En las circunstancias más adversas es cuando se encuentra la verdadera persona. Lejos de conformismos y normas, la presión provoca que el individuo se muestre natural, anteponiendo lo qué de verdad le importa en favor de su conciencia. Barbara (Nina Hoss) es una doctora alemana que se encuentra en una situación complicada: cambiada de ciudad y condenada a una exhaustiva vigilancia por parte de la Stasi. ¿Su crimen? Haber querido un visado para ir al extranjero y salir de la Alemania de la RDA. Por este motivo, se le ha asignado un apartamento determinado y un puesto en un hospital concreto, siempre vigilada y obligada a pasar a menudo por duras inspecciones, tanto de su hogar como de su cuerpo. Esta privación ha convertido la vida de Barbara en una permanente y amplia cárcel donde no puede confiar en nadie. Duda de sus vecinos, el resto de ciudadanos y sus compañeros de trabajo. No se relaciona con nadie por miedo a que uno de ellos sea un espía de la Stasi.

Barbara vive una vida de eterno silencio, sólo roto cuando se encuentra furtivamente con su amante, quién le ha prometido sacarla del país cuando pueda, y con la llegada de una joven paciente que le despierta compasión y a la que cuidará. Es uno de los pocos momentos en los que Barbara se olvida de su frialdad y se entrega a Stella, esta pobre chica asustada, haciéndole compañía y leyéndole cuentos hasta que se la lleven de nuevo a los campos de trabajo de donde ha salido. A partir de aquí, la vida de Barbara da un giro y se permite relacionarse más con sus compañeros, en especial con el doctor André (Ronald Zehrfeld) quién está obsesionado en que ella sea más confiada. Barbara rompe de esta manera su frialdad, pero la película no la acompaña, quedándose estancada en una estructura muy distante y aséptica. Nina Hoss hace un trabajo espectacular, consiguiendo que el espectador empatice con ella de manera notable, pero un actor normalmente no puede aguantar una película entera y el peso es demasiado para Hoss, que ve como el resto de la película se queda inerte a su alrededor observándola. Barbara tiene en el silencio un gran aliado, un personaje más que le evita problemas a una Nina Hoss protagonista impecable que tiene sus mejores momentos con el contrapunto que supone la joven Stella en su comportamiento. Los encuentros con el amante también rompen la tónica de su personaje, pero están retratados con los mismos defectos que la segunda mitad de la película: demasiado distante y frío.

Por el contexto y el tema es fácil caer en la comparación con La vida de los otros, pero Barbara pierde en esta comparación. La primera contaba con un fantástico actor protagonista rodeado de buenos secundarios, una historia equilibrada e interesante y un buen ritmo y un pulso por parte de la dirección. En cambio, Barbara cuenta con un dueto protagonista bastante descompensado, Ronald Zehrfeld cuaja un buen papel, pero en varios momentos parece ir a contrapié de Hoss. Además, la dirección no arriesga y se queda demasiado al margen en una historia bastante convencional. Deja esa sensación de que ha sido víctima de un guión bastante conservador y lo cede todo a una protagonista  y un par de giros en la historia interesantes que acaban derivando en un final previsible y poco satisfactorio para el espectador.

Resumiendo, Barbara tiene varios detalles interesantes que quedan inconexos provocando la sensación de película fallida. Adolece de demasiada sencillez y de una dirección demasiado conservadora que derivan en una película insatisfactoria que se eterniza por momentos y que culmina con un gran déjà vu que descolocará a más de un espectador aficionado al cine europeo.

Título original: Barbara. Director: Christian Petzold. Guión: Christian Petzold. Música: Stefan Will. Fotografía: Hans Fromm. Reparto: Nina Hoss, Ronald Zehrfeld, Rainer Bock, Jasna Fritzi Bauer, Christina Hecke, Claudia Gesler, Peter Weiss, Carolin Haupt, Deniz Petzold.