Shame es el segundo largo de Steve McQueen un londinense, negro y regordete que poco tiene que ver con el mítico protagonista de La Gran Evasión, ya su primera película fue toda un derroche de talento, la aquí inédita Hunger también protagonizada por Fassbender, la película contaba la huelga de hambre irlandesa de 1981, lo hacía de una forma cercana, con escenas larguísimas e interminables planos secuencias que no buscaban el efectismo, si no un manera sencilla y apasionada de desnudar a los personajes . Forma parte de ella una secuencia memorable, de esas que deberían ser estudiadas en las escuelas de cine, una larguísima conversación de más de quince minutos entre un recluso y un sacerdote, asentada en un plano fijo, inamovible, perfectamente organizado a base de puesta en escena bastante austera, dónde una mesa en medio supone una separación extrema, dónde el lenguaje corporal de Fassbender y Rory Mullen (el sacerdote) estaba milimétricamente estudiado por el realizador, y con un escena final, centrada en un cenicero que permanece en todo momento en el centro de la mesa, como una perfecta metáfora del desentendimiento. Aquello era lo que un tipo debutante era capaz de hacer, un perfeccionismo y un cuidado tratamiento visual que está a la altura de muy pocos.

Después del hambre llega la vergüenza, y lo cierto es que McQueen no hace más que afirmar todas las buenas vibraciones que ya quedaron patentes en su primera película. En ella el sexo se convierte en un arma adictiva, capaz de destruir a una persona, Fassbender es un hombre adicto al sexo con desconocidas, necesita sexo y porno a todas horas, pero es incapaz de mantener una relación sexual con alguien que conozca. Con la llegada de su hermana, Sullivan tratará de encontrar la forma de salir de esa adicción al sexo e incluso intentará encontrar la forma de encontrar la forma de mantener una relación formal. Todo esto le lleva a un fracaso que le suma en una ola de autodestrucción de la que le será complicado escapar.

Es posiblemente la parte final de la película, cuando llega esa autodestrucción a la que hacemos referencia la más visceral y radical de la película, dónde en forma de un acertado flashback empezamos a descubrir a un Sullivan ansioso, perdido, con una imperiosa necesidad de borrarse completamente del mapa. Al igual que ocurría con su primera en McQueen todo viene narrado a base de planos largos, eternos, también los primerísimos planos, todo lo que sirva para alimentar una sensación de cercanía y realidad, todo en Shame está milimétricamente estudiado, la pasionalidad que se erradica en la escena de la cena, la belleza que destila Carey Mulligan al cantar una versión de New York, New York en un primerísimo plano que magnetiza al espectador, el fantástico travelling de la huida de Sullivan, acabado, no casualmente ante la imagen de un semáforo destrozado que deja la silueta del paseante boca abajo. Pero lo mejor de todo es la interesante bajada de un personaje hasta lo más hondo del infierno, un viaje que le lleva hasta sentir pavor de su propio ser.

Shame no es una película apta para el grueso mayor del público, lejos de hacer del erotismo el germen de la misma, se convierte en algo terrible, horroroso, las escenas de sexo son horribles, terroríficamente atroces. La interpretación de este personaje derrotado por parte de Fassbender es de una exigencia física y emocional desgarradora, llevando en sus carnes todo el horror de este personaje que viaja por completo hacia el infierno (tal y como ocurría también con la primera película de McQueen). Estamos ante la confirmación de un talento en ciernes, de un hombre que de seguir así se convertirá en uno de los mayores referentes del cine europeo, esta vergüenza nos sobrecoge, nos atrapa y nos destroza por completo.

Título Original: Shame Director: Steve McQueen Guión: Steve McQueen y Abi Morgan Música: Harry Escott Fotografía: Sean Bobbitt Montaje: Joe Walker Interpretes: Michael Fassbender, James Badge Dale, Carey Mulligan, Nicole Beharie Distribuidora: Alta Films Fecha de Estreno: 17/02/2012