El western es un siempre se ha prestado muy bien a la mezcla de géneros, precisamente por ser un género con un estilo y una imagen tan marcado, es con el que más fácil se puede jugar y por supuesto se presta fácilmente a crear un gran contraste. Desde Billy The Kid vs Dracula a Wild Wild West, pasando por Almas de Metal o la fantástica serie de Joss Whedon: Firefly, son algunas de las que han llevado la ciencia-ficción, al lejano (o futurible) oeste, con mayor o menor suerte.

Cowboys y Aliens (No puedo evitar que ese “versus” que ha desaparecido del título en su versión española me resulte mucho más divertido) no engaña a nadie desde su título, es lo que es y ya está, un pastiche de géneros, una película que tiene cowboys y aliens, y desde luego en ese aspecto nadie se va a poder quejar.

La verdad es que en su arranque es capaz de sorprender, ya que sus veinte minutos iniciales son dignos de cualquier western, y hasta el personaje de Daniel Craig consigue intrigar al espectador. Y junto a esto, el ataque alienígena está rodado de una manera de lo más efectiva, y resulta una escena bastante interesante.

Claro que después de esto se ven con una película bien armada pero con la que no tienen ni puta idea de cómo continuarla con la más mínima seriedad y decencia, y que no se desarme por su propio peso, así que optan por la solución fácil, lo que realmente pide el título, tomarse poco en serio así mismo.

Y así, una vez que empieza esa galopada, empieza el despiporre, momentos tan fantásticos como esa hoguera india o todo el tinglado final provocan grandes carcajadas. Las miradas y silencios de Harrison Ford y Daniel Craig son memorables, y si, funciona muy bien también de esa manera.

Los invitados al convite, también resultan de los más divertido, los indios son fantásticos, los extraterrestres no se podían haber diseñado de una manera más cómica, a medio caballo entre trolls de las cavernas y los de Alíen, sus robots araña voladora con látigo no se quedan atrás. Y por supuesto el misterioso brazalete que calza Daniel Craig, que parece salido de la serie de televisión Ben 10.

Por supuesto cada situación está forzada al máximo, cuando creías que la tuerca no podía girar más, aún le dan otra vuelta, pero sobre todo siendo muy consciente de lo que hacen, algunos detalles son realmente fantásticos –atención al motivo por el cual los extraterrestres deciden atacar la tierra– y podría haber sido una película la mar de divertida si se hubiera conformado con eso, pero hay momentos en los que Favreau parece que quiere ir más allá, y se pasa demasiado.

El realizador neoyorquino parece empeñado en seguir tornándola más y más y hacer que la película adquiera un tono de serie b, y no solo lo consigue, si no que en algún momento es para tirarnos de los pelos, esos flashback en color pastel resultan bastante sobrantes. Lo mismo ocurre con los molestos destellos azules de los extraterrestres, en general toda la fotografía e iluminación están bastante desacertadas, pasando drásticamente de escenas demasiado oscuras a otras excesivamente claras, resultando bastante incomodo.

Conocedora de sus defectos (o la mayoría de ellos), la película no engaña a nadie y da lo que ofrece, diversión a raudales, podría haber sido un pelín mejor, pero se le perdona porque además se permite el lujo de regalarnos un inicio que desde luego está lejos de lo que cabía de esperar. Además, una peli que tiene cowboys y aliens y salen Indiana Jones y James Bond tiene que molar por cojones, y sí, mola. Joder, ¡si hasta podemos pensar que es la conclusión lógica al final de La Calavera de Cristal!

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