Alabada por el premio del público en el festival de Málaga, y de la mano de Borja Cobeaga, llega a nuestras carteleras la primera película del tándem formado por Borja Manso y Marcos Cabotá. Una comedía que al menos prometía ser algo y fresco, y por el punto de partida tomado, también cabía esperar algo de mala leche y crítica contra ese medio, tan horrible (casi siempre), como es la televisión.

Bien, pues lo uno, ni lo otro. La película no resulta para nada algo novedoso, tira de los clichés y tópicos de siempre. Esto se podría perdonar, si al menos hubiera algo de crítica contra el medio, pero no, “Amigos” no es más que una comedía blanca, políticamente correcta, y sin ni siquiera dejar rastro de la mala uva y el humor negro que una premisa como esta pide a gritos.

Tras unos créditos geniales –sin duda lo mejor de la película –, pasamos a una torpe presentación de los personajes, que se alarga durante una media hora extenuante. Todo su desarrollo peca de ser terriblemente previsible, y resulta demasiado fácil ir por delante de la película, y aunque queda lugar para algún buen momento, estos escasean, y se hacen complicados de encontrar.

Y es que ese mar televisivo que nos muestra la película (y que por desgracia no difiere mucho del de la realidad), en el que absolutamente todo vale, sus creadores encuentran la excusa perfecta para volver a armar los chistes de siempre, y es que al final todo llega de exprimir al máximo los choques de todo tipo, tanto generacionales como culturales. Pocos son los chistes que realmente funcionan, y pocas también las escenas bien montadas, de la quema, prácticamente solo se salva la genial escena en la plaza del Sol.

La película no tiene ritmo ninguno, y es que sus directores se olvidan de algo tan imprescindible como esto a la hora de hacer comedía, para demostrar su buen hacer detrás de las cámaras y su conocimiento cinéfilo. Nos dan momentos tan innecesarios como esa salida de la comisaría, dejando por el camino una referencia a “Magnolia”, excesivamente obvia y metida con calzador. Por no decir, que su brusco giro final es una descarada copia del final de “The Game” de David Fincher, al que hay que incluirle la insufrible sesión de moralina totalmente prescindible.

La sensación de desaprovecho llega también hasta su trío protagonista, con interpretaciones muy por encima de lo que la película exige. En especial un Ernesto Alterio, totalmente pasado de rosca y que consigue ser más divertido él, que su propio personaje.

“Amigos”, es más lo que pudo haber sido, de lo que en realidad es. En lugar de esa crítica contra la telebasura que pedíamos a gritos, se queda en un pequeño homenaje a esa cadena desaparecida de mi televisor. Es un blanco, que debía ser negro. Es una mala leche digna de “Aquí no hay quien viva”. Son los ‘Hamijos’, que no llegan ni a Amigos.

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