Guerra Mundial, un factor que por mucho que intenten en nuevas versiones, se perderá por completo.

King Kong de King Kong (1933)

King Kong

Otro que ha contado con múltiples versiones (e incluso llegó a enfrentarse a Godzilla) fue uno de los monstruos más míticos creados por la Universal en los años 30, la más reciente aquella megalómana y catastrófica que dirigió un Peter Jackson aún embriagado por su éxito con El señor de los anillos.

Lo que no conquistó de este orangután gigante de la isla de la Calavera era su maravillosa humanidad. Enamorado de esa mujer a la que le ofrecerán en sacrificio, como una bella metáfora de la bella y la bestia, la octava maravilla del mundo demostrará que en realidad él no es el monstruo. Ninguna de las versiones posteriores se acercó, lo más mínimo, a la fantástica película que dirigiesen Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack.

El tiburón de Tiburón (1975)

Tiburon

Un chaval llamado Steven Spielberg, que apenas había dirigido un par de películas cambió por completo el concepto del cine de entretenimiento a mediados de los 70. Considerado el primer blockbuster de la historia, lo cierto es que Tiburón es muy distinta a cualquier blockbuster que podamos ver ahora mismo, una obra mimada y cuidada hasta el último detalle.

Aquel Tiburón estaba omnipresente durante toda la película, sin que apenas lo viesemos en pantalla, es más, la primera referencia gráfica del monstruo la teníamos cuando la película se acercaba a la primera hora. Pero no hacía falta, porque el tiburón estaba por todas partes, la atmósfera era terrorífica, claustrofóbica (empujada por la icónica banda sonora de John Williams). Sí, era un monstruo que apenas veíamos, pero que nos hacía sudar más que al propio Roy Scheider.

La criatura de The Host (2006)

The Host

Si los japoneses tenían su propio monstruo con Godzilla, los coreanos, con su cinematografía recién despegada no querían ser menos, así llegó en 2006 The Host, una película que rápidamente se convirtió en la película más taquillera del país asiático y que además venía dirigida por un director con el talento de Bong Joon-ho, que venía de dirigir la excelente Crónica de un asesino en serie (y que esta semana ha llegado a las carteleras españolas con la fantástica Snowpiercer).

Al igual que pasó en su día con el Godzilla original, The Host era mucho más que una simple película con monstruos, de hecho, sin renunciar al terror tan característico del género Joon-ho elaboró una comedía negrísima con una sátira de la sociedad actual y su pánico colectivo a amenzas de las que se desconoce su origen, o si este peligro realmente existe. Todo esto llegó mientras que Estados Unidos buscaba en Irak esas armas de destrucción masiva que jamás aparecieron. Pues no, no era casualidad.

Predator de Depredador (1987)

Predator

Si algo se ha pedido en el cine actual han sido las películas de machos, ésas que en los ochenta funcionaban tan bien. Depredador es el mejor ejemplo de ello, con hombres rudos que mascan tabaco y sueltan frases tan contundentes como ese ya mítico “No tengo tiempo para sangrar”.

En Depredador el bicho venía del espacio y se metía de lleno en las junglas de plena América central para hacérselas pasar canutas a un grupo de guerrilleros. El problema para el bicho (que apenas le veíamos hasta el final de la película) es que no sabía que se tenía que enfrentar con el mismísimo Arnold Schwarzenegger que para acabar con el alíen de marras tendría que usar más la inteligencia que la fuerza bruta. Tuvo una segunda parte en la que el monstruo llegaba a causar el pánico de Danny Glover en medio de las guerras pandilleras de Los Ángeles, y varios encontronazos con Alíen, que es mejor olvidar.

El alíen de Alíen: El octavo pasajero (1979)

Alien

No siempre las amenazas vienen a la tierra, a veces vamos nosotros a ellas, es el caso de Alíen: El octavo pasajero, la mejor película que ha hecho nunca Ridley Scott (y que nunca se acercará a algo similar, por mucho que lo intente), y una de las mejores películas de terror de la historia de cine (y que nos dejó grabada en la retina la imagen de las braguitas de Sigourney Weaver).

Una vez más, el verdadero terror de la película procedía de no ver al bicho de marras durante la mayor parte de la película. Infiltrados, cosas chungas saliendo de la tripas de los tripulantes, pero ¿qué demonios estaba pasando? Pues que nos aterrábamos ante todo el mal rollo fulminante que tenía la película. Al final el monstruo se las tenía que ver con Sigour y claro, salía mal parado, pero no aprendía la lección, porque poco después volvía en Aliens, esta vez convertida en una divertidísima cinta de acción dirigida por James Cameron, y hasta otras dos veces más volvió para que David Fincher y Jean-Pierre Jeunet quisieran olvidar que nunca dirigieron aquello. También se pegó con Predator y hace bien poco, el propio Ridley Scott volvió en Prometheus a tratar de contarnos los orígenes del bicho, a muchos les espantó, pero aunque no se acercaba a la altura de la original, es lo mejor que el señor Scott ha dirigido desde Thelma y Louise.

El monstruo de Monstruoso (2008)

Monstruoso

Es sin duda la última gran película con monstruos que hemos visto (junto a la muy honrosa Pacific Rim), pero Monstruoso es mucho más que eso por lo que supuso en su día. El señor J.J. Abrams, que tonto no es que sea, produjo esta película en el mayor momento de éxito de la serie Perdidos, y se marcó una de las campañas de marketing viral más alucinantes (y de las primeras) que un servidor recuerda. Durante meses nos tuvo a todos pendientes de los múltiples vídeos e informaciones que se colgaban en Internet de una película sin título, cuya única referencia era 1-18-08, su fecha de estreno, vamos.

Y cuando llegó la película, pues moló y moló mucho. La imagen de la cabeza de la estatua de la libertad volando por las calles de Nueva York es uno de los mejores ejemplos de cómo no hace falta enseñar el monstruo para asustar al personal e impresionarle. Además la película fue rodada en el uno de los found-footages mejor justificados de tantas como nos han llegado, la huída incesante de estos muchachos que estaban simplemente de fiesta en una azotea de Nueva York, volvía a recuperar ese espíritu claustrofóbico de antaño, y es que sin apenas ver nada, nos quedábamos con la boca abierta. El final quedaba abierto para una secuela, que por ahora no hemos podido ver (y que no parece que vayamos a poder a hacerlo).

No os perdáis el tráiler de la nueva versión de Godzilla: