Desde que Glee pusiera de moda los mash-up el mundo se ha sumido en una ola de caos y terror horrible, ya no sólo en el mundo de la música es licito mezclar todo, vamos, que puedes mezclar a Daddy Yankee con Los Beatles y habrá gente que pensará que eso es un gran tema y todo un prodigio. Esto ha llegado al mundo del cine, unos lumbreras han pensado que está bien mezclarlo todo y que el resultado fluya, así ésta nueva adaptación de Blancanieves, que nada tiene que ver con la fresca y divertida versión de Tarsem, resulta un pastiche de tantas cosas que acaba siendo un producto carente de ninguna identidad. En Blancanieves encontramos toneladas, de referencias/homenajes/plagios que nos es costoso hasta identificar todos, desde las más evidentes películas de carácter épico como El Señor de los Anillos o 300, a la serie de televisión Juego de Tronos, la película anime La Princesa Mononoke e incluso una protagonista que nos recuerda en exceso a una versión feminista del mismo Jesucristo, con rezos, andares por encima del agua y resurrecciones incluidas y es que al fin y al cabo, como Neo, ella también es la elegida.

La historia de Blancanieves todos la conocemos, hay menos variaciones aquí que en la versión que hiciera Tarsem, esto también es un hándicap, por que en aquella el enfrentamiento entre la malvada bruja (aquella hilarante Julia Roberts que si el mundo fuera justo el año que viene se llevaría una nominación al Oscar) y Blancanieves no venía justificado por una simple cuestión de quien era la más bella del reino, algo que en la versión de Disney se podía justificar, pero que a estas alturas peca de ser excesivamente frívolo y ridículo el ver a dos tigresas luchando entre ellas por el único motivo de un concurso de belleza.

El prólogo es sin duda la mejor parte de la película, de hecho las intenciones que en él se muestran son muy distintas a lo que luego llegarán, pero una buena planificación ayudada de una portentosa voz en off como un recurso muy acertado ayudan a meter al espectador en una apasionante historia de amores y traiciones (quitando algún detalle un poco estúpido que dejan caer), pero todo se desmorona con Blancanieves huyendo de las garras de una bruja que a partir de ahí sólo empieza a dar gritos y a pasarse de lo lindo, incluyendo un cuasi orgasmo al más puro estilo de Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally, pero nunca llegando al divertido histrionismo de Julia Roberts. Pero aún así la sobreactuación de Charlize Theron es más grata que el aburrido soserío que tienen Kristen Stewart y Chris Hemsworth, ya que apenas podemos disfrutar de todo el talento que hay reunido en la figura de los enanitos al encontrarte estos desaprovechados al máximos, y es que carecen de cualquier identidad individual y sólo funcionan como grupo conjunto en contadas ocasiones.

Pero el mayor problema de esta Blancanieves, por encima de todos los ya expuestos es que aburre una barbaridad. No sirve de nada el ser todo un prodigio técnico, tener una fotografía maravillosa, unos efectos especiales de lo más virtuosos y un esplendido vestuario cuando la película provoca una escalofriante media de bostezos durante toda su parte central, y ni siquiera se recupera con su épico final, comenzado por un monólogo de la Stewart (en serio, ¿alguien la cree capaz de liderar a un ejército?) para terminar con las mismas secuencias a cámara lenta manidas hasta la extenuación en todas las películas de carácter épico, algo que cansa ya no sólo por lo repetitivo, si no también por lo excesivamente evidente que resulta una selección de tomas como las que aparecen en la parte final de la película.

No es esta Blancanieves una película horrible, ya que es cierto que tiene poderío visual suficiente para resultar mínimamente interesante sobre todo teniendo en cuenta que en ningún momento llega a resultar excesivamente ridícula (más allá de su premisa y de una Charlize Theron arrastrándose por el petróleo), pero se antoja demasiado poco para una historia tan sosa como su protagonista y que se toma excesivamente en serio para lo que es el resultado final. La película es incapaz de resultar mínimamente interesante ni de aportar una visión realmente nueva a la historia que ya todos conocemos, bueno, sí, podemos interpretarla como la versión femenina de la historia de Jesucristo, toda una Jesucrista Superstar, pero eso ya es otro cuento.

Título Original: Snow White and the Huntsman Director: Rupert Sanders Guión: Evan Daugherty y Hossein Amini Música: James Newton Howard Fotografía: Gonzalo F. Berridi Interpretes: Kristen Stewart, Charlize Theron, Chris Hemsworth, Sam Claflin, Ray Winstone, Ian McShane, Eddie Izzard, Bob Hoskins, Toby Jones, Nick Frost Distribuidora: Universal Fecha de Estreno: 01/06/2012