Los jurados de los festivales de cine los suelen presidir gente que no son gente de fiar, por eso en el pasado festival de Venecia, cuando Darren Aronofsky salió a anunciar el nombre de la película ganadora los rumores apuntaban a películas como Shame, Un Dios Salvaje, Un método peligro, El Topo o incluso Los Idus de Marzo pero el resultado fue mucho menos “mainstream” que lo que podrían ser Clooney o Cronenberg, aunque no por ello estábamos hablando de un nombre pequeño en los circuitos de festivales, la revisión del mito de Fausto por Alexander Sokurov se hacía con León de Oro en Venecia, lo que también servía para premiar una amplia e interesante carrera. Con Fausto, Sokurov cierra su tetralogía del poder, aquella que realmente comenzó siendo una trilogía sobre los dictadores del siglo XX y que realmente no puedo dejar de sentir que esta unión de Fausto con sus otras tres obras está un poco cogida por los pelos porque realmente son nimios los puntos que las unen además de que la película despierta mucho menos mi interés que las anteriores.

Sokurov bebe de la más pura escuela rusa, esa que se regocija en el letargo, en la pesadez de las imágenes, en la importancia de la retórica. Es de esos cineastas que se paran a filosofar, a abusar del tedio tratando de convertirlo en arte, nada tiene que ver su cine con obras más accesibles como el Quemado por el sol de Mikhalkov o la obra de Kalatozov, su cine se acerca más peligrosamente a la tediosa obra de Tarkovsky y eso es un arma de doble filo, porque es cierto que no me importa que aburra hasta a las cabras cuando consigue fascinarme por completo con ese acercamiento a un Hitler que empieza a darse cuenta de que la muerte llegará en cuanto termine la guerra en Moloch e incluso puedo tolerarle una película tan insulsa y aburrida, incapaz de contarme nada que me birle el sueño como la de El Arca Rusa si me regala a cambio la película más fascinante que jamás se ha rodado y hace con ello que sea incapaz de despegar los ojos de la pantalla, pero cuando andas tan cerca de la línea, realizando un cine tan difícilmente accesible es fácil tambalearse.

Lo cierto es que esta nueva versión del Fausto de Goethe cuenta con varios problemas más allá del increíble tedio que produce, culpable de los múltiples ronquidos que se escuchaban por la sala mientras sucedía la proyección. Aquel que no conozca la obra original puede ver como rápidamente se encuentra perdido, como se sale bien rápido del contexto lo que supone algo terrible, sobre todo si tenemos en cuenta lo difícil que resultará reengancharse posteriormente, una lástima no ser todos intelectuales para poderla disfrutar en su plenitud, pero suponemos que al señor Sokurov esto le da igual, ya que él hace cine-arte, cine de ese que al final del todo solo una minoría acaba disfrutándolo.

Cada vez que vuelvo a su Fausto menos me gusta, la fascinación que me transmitía desde su aspecto más visual con esa cuidada puesta en escena y una bella fotografía los empiezo a sentir totalmente indiferentes, y pese a toda su bella estética tampoco estamos hablando de ningún hallazgo como el que había en El Arca Rusa. Cada vez que pienso en su interesante comienzo, con Fausto examinando un cadáver humano en busca del alma humana, pienso en su infierno final y su injustificado abuso del slapstick. Cada vez que intento pensar en algo que me gustaba de ella, me acuerdo con más facilidad de lo que me costaba mantener los ojos abiertos y estar pendiente del hilo de la película, y cada vez que pienso en lo interesante que era aquel Hitler de Moloch, pienso en lo absolutamente indiferente que me es el Fausto de esta su nueva obra.

No me cabe duda de que Fausto será muy venerada por toda la élite intelectual que encabeza Aronofsky, pero yo como alguien de a pie no puedo con ella y las sensaciones se van amargando cada vez que mi mente vuelve a la película, y es cierto que dentro de lo cabe Sokurov me parece un cineasta con ideas interesantes, y aquí también las hay, pero cuando el regocijo y el ensimismamiento que tiene la obra la hacen tan infranqueable, es inevitable acabar borrándose de ella y acabar componiendo una bonita banda sonora al coro de todos los ronquidos que inevitablemente se escucharán durante cada proyección.

Título Original: Faust Director: Alexander Sokurov Guión: Alexander Sokurov y Marina Koreneva Música: Andrey Sigle Fotografía: Bruno Delbonnel Montaje: Jörg Hauschild Interpretes: Hanna Schygulla, Maxim Mehmet, Georg Friedrich, Antoine Monot Jr., Katrin Filzen, Isolda Dychauk, Eva-Maria Kurz, Johannes Zeiler, Florian Brückner, Anton Adasinsky, Stefan Weber Distribuidora: Golem Fecha de Estreno: 02/03/2012