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La Navidad es época de clásicos y de costumbres. Qué bello es vivir en la tele, un pavo para comer, regalos debajo del árbol… pero entre todas estas costumbres, sobresale la más importante y pesada: decorar la casa. Claro que esto depende del nivel de obsesión que se aplique a esta decoración. No es lo mismo poner un árbol y 4 lucecitas que imitar al obsesivo Clark Griswold e ir tú mismo a un bosque a talar el abeto y decorar la casa con 25.000 bombillas.

Tras llevarse a su familia de vacaciones por Estados Unidos (Las vacaciones de una chiflada familia americana, Harold Ramis, 1983) y Europa (Las vacaciones europeas de una chiflada familia americana, Amy Heckerling, 1985), Clark Griswold tiene una misión: organizar las mejores vacaciones de Navidad. Por ello, se empeña en cortar él mismo el abeto de Navidad o decorar la casa de manera compulsiva. Por otro lado, también está esperando la bonificación que recibe cada año de parte de la empresa para construir una piscina, algo que sin duda será el regalo de estas fiestas.

Sin saberlo, Clark se embarca en unas Navidades muy locas. Decorar la casa será un auténtico suplicio hasta el punto que una vez instaladas las 25.000 bombillas, no se encenderán al enchufarlas. Por si no fuera poco, a la llegada de sus padres y suegros se suma la llegada sorpresa de su hermano, mujer y niños incluídos. Todo se irá complicando hasta llegar al momento cumbre: la cena de Navidad en la que aparecerán los tíos de Clark, una pareja de adorables y seniles abuelitos que ya no recuerdan en qué mundo viven. Lo que había empezado como unas Navidades perfectas termina cómo un despróposito y un árbol de Navidad reducido a cenizas.

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¡Socorro, ya es Navidad! es la típica película americana de Navidad. Reúne todos los ingredientes: moralismo, el valor de tener familia, el amor, el hacer el bien por ser Navidad, el perdón… Además, la película no ha soportado muy bien el paso del tiempo y ha quedado como un recuerdo documental de tiempos pasados. Entonces, ¿por qué merece estar en un especial navideño? Para empezar, por nostalgia. Los que hemos crecido con la chiflada familia americana tenemos esta película como referencia para las Navidades. Por otra parte, es necesario reivindicar la figura de Chevy Chase, un veterano de la comedia que se ha puesto de moda en los últimos años gracias a su participación en Community. Pero también, para los que decoran la casa en esta época, es inevitable sentirse identificado con Clark Griswold y las complicaciones que enfrenta a la hora de decorar. Cualquiera se ha encontrado alguna vez con una bombilla fundida o una figurita del pesebre rota.

¡Socorro, ya es Navidad! es una comedia académica y convencional. Apenas asume riesgos y esto deriva en una película simpática, pero raramente memorable. Sin embargo, esta ausencia de riesgo la convierte en una película correcta y equilibrada que asimila los momentos más extremos, como un precipitado descenso en trineo por la nieve, sin caer en el ridículo, algo bastante habitual en la comedia americana. Es una película bastante plana y previsible, con un arco de personajes bastante convencional, algo que no parece importar a director y actores que se sienten muy cómodos con esta sencillez. El resultado final es simple, pero efectista, maquillado con un mensaje moralista de amor y comprensión por parte del jefe de Griswold hacia sus trabajadores. Algo que encanta a los americanos, el mensaje de una película navideña, aunque aquí entra forzado y es gratuíto. Además de tener componentes un tanto de ciencia ficción.

No es una gran película, el paso del tiempo no la ha favorecido, pero tampoco es un atentado como los desastres navideños que se empeña en protagonizar de vez en cuando Tim Allen. Como pasa con este género de películas, lo mejor está al principio. Aún así, seguro que si le dáis una oportunidad, la disfrutaréis. Y que sea leve el montar y desmontar navideño.