Sin duda la tercera jornada de La Muestra Syfy era la más esperada por todos los asistentes a la misma. Las entradas agotadas y las filas kilométricas para acceder a las proyecciones de Antiviral y The Cabin in the Woods indicaban que algo estaba yendo bien en esta X edición: la programación había conseguido su objetivo de atraer al máximo público posible (y muy variado). Con las transiciones lunares de Boneboys y el ambiente festivalero aún recorriéndonos el cuerpo afrontamos, con gran expectación, el sábado de cine que nos esperaba gracias a Syfy a todos los que, bajo la lluvia, aguardábamos en la entrada de los cines para ver la primera película, también japonesa, como ocurrió el día anterior con Kenshin, el guerrero samurái: Wolf Children.

WOLF CHILDREN

Sinopsis: Cuando era poco más que una adolescente, Hana se enamoró de un Hombre Lobo. Puede parecer extraño, pero durante trece años fueron inmensamente felices, y tuvieron dos hijos: Yuki y Ame, que nacieron también con la capacidad de convertirse en lobos. Tras la repentina muerte de su esposo, Hana decide mudarse al campo para así criar a sus hijos en un entorno tranquilo, donde sus extraordinarias facultades no sean descubiertas. Sin embargo, al crecer, Yuki y Ame deberán decidir si quieren vivir como humanos o como lobos.

La única película de animación de La Muestra se presentaba a primera hora de la tarde como una de las apuestas más arriesgadas de la edición. Un filme de casi dos horas, perteneciente a un tipo de cine muy específico (la animación japonesa, un mundo aparte en comparación con lo que se hace en el resto del mundo) que podía disgustar profundamente o alterar las emociones del público. La premisa de Wolf Children es, cuanto menos, atrevida, ya que está protagonizada por niños y cuenta con la presencia de hombres lobos. Partiendo de eso, no era de extrañar que muchos espectadores intentasen evitarla o fuesen con ideas preconcebidas. Tras películas como La chica que saltaba a través del tiempo o Summer Wars, Mamoru Hosoda (que además es el creador del cuento en el que se basa el filme) corría el riesgo de volver a fascinar a sus fans o de no ser tomado en serio. Por suerte la película gustó, tampoco de una manera desaforada, pero consiguió sacar una sonrisa a todos los espectadores en los momentos entrañables (en especial la niña con sus berrinches) y mantenerlos en tensión cuando la película así lo requería.

Un drama familiar auténtico y sencillo que consigue hacer que los sentimientos de los personajes traspasen la pantalla y lleguen (y llenen) al cinéfilo que la está disfrutando. En Wolf Children se pueden distinguir claramente dos partes, la primera se centra en la historia de amor entre los padres de los niños que dan nombre a la película, y la segunda está más orientada al crecimiento y la educación (es muy brusco decir adiestramiento a pesar de que se trata de niños-lobo) de los pequeños. En ambas piezas se mantiene un ritmo fantástico y el espectador no duda en dejarse llevar por la voz en off de la niña que nos parece tan adorable en la gran pantalla. El dilema en torno al cual gira la cinta de Hosoda es muy simple: ¿ser lobo o ser humano? Una cuestión que llevará a los niños protagonistas a plantearse las cosas más cotidianas de la vida de manera muy diferente al resto (la incomprensión derivada de la diferencia) y que está perfectamente reflejada en escenas como en la que Yuki (la pequeña) exige a su madre una explicación de por qué no puede ir al colegio. En esta disyuntiva moral, que también nos hace reflexionar sobre lo que está bien y lo que no, la madre, Hana, representa la lucha incansable que va intrínseca a la experiencia de tener un hijo y el amor inquebrantable y digno de admiración que existe entre madre e hijo.

En The Wolf Children Ame and Yuki existen momentos clave de los que emanaba emotividad a raudales (la confrontación entre los hermanos ante sus respectivas decisiones, así como la recta final son soberbios) y que, sin duda, harán que el espectador reconsidere muchas cosas. La película también tiene sus fallos, en algunos momentos se vuelve lenta, se toma demasiado tiempo y da excesiva importancia a temas que en verdad no la merecen, pero aún así los 117 minutos se hacen amenos si la comparamos con Kenshin, el guerrero samurái, mucho más densa que el filme en cuestión.

Una historia marcada por la tragedia en la que confluyen todas las vivencias de la adolescencia y en la que la naturaleza vuelve a tener un peso importantísimo (algo a lo que otros autores como Miyazaki ya nos tienen acostumbrados).

Lo mejor: Consigue emocionar y hacer reír al espectador casi al mismo tiempo.

Lo peor: Le sobra un poco de metraje.

Nota: 8/10