La Mosca

Nacho Cerdá se ha convertido en uno de los referentes más a tener en cuenta dentro del mundo de la distribución española. Lo que empezó siendo un pequeño proyecto eventual en Barcelona, se ha convertido en pequeñas citas obligatorias tanto en la ciudad condal como en la capital. Con sus Phenomena Experience ha recuperado el sabor añejo de las sesiones dobles de barrio, pero lo ha hecho con un cariño extraordinario, trayendo al público obras de culto, primero cine de los 80, ahora también grandes clásico del cine, y es que paralelamente a la sesión planeada dentro de la Muestra de Syfy, casi al lado, en el Palacio de la prensa, Cerdá traía Vértigo de Alfred Hitchcock, una lástima que las sesiones se hayan solapado. Es la tercera vez que hay sesión Phenomena dentro de la muestra después de las de Ultimátum a la tierra y El planeta de los simios hace dos años y Desafío total y Alien: El octavo pasajero el año pasado. Esta vez la sesión tenía además un componente de lo más macarra y dos nombres para engrandecer el asunto David Cronenberg y La mosca, y John McTiernan y su Depredador (y lanzamos desde aquí la idea para celebrar la puesta en liberta de McTiernan, que no estaría nada mal una sesión con La caza del Octubre rojo y Jungla de Cristal).

La mosca es una de mis películas de terror favoritas. Quizá estamos hablando de la película más accesible al público que jamás ha hecho David Cronenberg, pero no por ello deja de tener claramente su firma, especialmente la de los primeros tiempos. Y es que si hay algo en La mosca que deja claro que es una película que solamente podría haber firmado Cronenberg es su completa obsesión por la carne humana y la transformación de la misma y a su vez, de la mente. Basada en la película homónima de Kurt Neumann considero a La mosca unos de los remakes más inteligentes que jamás se han hecho en la historia del cine, Cronenberg vio a la perfección que en la historia de ese hombre que por accidente se fusionaba con una mosca mucho de su cine, hizo la historia suya, jugó con ella a su antojo y la reescribió por completo. El resultado es tan fantástico que ver de nuevo esta copia en pantalla grande confirma que la obra de Cronenberg sigue tan nueva como el primer día, una joya que no ha perdido ni un ápice de su poder perturbador, realmente incómoda.

Depredador

La segunda película que se proyectaba era Depredador la obra con la que John McTiernan se confirmó como uno de los directores de acción más impresionantes de la historia del cine. Con un pletórico Arnold Schwarzenegger, Depredador es todo lo que el cine de acción de los años 80 era. Muchos músculos, o lo que es lo mismo, mucha testosterona, disparos por doquier, sudor y puro entretenimiento. Porque si algo es la película es una obra que sigue siendo tan divertida y entretenida como el primer día. Pero McTiernan es uno de esos directores que es casi un artesano, la manera de la que maneja el suspense se elevó con las dos entregas de La jungla de cristal que dirigió, y especialmente con La caza del Octubre Rojo, pero ya en el tramo final de Depredador demuestra que tiene un sentido del suspense excepcional, convertido en un combate uno a uno, dónde lo más excepcional es que sólo el espectador conoce la posición de los combatientes, siendo estos ciegos a los ojos de los otros, en un alarde de inteligencia del propio Chuache, demostrando que él también sabe pensar. Al contrario que La mosca si se notan los años sobre Depredador pero realmente importa muy poco. Sí, Depredador es una película de los años 80, pero es que no podría haber sido de ningún otro momento. Con Muestra o sin ella, cualquier sesión de Phenomena con las impresionantes copias en 35 mm con las que además se trabaja, es un completo deleite para cualquier cinéfilo.

Ese dolor de cine español

Que mal suena eso de “cine español” como género, últimamente hay una guerra abierta por varios frentes. Críticos de cine contra blogueros, blogueros que abogan por la libertad de contenidos, blogueros que quieren ser críticos de cine y que se creen que la solución es pelotear cualquier cosa española y hacerse espacio en el sector. Quien lea con asiduidad La Cabecita, sabrá que nosotros no queremos ninguna guerra y que simplemente nos limitamos a disfrutar del cine sea cuál sea su procedencia, hemos alabado y recomendado con verdadero fervor muchas películas españolas, y también hemos criticado sin miedo ninguno multitud de películas patrias que simplemente nos parecían malas, y a este grupo pertenece Faraday la nueva película de Norberto Ramos del Val que parece sabedora de toda esta guerra existente y se reúne de un buen grupo de blogueros y tuitstars para darles un hueco en la película y asegurarse de que las buenas voces empiecen a correr rápidamente.

Faraday

Pero la verdad es que Faraday es una película tonta, una apuesta por el amor absurdo que no sabe mantenerse, verdaderamente insufrible y que acaba saturando. Los pocos chistes con gracia que tienen la película, no pasan de ser poco más que meras bromas de bar, sin ingenio, sin chispa, bromas acordes con el día de hoy y que dan a la película una sensación de obra caduca. Pese a que la sala estaba abarrotada de amiguetes de todos los que salían en la película y sus vítores exagerados en ocasiones ni permitían escuchar los diálogos de la película (tampoco ayudaba la mala vocalización de los actores, ni el penoso sonido de la película), no creemos que sea una película que interese demasiado al gran público. Porque realmente tampoco hay mucha diferencia entre aquella película que dirigió Javier Cárdenas con todos los frikis que había descubierto en Crónicas marcianas y Faraday. O quizá sí, que aquellos frikis al menos tenían ese punto de inocencia de gente viviendo en un mundo en el que les habían colocado, pero estos son frikis porque lo han pedido por derecho propio. Muchos amiguetes recomendarán fervientemente que la vean, como nosotros no nos debemos a nadie más que a nuestros lectores, les aconsejemos que la eviten encarecidamente.