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Hay algo del George Clooney director que me fascina, y es su absorción del clasicismo. Bueno, la figura de George Clooney en sí me fascina, si echamos la vista veinte años atrás nos encontramos con que Clooney era poco más que una cara bonita que intentaba pasearse por películas de serie B y por series de televisión como Urgencias. Poco a poco, ese actor condenado a no ser nadie, ha acabado convertido no sólo en una de las personas más famosas del mundo, si no en un actor extraordinario, un guionista inteligente, un productor con un ojo audaz y un director brillante. Clooney no es un tipo con un talento innato, es un hombre que ha ido aprendiendo a labrar su propio camino, ha pasado de 0 a 100 en veinte años gracias a su perseverancia. Pero volvamos otra vez al Clooney director, como decía, es un tipo completamente clasicista, sus películas nacen viejas, es un cine que más allá del carisma que pueda aportar como actor no están hechas para interesar a nadie, ya sean obras maestras como Buenas noches y buena suerte o tan malas como Ella es el partido. Me aventuraría a decir que el George Clooney director tiene mucho de José Luis Garci, es su cine, es su mundo, bebe del cine clásico, pero tampoco es cine clásico, es cine completamente suyo, es lo que quieren hacer y es lo que disfrutan haciendo.

George Clooney;Matt Damon

Y sí, con Monuments Men pasa exactamente lo mismo que con sus anteriores trabajos como realizador. Es una película para nadie, una película para disfrute de George Clooney tras las cámaras y de su reparto delante de ellas. Porque estamos ante un thriller bélico muy clásico, con algunos toques de Doce del patíbulo, con la canallesca y el buenrrollismo de Ocean’s Eleven, un pastiche que es una película hecha hoy, pero que no pertenece realmente a ningún tiempo. Esta historia, basada en hechos reales y recogida en el libro Robert Edsel cuenta la historia de un grupo de historiadores del arte, que marcharon hacia Alemania en los últimos compases de la guerra para salvar las grandes obras de arte de la humanidad. Como un Salvar al soldado Rembrandt en toda regla. La particularidad de estos tipos es que no eran lo que se puede decir realmente los soldados que uno se puede imaginar, sino más bien cerebritos, en su mayoría pasados de peso y demasiado mayores, cuyo único objetivo era garantizar la conservación del arte, mientras que Hitler en Alemania empezó a robar todo el arte que encontró en su camino para montar el mayor museo de la historia de la humanidad, pero no sin antes dar la orden de que si algo le pasaba, se destruyeran todas esas obras, lo que sin duda hubiera sido uno de las mayores pérdidas que jamás hubiera sufrido la humanidad.

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Realmente el principal problema de Monuments Men lo encontramos en la pobre elaboración de sus personajes, es esto lo único que la impide ser una película mucho mejor. Es más, casi podríamos decir que apenas existen personajes, si no actores jugando a la guerra, y salvo puntuales momentos, como el encuentro en casa de Cate Blanchett con Matt Damon, la escena de la ducha de Bill Murray, o con la carta de Hugh Bonneville, no hay nada de intimidad sobre los personajes, algo que también dificulta a que esos pocos momentos de corte más emocional puedan ser mejores, pues no existe una complicidad espectador-personaje. Pero realmente, más allá de eso, Monuments Men acaba siendo una completa fiesta comandada por un George Clooney con un bigotito que acerca mucho su imagen a la de Clark Gable. Así, estructurada de manera completamente episódica, dejando a cada uno de los personajes crear sus propias hazañas bélicas por su lado, la película acaba circulando realmente bien, es amena, muy divertida, y sobre todo cuenta con un puñado de actores a los que se les nota que están disfrutando y pasándolo bien, y lo mejor de todo, son capaces de transmitir esas sensaciones a la gran pantalla.

Sí, es cierto que Monuments Men podría haber sido mejor, además su mensaje sobre la importancia en la conservación del arte es realmente interesante, y creemos que más de un político actual lo debería escuchar con atención. Porque al final la película se reduce drásticamente a eso, el arte es lo único inmortal y aunque no se recuerde a estos hombres que salvaron aquellas obras, la humanidad está en deuda con ellos. Clooney firma una película convincente, fotografiada en tonos verdes realmente bellos por Phedon Papamichael, que acercan a la película al tono de esas pinturas que deben salvaguardar. Pero la imagen de Papamichael también forma una interesante dupla con la pegadiza banda sonora de Alexandre Desplat, alegre y despreocupada, con un tono realmente pegadizo que nos recuerda a las de otras cintas bélicas como La gran evasión. Entre ambas ayudan a formar esa imagen de la película a galope entre lo artístico y la diversión, la evasión de la mano de la cultura.

Matt Damon;Cate Blanchett

Sin duda, Clooney es un tipo que se lo pasa bien trabajando, y se divierte, y nos contagia esa diversión, algo a lo que también ayuda tener a gente como John Goodman (de lejos lo mejor de la película), quizá echamos de menos a ese realizador portentoso que firmó en Buenas noches y buena suerte una película que contaba con una de las puestas en escena más sobrias y fascinantes de los últimos años. No, no es ese Clooney, pero es el mismo, el que hace la película que le da la gana y como le apetece, sin pensar en la industria, ni en los números, ni en los premios, sólo en pasárselo bien haciendo su trabajo, y mientras él se lo pase bien, seguro que nos lo hará pasar bien a nosotros.

Ficha técnica:

Título original: The Monuments Men Director: George Clooney Guión: George Clooney, Grant Heslov Música: Alexandre Desplat Fotografía: Phedon Papamichael Reparto: George Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Cate Blanchett, Bob Balaban, Jean Dujardin, Hugh Bonneville Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 21/02/2014