Cincuenta años han pasado desde que por primera vez Sean Connery se enfundara por primera vez el traje de 007 y sonaran los acordes de la mítica melodía de John Barry. Cincuenta años, 23 películas y 6 actores son los que se han puesto en la piel del mítico agente. Un personaje con el que demuestran que los británicos saben crear iconos que están por encima de los actores que les interpretan (ahí tenemos también al Doctor Who que el próximo año también celebra sus bodas de oro bajo su undécima reencarnación). La saga Bond nos ha entregado una serie de películas que pese a tener sus altibajos, siempre se han sabido reinventar y adaptar a los tiempos en los que fueran rodadas. Quizá Skyfall sea precisamente el mejor ejemplo de esto, y es que podemos bautizarla prácticamente como la película de James Bond con la que desapareció el cine de espías. Esto no es en absoluto malo, el género ya había tomado un camino bien distinto desde la aparición de la saga Bourne. Algo que salpicó a las dos primeras entregas del Bond de Daniel Craig. Pero esta vez, lo que aquí se nos presenta, es puro cine de acción.

Pero aunque parezca mentira no ha sido fácil llevar adelante esta nueva entrega de Bond. La quiebra de Metro-Goldwyn-Mayer a punto estuvo de llevarse consigo al célebre agente. Eco de esto se hace la película de Sam Mendes cuando en el prólogo de la cinta ni corto ni perezoso acaba con la vida de Bond. Pero obviamente esto no es más que una excusa para que este renazca como la propia saga ha tenido que hacer. Y el pequeño descanso forzado (apenas han sido cuatro años, pero dos más de lo que se esperaba en primera instancia), le ha sentado a la saga muy bien. Decididos a arramplar con todo, este Bond, renace y se reinventa. Sale de la caricatura y se vuelve humano. Por primera vez en Skyfall vemos a un Bond vulnerable, un Bond al que se le puede vencer, un Bond que es incapaz de pasar pruebas físicas y mentales. Un Bond que necesita tomar un descanso y que sólo la presencia de una amenaza le hará despertar. Por supuesto nunca deja de ser Bond, todas las señas de identidad del personaje están, aunque se diluyan. Así el porte y la elegancia que tiene con su traje, aparece momentáneamente, pero acaba dejando paso a un atuendo mucho más práctico y cómodo. Incluso vemos a un Bond desaliñado, poco preocupado por su aspecto, aunque no pierda nunca sus dotes de seductor. En una película en la que se podría decir que ni siquiera hay Chica Bond.

Pero para la resurrección completa de Bond, éste debe volver a sus orígenes. La amenaza es Silva, un villano de peinado extravagante, magistralmente interpretado por un Javier Bardem, al que parece ser que las pelucas no sólo le sientan bien y le saquen su lado más oscuro. Parece que se agarren a él al cerebro cómo la peluca de Snake lo hacía al de Homer en el mítico especial de Halloween de Los Simpson, y lo conviertan en un tipo atroz, un villano al que es imposible no creerse y temer. Silva, como Bond, también fue agente, el mejor, el favorito de M. Silva hará que Bond se sumerja en los infiernos de su pasado, hasta que todo eso arda, le llevará hasta la niñez, hasta su máxima vulnerabilidad.

Por su tratamiento, son inevitables las comparaciones entre este episodio de Bond y el Batman de Nolan. En el que la máscara cinematográfica desaparece y los resquicios del Bond más puro parecen relegados a sus maravillosos créditos al ritmo de Adele. En este Bond desaparece la completa idealización, a manos de un perturbado que poco tiene que envidiar al Joker de Heath Ledger. Todos se encuentran puestos a prueba, y los instintos de Bond serán los únicos que le puedan hacer subir a ese cielo, en lugar de caer a la casilla de inicio. Una entrega de Bond con un acabado técnico y una fotografía prodigiosa. Dónde la dirección de Mendes hace ganar enteros a una cinta que tampoco reniega nunca de la espectacularidad y nos entrega secuencias tan espectaculares como el desprendimiento del metro o toda su emocionante tramo final.

Bond renace, y demuestra que le ha sentado genial este forzoso descanso que se ha tenido que tomar. En una película que pese a sus excesivas dos horas y media (algo que pone en evidencia el claro problema de sintetización con el que se encuentran los blockbusters actuales, a los que les cuesta mucho meter la tijera), nunca baja el ritmo, siendo siempre trepidante, entretenida y muy vistosa. Un Bond que entrega lo suficiente como para no defraudar a los fieles, pero que trae de sobra para enganchar a la saga a las nuevas generaciones. Bond renace, sí, y se adapta a los tiempos que corren y el cine que se hace actualmente. Puede que el cine de espionaje clásico perezca como tal, pero Bond sobrevive a eso y nunca deja de ser Bond. Estamos ante la que probablemente sea una de las mejores entregas de la saga, y es que a sus 50 años, Bond sigue como un niño, y ya nos avisan que volverá, y lo hará, por supuesto, con licencia para matar.

Título Original: Skyfall Director: Sam Mendes Guión: Neal Purvis, Robert Wade, John Logan Música: Thomas Newman Fotografía: Roger Deakins Interpretes: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Albert Finney, Berenice Marlohe, Albert Finney, Naomie Harris Distribuidora: Sony Fecha de Estreno: 31/10/2012