Hace ya dieciocho años que conocimos a Jesse y Celine. Un tren por Viena, una locura de juventud… presenciamos el nacimiento del amor. Nacía una forma completamente real, nada de artificios cinéfilos, sin necesidad de música para subrayar, sin necesidad de idealizar a sus personajes. Se mostraba con una naturalidad pasmosa, el amor que nace a través de una conversación que simplemente no querían que terminase. A través de las calles de Viena, Jesse y Celine se conocían, y nosotros, como observadores, les conocíamos, y todo a través del fluir de la conversación . Como en cualquier charla que nosotros podamos tener, en la suya abundaban las banalidades, pero éstas eran necesarias para comprenderlos y para conseguir conocerles con su forma de expresarse, entre tanto tema banal se escurría mucho más, la visión del amor por dos personas de lugares opuestos del mundo a los 23 años. Era un retrato de la vida y del amor de la manera idealizada que se ve a esa edad, y además, conseguía elevarse por encima de las propias palabras por la estupenda labor de dos actores que no sólo compartían una gran química, si no que se sentían tan naturales y reales como cualquier amigo que puedas conocer. Al amanecer el tren partía, la película cerraba con una promesa, el reencuentro de Jesse y Celine seis meses después. En manos del espectador quedaba esa respuesta, nosotros decidíamos ser unos románticos que queríamos que ese amor continuase seis meses después, o unos cínicos que no lo vemos más que como una loca y bella historia de amor de una noche de verano.

De todas formas, hubo respuesta, ésta llegó nueve años después. El encuentro no tuvo lugar, pero el destino los llevó de nuevo a unirse en un París vespertino. Jesse y Celine habían cambiado mucho su vida, no era para nada como planeaban que fuera, y su desdicha quedaba marcada por el recuerdo de aquella noche por Viena. De nuevo, al final, era el espectador al que le tocaba decidir. “Vas a perder el avión” decía Celine, “Lo sé”, contestaba Jesse. El espectador una vez más tenía en sus manos decidir qué es lo que pasaría, mientras esperábamos la respuesta definitiva, que nos llega ahora, nueve años después. Jesse perdió aquel avión, se quedó con Celine y se divorció de su mujer. Inteligentemente durante los primeros compases de la película, el espectador conoce que ha sido de la unión de los dos durante su primera década como pareja. La historia que empezó fugazmente en Viena en 1994, nos lleva ahora al final de unas vacaciones de verano en familia en Grecia. Celine y Jesse tuvieron dos niñas gemelas, ella está a punto de conseguir un trabajo en el gobierno, él sigue siendo un escritor de éxito. Todo parece ir bien en un matrimonio instalado en la rutina, con la salvedad de que Jesse no soporta estar separado de su hijo que vive en Chicago, siendo torturado por su madre. Para Celine, la idea de mudarse a Estados Unidos y cambiar por completo su vida, no es una opción real.

Quizá, lo más importante de la saga hasta el momento, es lo mentalizados que están, y lo bien que conocen, Linklater, Hawke y Delpy a sus personajes. De hecho, el guión aparece firmado por los tres, cada personaje se siente como una extensión de sus intérpretes, lo que también ayuda a la excitante visión de un guión siempre neutral y que nunca toma partido por ninguno de los dos protagonistas. Con esto consigue que siempre el espectador entienda el punto de vista de ambos, logrando con ello la total comprensión de los dos, con los que conecta rápidamente. Es posible que los hombres tiendan a entender más fácilmente la visión de Jesse, y las mujeres la de Celine, pero siempre se comprenderá a ambos. Linklater rueda en tomas largas, lo que además ayuda a aumentar esa sensación de realismo y transmitir una imagen de mayor naturalidad con la labor de dos actores que se entienden a la perfección. Los paisajes mediterráneos y la crisis de la mediana edad, ayudan, a que más nunca, esta entrega de la saga se acerque al espíritu Rosselliniano de “Te querré siempre”, para la que además la película guarda una pequeña referencia.

A los 41 años su visión del amor es más fría, más oscura… no es que hayan dejado de creer en el amor. Si no que la vida no les da tregua para historias de cuentos de hadas. De la idealización de la juventud se pasa a una visión algo triste y pesimista. Su percepción de lo que es el amor se basa simplemente en la compañía de la otra persona, conocer lo que piensa, aguantar sus defectos, reír sus bromas y saber convivir luchando contra el pesar de los años.

Nueve años después de la última entrega, dieciocho de la primera, la historia de amor de Jesse y Celine sigue siendo igual de adictiva y fascinante. Esta vez resulta más amarga que nunca, su espíritu es más triste, mucho más melancólico, añorando el amor pasional de la juventud, abandonado, ahora, por algo mucho más terrenal. Nos seguimos riendo con ellos, les seguimos entendiendo, comprendiendo, sintiendo su visión del amor. Ahora definitivamente Jesse y Celine forman parte de nuestras vidas, y de nuevo, nos dejan con una pregunta. Aunque en esta ocasión no llega al final de forma pasional -no quiere decir que los arrebatos de pasión dejen de existir, pues al fin y al cabo tampoco han dejado de ser los mismos que bajaron de aquel tren en Viena-, si no que flota por el ambiente durante toda la película, ¿serán capaces Jesse y Celine de seguir aguantándose el uno al otro? Otra vez queda la respuesta en manos del espectador, aunque Linklater tenga la obligación de volver a nosotros dentro de nueve años como Michael Apted viene haciendo con sus saga de documentales Up. En 2022 esperamos seguir conociendo lo que ha sido del amor de los que ya serían unos cincuentones Jesse y Celine.

Título Original: Before Midnight Director: Richard Linklater Guión: Richard Linklater, Julie Delpy, Ethan Hawke Música: Graham Reynolds Fotografía: Christos Voudouris Interpretes: Julie Delpy, Ethan Hawke Distribuidora: A Contracorriente Fecha de Estreno: 28/06/2013