No me fiaba yo demasiado de Nadine Labaki, pese a lo alabada que fue Caramel, su ópera prima, que se presentó en San Sebastián llevándose los premios del público y de la juventud, la película no me dejaba de parecer una versión árabe de Sexo en Nueva York, un cine demasiado femenino para que yo desde mi proclamada hombría la pudiera disfrutar lo más mínimo y es que no puedo con estas historias de manta y Haagen Dazs en las que unas protagonistas van al salón de belleza a ponerse guapas, a hablar de su menopausia y se preocupan tanto por encontrar un novio, tenía cosas interesantes, sí, pero nada en ella despertaba mi simpatía. El hecho de que con su segunda película ganase el premio del festival de Toronto y recibiera una sonora ovación en el pasado festival de San Sebastián no parecían realmente decir nada demasiado relevante sobre ella al menos hasta que un servidor no comprobase que no estaba ante otra historia de mujeres, pero sí, si estaba ante otra historia de mujeres, pero en esta ocasión era una historia universal, del dolor arraigado de la madre, de la mujer luchadora y pacifista en un mundo cargado de violencia, por suerte Y ahora ¿Adónde vamos? nada tiene que ver con lo que era Caramel.

¿Y ahora adónde vamos? nace vestida de negro, teñida en un manto de luto y dolor, un grupo de mujeres avanzan hacia el cementerio al paso de una extraña e hipnótica coreografía, una escena de una fascinante belleza visual que ya nos atrapa por completo. Desde ahí la dirección se marca clara, un pueblo separado por un conflicto entre religiones, da igual que el conflicto venga de fuera, el carácter belicista masculino, la honra y el orgullo sobresalen por encima para dividir las amistades y el convivir de un pueblo que vive alejado de todo pero que pese a todo no sabe mantenerse al margen. En el medio quedan un montón de mujeres y niños, los que acaban convertidos en las verdaderas víctimas del conflicto. Ellas serán las que en un Berlanguiano juego (es inevitable ver las similitudes de la obra con Los Jueves, Milagro, ¿habrá sido una de las referencias de Labaki?) se encargarán a base de divertidas tretas de intentar de devolver la paz al pueblo en el que viven.

A Labaki se la sienta preocupada por lo que cuenta, se ve que realmente se siente aterrada por esa división entre cristianos y musulmanes, pero más allá de la división religiosa lo que la preocupa es la división humana, aún así lejos de hacer de la cinta un duro drama busca aligerarla bastante del tono dramático, sin olvidarse nunca de lo que está contando, de la dureza y el pesimismo que una historia como ésta acarrea, consigue encontrar el perfecto equilibrio no sólo con una divertida comicidad que da al relato un exquisito tono de fábula y da lugar a entrada de desternillantes secuencias e ideas, como la llegada de ese grupo de strippers, si no que también atreviéndose a vestirla de musical, un musical que se acerca más al de Demy que a los estándares de Bollywood o Broadway, pero que reniega de referencias y consigue dar a la cinta una autentica identidad propia. Labaki se mofa por completo, se mofa del ser humano, del hombre y de su innata belicosidad, lo hace con cariño y frescura, sin caer nunca en el feminismo radical, tampoco busca ensañarse con la religión ya que aunque este sea el motivo del conflicto no ve ahí el problema, no es difícil extraer la película de esa sociedad a otros muchos lugares del mundo, incluso a esta España que empieza a estar sesgada políticamente, porque lo que aquí denuncia al realizadora es precisamente esa necesidad continúa de enfrentamiento y los efectos manipuladores de los medios sobre el ser humano, aunque estos se vean reducidos a un mínimo aparato de televisión para todo el pueblo.

No es de extrañar que el cine de Nadine Labaki consiga llegar tan fácil al mercado occidental, ya que sus raíces se encuentran por completo en el cine más europeo y al contrario de lo que ocurría por ejemplo con la reciente La Fuente de las Mujeres de Radu Mihaileanu la historia no se ve limitada por el contexto en la que se cuenta ni el espectador tiene que hacer un esfuerzo mayor por poderse en la piel de unos personajes. Unos personajes a los que Labaki traza perfectamente en apenas un par de pinceladas y con los que rápidamente se consigue una fuerte conexión. Labaki es una mujer que no renuncia a su condición de cineasta femenina ni busca darle a sus películas una imagen más neutral, siempre trata de narrar desde un prisma claramente femenino, algo que da una visión muy interesante a sus películas, si bien, el olvidarse del resto del público era algo que limitaba evidentemente a su primera película, aquí su tono mucho más universal ayuda a que nos podamos acercar a ella, escuchándola y sintiéndola como si saliese del pecho de nuestra madre y eso es algo que muchas veces el cine necesita más que cualquier otra cosa.

Título Original: Et maintenant, on va où? Director: Nadine Labaki Guión: Nadine Labaki Música: Khaled Mouzannar Fotografía: Christophe Offenstein Montaje: Véronique Lange Interpretes: Nadine Labaki, Kevin Abboud, Claude Baz Moussawbaa, Julian Farhat, Ali Haidar, Leyla Hakim Distribuidora: Alta Films Fecha de Estreno: 02/03/2012