AIL_0706_Credit_Daniel Daza - LA TIMES excl

Quizá es pronto para elevar a las alturas a J. C. Chandor con apenas dos películas, pero si existe un nuevo nombre propio en el cine americano en este comienzo de década, éste es sin lugar el suyo. Sorprendió a todos con su debut. Margin call era una película soberbia, pocas películas han sabido explicar tan bien los motivos de la crisis económica en la que nos hemos sumergido (ni siquiera el documental Inside job lo hizo con trata claridad), y a la vez confeccionaba un minucioso retrato de esos hombres, con el poder en sus manos. Dioses en traje y corbata, seres todopoderosos que se creían con la capacidad de poder manejar el mundo a su antojo, peores que los criminales de Martin Scorsese, peores incluso de sus brokers de El lobo de Wall Street, porque estos vivían en un mundo real, ajeno al lujurioso y pecaminoso harén diseñado por Jordan Belfort. Sí, Margin Call, hablaba de dioses en la tierra, pero Cuando todo está perdido, también habla de Dios, del poder de Dios sobre el hombre. Como si estuviéramos en Moby Dick, aunque si allí era el hombre quien trataba de cazar a esa ballena, símbolo de la deidad, aquí es Dios quién trata de cazar al hombre de ponerle a prueba.

Cuando todo está perdido es la historia de un solitario hombre en altamar, no conocemos nada de él, está perdido en el océano índico, porta una alianza en el dedo, posiblemente sea viudo, posiblemente sea incluso la muerte de su mujer la que le empujó a reencontrarse con sí mismo en medio del mar. Un desafortunado incidente hace que un contenedor choque contra el barco creando un agujero. Dónde muchos perderían la calma y los nervios y no sabrían como actuar, él siempre actúa con serenidad y sensatez. Sabemos que no es un gran marinero, ni siquiera sabe bien como guiarse de manera astronómica, pero es un hombre templado, que no deje que cualquier contratiempo le altere, de su lucidez nace su mesura, su forma de actuar, y por supuesto de solucionar un problema, cuyo peor destrozo, más allá del agujero, es de hacerle quedarse incomunicado. Pronto descubrirá que éste es el primero de una serie de contratiempos contra los que ha de luchar, sin perder la calma, pensando sus actos con minuciosa cautela, poniendo a su prueba su inteligencia para dar cada paso en su azarosa aventura.

Tardaremos poco en darnos cuenta de que todos los contratiempos que sufre este hombre no son sólo una cuestión de azar. Es una presencia divina la que le ataca, la que le pone a prueba la que le hace luchar. Uno se pregunta, ¿qué es lo que ha hecho mal este hombre para ser atacado por esa deidad en forma de nube que constantemente le persigue?. No sabemos si es un buen hombre o es un mal hombre, sabemos que hay alguien esperándole, o quizá no, o quizá sólo quiere hablar la humanidad, contar su odisea, quizá sólo quiere pedir perdón por no ser capaz de sobrevivir, quizá sólo quiere despedirse del mundo, una muerte, echará de menos su vida. Éste es el mayor diálogo de la película, ocurre al principio, antes de narrarnos en modo de flashback toda su odisea, pronto sabemos que todo está perdido, que no hay manera humana capaz de escapar. Y nuestro hombre, que es como reza en los títulos de crédito:

AIL_05313_Credit_ Richard Foreman

Respira.

Aguanta el vendaval.

Piensa.

Actúa.

Se rebela.

Siente miedo.

Busca una última salida.

Simplemente se resigna, mira a Dios, reconoce su derrota y dice adiós.

Porque no tiene otra forma de hacer frente a ese Dios. A ese Dios que lo tortura vilmente, le amenaza como una nube, se burla descaradamente de él, ya sea en forma de pez, o de barco gigantesco que pasa a su lado de manera vacilante, omitiéndole, reduciéndole a la mínima expresión del ser, a la de un pez pequeño devorado por el más grande.

Y en medio de todo, nuestro hombre es Robert Redford, no nunca Redford ha sido un gran actor, tuvo ideas brillantes para el mundo del cine (la mejor prueba de ello es el festival de Sundance), y como otros actores pobres de talento, supo exprimir mejor sus ideas tras las cámaras, pero nunca ha sido un intérprete brillante. Pero aquí, deslumbra, su mirada azul, entrecortada por las arrugas de su piel se siente fuerte, pavorosa, como si fuera el único sobre la faz de la tierra capaz de vencer a ese ser todopoderoso que le pone a prueba. No quiere perder, y Redford lucha, como nuestro hombre, por la que posiblemente sea la mejor interpretación de su carrera, por la que sea una despedida, una resignación, de que él también una vez pudo actuar, y contra viento y marea, aguantando con energía toda la tormenta, echándose sobre los hombros una película que dirige en solitario. Es fuerte, pero es también frágil, nos llega su miedo, se derrumba en su bote, se tapa los oídos, no quiere oír la tormenta, un canto de Dios, traducido para el espectador en la maravillosa banda sonora de Alex Ebert, unos sonidos que suenan jocosamente celestiales.

AIL_07104_Credit_Richard Foreman - NYT Exclusive

Y el hombre no es nadie contra Dios, varado en el océano, poco puede hacer, es un animal más, perdido en medio de la nada, quizá más poderoso que los peces que le rodean, porque tiene ese arma, la inteligencia, que es lo único que le queda por usar, pero es un arma insuficiente para hacer frente a lo divino. Y sí, quizás es pronto para elevar a J. C. Chandor a las alturas, pero él mismo se lo ha ganado, porque ha hecho sólo dos películas, pero son dos películas maravillosas, que hablan ambas del poder más alto, y lo hace con la garra de un realizador experimentado. Muchos comparan a Cuando todo está perdido con Gravity, en cierta forma es inevitable por su coincidencia en el tiempo, pero no les escuchen, no hagan ni caso, nada tienen que ver más allá de la lectura más superficial que se pueda hacer de la película de Chandor, porque Gravity era una experiencia cinematográfica apasionante y muy divertida que no sabía (ni quería) ir más allá, mientras que Cuando todo está perdido se aleja de cualquier canon cinéfilo, no busca narrar una simple historia, si no narrar la más grande de ellas, la más antiguas de todas, la del hombre puesto a prueba, la del hombre vencido por Dios.

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Ficha técnica:

Título original: All is lost Director: J.C. Chandor Guión: J.C. Chandor Música: Alex Ebert Fotografía: Frank G. DeMarco, Peter Zuccarini Reparto: Robert Redford Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 14/02/2014