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El 17º Festival de Cine de Málaga está dando sus últimos coletazos, tristemente esto se acaba. Las proyecciones matinales del Teatro Cervantes han llegado a su fin, aunque aún nos queda ver la película de clausura que será en el Cine Albéniz: Una noche en el viejo México, de Emilio Aragón. Para el último día de pases de prensa en el Cervantes teníamos dos propuestas muy interesantes y esperadas, tan esperadas que tanto en la sesión de las 9 con Purgatorio como la de las 12 con La vida inesperada, el público ha sido bastante numeroso respecto a otros días en el festival.

La última jornada en el Cervantes daba comienzo con Purgatorio, thriller que supone el primer largometraje de Pau Teixidor y la única película de género, en el más estricto sentido de la palabra, presentada en la sección oficial. Purgatorio es un inquietante thriller psicológico con toques de cine de terror en el que vemos como Marta ha de hacerse cargo de Daniel, hijo de su vecina, por unas horas. El chico empieza a mostrar un comportamiento cada vez más raro, hasta llegar a decir que hay otro niño en el piso. 

La propuesta de Pau Teixidor es muy interesante de inicio, aunque da la sensación de que hemos visto esta película en otra ocasión. Teixidor dirige bien, pero escribe mal. El guión de la película es demasiado endeble, siendo su punto más bajo. Durante la mayor parte del film vemos básicamente escenas de portazos, cortes de luz y algún que otro sobresalto, pero sin ahondar en nada más. Solo en su recta final Teixidor parece querer dar algún tipo de sentido a su película, pero es tarde, solo prevalecen las escenas de tensión y suspense del tramo principal. Es por ello que Purgatorio no termina de ser una película novedosa o fresca y se queda como una más del género. Tampoco consigue la película transmitir esa sensación de pánico que parece que busca, solo provoca un poco de tensión y algunos sobresaltos, pero no termina de ser todo lo aterradora que, en principio, debía ser.

Oona Chaplin está muy correcta en su primer papel como protagonista, al igual que el joven Sergi Méndez en el papel del inquietante Daniel. El resto del reparto lo completan Ana Fernández y Andrés Gertrudix, que hacen papeles prácticamente testimoniales. La sensación que queda tras finalizar Purgatorio es que, sin ser una mala película, no ha aportado absolutamente al género, suponiendo una pequeña decepción. Película disfrutable y entretenida, pero fácilmente olvidable.

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Tras un parón de hora y media, llegaba el turno de una de las películas más esperadas de todo el festival: La vida inesperada. El film de Jorge Torregrossa nos narra la historia de Juan, un actor de teatro pluriempleado que recibe la visita de su triunfador primo. En los días que pasan juntos descubrirán que ni Juan es tan desgraciado como parece ni su primo es tan feliz. 

La vida inesperada es, sin duda, una de esas películas que crecen dentro de la cabeza del espectador con el paso del tiempo. Puede parecer una película sencilla, que lo es, con poco o nada que contar, pero lo cierto es que la cinta de Torregrossa es una maravillosa historia sobre el triunfo y el fracaso. Contada en clave de comedia dramática, la película nos habla de la amistad, del triunfo en la vida y del desencanto de la misma cuando las cosas no salen bien. Una fábula sobre un tipo que es feliz siendo un perdedor y otro que es un desgraciado teniéndolo prácticamente todo, algo absolutamente brillante. Es inevitable que la película recuerde, aunque sea vagamente, al cine de Woody Allen, especialmente Manhattan, a la que La vida inesperada dedica algún que otro guiño. Esa Nueva York tan idealizada por Allen parece querer ser trasladada a La vida inesperada con su particular toque español.

Jorge Torregrossa dirige bien la película, se muestra solvente tras las cámaras. Afortunadamente la nueva película del director alicantino nada tiene que ver con su ópera prima, la espantosa Fin. El guión de Elvira Lindo es absolutamente exquisito, uno de los mejores que han pasado por esta edición del Festival de Málaga. La fotografía y la banda sonora tampoco desentonan y refuerzan aún más esta genial pelícuña. Finalmente, Javier Cámara y Raúl Arévalo están soberbios, como de costumbre, compartiendo los roles protagonistas. Es especialmente loable el caso de  Cámara, que realiza una actuación para el recuerdo.

La vida inesperada puede dejar muchas sensaciones al acabar, pero es innegable que es imposible no poner cara de felicidad mientras se visiona. Es de esas películas que no te borran la sonrisa de la cara desde que empieza hasta que acaba. No es una comedia para reírse a carcajadas ni un drama para llorar a moco tendido, pero sí una película hecha para el disfrute y para conseguir una sensación de felicidad única.