La fiebre por el baile ha vuelto, si en los ochenta nos inundaron películas como Fama, Flashdance, Dirty Dancing o Footloose, ahora lo que nos llegan son los remakes de todas éstas, en ocasiones remakes bastante justificados como en esta ocasión. Es indudable que la cinta de Herbert Ross sufrió factura por el paso de tiempo y vista hoy resulta una película bastante vieja de todas modos aquella ya era una cinta en la que había poco dónde rascar, una historia sencilla y bastante tontorrona realizada de una forma bastante simpática, quizá fue más trascendente el hecho de que fuera la película que lanzo a la fama a un jovencísimo Kevin Bacon que cualquier otro valor cinematográfico que exprimir del film.

Craig Brewer director de Black Snake Moan es el encargado de dirigir esta nueva adaptación, en la que a raíz de un trágico accidente que se cobra la vida de cuatro chavales al volver de una fiesta, se decidirá prohibir a los jóvenes bailar música moderna e incluso se les impondrá un toque de queda. Cuatro años después llegará al pueblo Ren (Kenny Wormald) proveniente de la ciudad y que ha tenido que llegar allí tras la muerte de su madre, cuándo el joven se encuentre con todas las prohibiciones impuestas en el pueblo se rebelara para defender el baile, su gran pasión.

El hecho de que Dean Pitchford, guionista de la cinta original, escriba también el guión de ésta a cuatro manos junto a Craig Brewer tiene mucho que ver para que la cinta consiga funcionar bastante bien e incluso tener un pequeño punto nostálgico que posiblemente se hubiera perdido tirando de una adaptación más actual tirando de música de Justin Bieber y High School Musical. Puede que quizá ese tratamiento le pueda ser bastante perjudicial a la hora de enfrentarse contra la taquilla, aunque no falten temas actuales, pero desde luego es perfecto a la hora de presentarse como una actualización totalmente valida que sustituya a la película original.

El problema nos lo encontramos cuando contamos con una historia, que como ya hemos dicho, es bastante floja y para más inri tenemos al guionista de la original, para lo bueno, pero también para lo malo, es muy difícil poder sacar algo interesante de todo esto y finalmente no lo consiguen. Es cierto que la película se ve de una forma bastante agradable y resulta bastante encantadora, pero no es suficiente, es incapaz de ofrecernos nada más allá de unos personajes estereotipados y en la que todo lo que va a pasar se ve venir desde bastante lejos. Un guión en el que como ya pasaba en la cinta ochentera no hay nada dónde poder rascar y lo que es peor, tampoco es capaz de mantener ese halo de inocencia que tenía la película de Herbert Ross.

Aún así y para que todo funcione lo mejor posible, Brewer se reúne de un reparto bastante desconocido pero muy carismático encabezado por la pareja formada por Kenny Wormald y Julianne Hough en los roles principales, aunque si hay que destacar a alguien en la película es a sus secundarios Miles Teller (al que hemos visto en la aquí todavía inédita Rabbit Hole) y Ziah Colon en los roles que en la original interpretaban dos actores que más tarde también llegarían a ser estrellas, el malogrado Chris Penn y Sarah Jessica Parker. Los papeles adultos que en aquella caían sobre John Lithgow y Dianne Wiest, aquí también recaen en dos viejas glorias como Dennis Quaid y Andie MacDowell.

Footloose es una película muy válida como actualización de un film que a los treinta años ya se siente más viejo de lo que debería y como la anterior es una película que pese a resultar simpática no tiene nada interesante que aportar. No cabe duda de que los fans de la de cinta de Ross disfrutaran lo mismo con ésta, y los que no al menos encontrarán una película que no llega a ser tan estúpida como se podría llegar a esperar y capaz de entretener durante hora y media.

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