No es la primera vez que Tom Hanks se sienta en la silla del director, ya lo hizo hace quince años con la más que entretenida The Wonders, una historia llena de nostalgia sobre un grupo de música y que aún a día de hoy consigue hacernos bailar al ritmo del That Thing You Do! Que dio nombre a la película. Mucho ha cambiado en estos quince años, Hanks ya no es el brillante actor que en los noventa gano dos Oscars de forma consecutiva, y que en cada película nos deleitaba con un maravilloso recital de actuación, ahora es un tipo acomodado, incluso podríamos decir que bastante vago, que no acepta ningún papel que requiera el más mínimo esfuerzo o implicación, perdido por completo, en cierta forma como también lo está el personaje protagonista que aquí interpreta.

Larry Crowne es un tipo que acaba de perder su trabajo por no tener estudios, está sin blanca, y decide apuntarse a la universidad comunitaria, siempre sin perder la sonrisa y el optimismo que le caracteriza un personaje extremadamente bonachón, cosa que ya vemos desde el principio cuando le despiden creyendo que van a elegirle empleado del mes, y que casi resulta como el niño grande de BIG, o la versión un poco más lista de Forrest Gump. Pero el tono buenrollista de este personaje no es una cualidad única, es algo que tienen todos sus secundarios, algo que le acaba restando bastante credibilidad a la cinta, y en momentos, aunque entrañables, llega a resultar bastante patético ver a esa panda de pandilleros en sus scooters. Pero aún así que en el nomina de secundarios nos encontremos nombres como los de Bryan Cranston, George Takei, Taraji P. Henson, Cedric The Entertainer o Pam Grier, consigue que con su buen hacer y la gracia que algunos de ellos tienen en su mera presencia nos acabemos encariñando completamente de todo aquel que aparece en la película.

Y es que en Larry Crowne no hay lugar para la crítica, pese a apoyar la trama principal en la demoledora crisis que nos asola ahora mismo, con una premisa con la que Ken Loach habría construido cine social sobre este hombre perdido, Hanks la trata con una sonrisa en la cara, y hecha para adelante sin frenos en esta fábula sobre empezar de cero. No quiere apenas tocar ni siquiera el evidente síntoma de crisis de los 50 que atraviesa su personaje, no quiere que sus protagonistas pasen nada malo, y por supuesto que se les imprima ningún tipo de maldad. El único que se acaba llevando algún tipo de represalia es el blogger porno-adicto (maldita hipocresía americana), que además no acaba de funcionar como antítesis del Crowne protagónico. El resto de los personajes son gente feliz, sin ningún problema en su vida, y los pocos que si los tienen lo solucionan rápido gracias a la bondad de los demás que no tardan nada en ofrecerles un brazo en el que llorar. 

Lo cierto es que esta Larry Crowne es una comedia a destiempo, cuando parecemos instalado en el constante mal gusto, a veces excesivamente forzado, que aparezca una comedia de estas características, apta para todos los públicos, es cuando menos sorprendente. Estamos ante una comedia blanca casi impropia de estos días, pero que al final, pese a todos sus fallos y la previsibilidad que claramente la imprime, acaba funcionando a la perfección, y lejos de resultar una cursilería (que lo es) de lo más empalagoso, consigue transmitir todo el buen rollo optimista y hacer que el espectador termine la película con una sonrisa en la cara.

Y desde luego que a Larry Crowne le faltan muchas cosas, le falta algún gag memorable, imágenes con fuerza, un diálogo digno de recordar o siquiera un chispazo entre sus dos protagonistas, algo que no se ve en ningún momento, y sin duda también podemos decir que en cierta forma es una película fallida, que Hanks, desde la comodidad en la que tiene parada su carrera actualmente, vuelve a no buscar ningún tipo de complicación y hace una cinta bastante minimalista, que se queda bastante lejos de su primera película. Pero pese a todos esos contratiempos, Hanks consigue una película de consumo rápida, apta para toda la familia, y que contagia un positivismo y un buen rollo que últimamente parece bastante difícil de encontrar en el cine actual. Desde luego que nunca recordaremos a Hanks como director por películas como ésta, lo que queda por ver es si al igual que sus The Wonder se queda en un director de “one-hit wonder” o si por el contrario es capaz de ofrecernos algo más desde detrás de las cámaras.

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