El cine de la posguerra ya es un género caduco, no hay nada interesante que decir, los realizadores españoles deberían de darse cuenta de esto como en su día los americanos se dieron cuenta de que ya no había nada más que contar de Vietnam. A veces te puede surgir una buena historia, como ocurría con la reciente Pa Negre, pero son casos demasiados aislados como para tener que volver continuamente a ella contando una y otra vez historias que por mucho que insisten en cambiar matices y en vendérnoslas como distintas, siguen pareciendo excesivamente manidas, como si ya te lo hubieran contado mil veces, el evidente partidismo de la mayoría de estas producciones (con alguna honrosa excepción como la reciente Silencio en la nieve) tampoco ayuda a quitar esa sensación de que ya está todo contado, por que siempre los villanos serán los mismos y los héroes los otros, y por mucho que se intente en ocasiones, como hace Uribe, humanizar a los personajes por encima de sus ideologías, las tendencias políticas de los firmantes acaban siendo excesivamente evidentes y sobreponiéndose a sus intenciones.

Miel de Naranjas nos lleva a la Andalucía de los años 50, Enrique es un joven que está haciendo el servicio militar en un juzgado, allí y a la vista de todas las injusticias de las que es testigo por el carácter de un juez muy severo, se ve arrastrado a una comunidad comunista clandestina. Una trama que da pie a formar una historia casi de espionaje, Uribe se empeña por ello incluso en darle una estética de cine noir que por desgracia no la favorece en absoluto por que se encuentra fuera de lugar y la plástica de la película resulta demasiado artificial y es que partiendo de esta idea y habiendo desarrollado todo de una manera bastante más competente quizá podría haber llegado a haber un resultado bastante más interesante, pero lo peor de Miel de Naranjas es que a los cinco minutos te las ha dejado de creer y da igual lo que hagan que no hay forma de creerte lo que ahí están contando, lo que además también que su visionado resulte como una tortura eterna que parece que nunca va a terminar.

Y es imposible de creer por que todo está excesivamente estereotipado, siendo todo terriblemente exagerado y por momentos hasta absurdo y plástico, eran varias las risas que se escuchaban en la sala en momentos verdaderamente sonrojantes, pero cuando más se corona la película es con uno de sus planos finales y que posiblemente sea uno de los más ridículos que jamás se han filmado en este país. Tan sólo los actores parecen no sobrar demasiado con la excepción del debutante Iban Garate, un tipo con ningún tipo de carisma y que se tira toda la película poniendo cara de pena para mayor irritación del espectador, pero es la única piedra negativa de un reparto donde brilla especialmente un portentoso Karra Elejalde.

Nada suscita mi atención en esta película, la historia de amor está llevada de una forma nefasta, no hay lugar para las sorpresas cuando el guión trata de meter algún giro inesperado y todo resulta tan excesivamente trillado que por más que intente sobrepasar ese muro que aparece desde su inicio para entrar en ella no puedo conseguirlo y no puedo dejar de mirar el reloj continuamente para ver cuando terminara el suplicio que me supone el visionado. Lejos muy lejos queda el Imanol Uribe que otrora tenía historias interesantes que contarnos. Digan lo que digan, Miel de Naranjas es OTRA PELÍCULA SOBRE LA GUERRA CIVIL.

Título Original: Miel de naranjas Director: Imanol Uribe Guión: Remedios Crespo Casado Música: Nuno Malo Fotografía: Gonzalo F. Berridi Interpretes: Iban Garate, Blanca Suárez, Karra Elejalde, Eduard Fernández, Carlos Santos, Nora Navas, Ángela Molina, Jesús Carroza, Fernando Soto, Barbara Lennie Distribuidora: Alta Films Fecha de Estreno: 01/06/2012