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La llegada de las nuevas tecnologías a la vida cotidiana ha implicado inevitablemente el uso de estas con fines sexuales, ya sea buscar pareja online, el cibersexo o la pornografía. Debido a la corta edad de internet y la más corta edad aún del uso sexual de ésta, no hay muchas películas que retraten, como argumento principal o secundario un encuentro sexual obtenido mediante un chat online. Puede venirnos a la mente Shame, de Steve McQueen, pero ésta usa más la posibilidad de que el protagonista busque mujeres por internet para satisfacer su insaciable apetito sexual como excusa para desarrollar la historia que como parte importante de la historia en sí. Estamos por lo tanto, delante de una obra bastante novedosa en este aspecto y como veremos, extremadamente arriesgada en su ejecución, como explicaré a continuación.

Es ya arriesgada argumentalmente pues la historia narra el encuentro sexual de una pareja homosexual, interpretada por Nicolás Armengol y Carlos Echeverría con un chico notablemente más joven, Emiliano Dionisi y que es así, sin más, el argumento, desarrollado en unos escasos 70 minutos.

Y es este punto el que más temor me daba, podría ser simplemente una excusa para hacer una cinta con un alto contenido sexual con un endeble argumento como excusa pero su director Rodrigo Guerrero va (mucho) más allá y crea una de las cintas más honestas sobre el sexo y la soledad que he podido ver.

Aunque esta sensación tarda en llegar pues el mayor defecto de la película a mi parecer es un curioso comienzo en el que durante 15 minutos vemos únicamente una ventana de una conversación de un resucitado ‘Messenger’ (si, el famoso y difunto Messenger) entre el chaval, Fede, y la pareja gay en la que relatan en un lenguaje propio de estas citas, directo y verídico como se conocen y como deciden quedar. Son 15 minutos de conversación por chat que se me antojan excesivos y aunque es muy respetable que el director quiera darle este tono verídico creo que hacen que cueste entrar en la película y que, como he comentado en el anterior párrafo, te esperes lo peor.

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Una vez que el chaval va a casa de la pareja, todo da un vuelco inesperado. A lo largo de tan sólo una veintena de planos largos fijos se narra todo el encuentro sexual incluida la cena previa. Y es en esa cena, larguísima, rodada en dos planos donde la película adquiere la verdadera dimensión que tiene, pues los personajes hablan y hablan en una simbiosis casi hipnótica de los 3 actores que están brillantes. Y hablan de ellos con una desarmadora autenticidad, y es donde se observa mejor que nunca la soledad de Fede, un adolescente que sin que haga falta que se mencione se le percibe solitario, en una edad complicada, en una época complicada. Y sin que lo digan se percibe a una pareja que lleva mucho tiempo junta pero necesita de algo nuevo a pesar de tenerse incondicionalmente el uno al otro. Una lección magistral de honestidad, sincera, donde no hay nada más que tres actores y una conversación.

Y como el lector imaginará, la película se desarrolla previsiblemente hacia la cama. No es el fuerte de esta película la historia ni quiere serlo, y por lo tanto uno se imagina como discurre todo, de forma bastante previsible pero también secundaria. Es una cinta sobre la necesidad sexual también, y como ya mencioné hay una (larga) escena sexual, muy bien rodada igual, en planos fijos eternos que desprende bastante autenticidad, que no es provocativa por serlo sino que muestra el sexo como es, la necesidad y el ansia, la pasión y el dolor. Sin más, porque no hay artificios, no hay nada, sólo ellos de nuevo.

Y es muy arriesgada por no tener prácticamente posproducción, vemos lo que la cámara recogió, nada más; el director confía todo al trio actoral y estos le devuelven esa confianza con una química increíble. Es un manual de cómo hacer todo con nada, de como de la cosa más pequeña se puede conseguir algo grande. No se necesitan grandes nombres para hacer gran cine, se necesita talento, y esta cinta lo rebosa.

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