Llega el segundo día del Festival de Sitges y con él la nueva película de Quentin Dupieux, un habitual del festival. Mandibules es uno de los filmes más esperados de esta edición, sea por la peculiar premisa o por los cada vez más fans del director y productor musical francés.

Cuando dos patanes, Manu (Gregóire Ludig) y Jean-Gab (David Marsais) se encuentran una mosca gigante, viva y atrapada dentro de un coche, ambos deciden entrenarla para ganar dinero con ella.

Es mi primer acercamiento al cine de Mr. Oizo y no podría ser mejor. El noveno filme del realizador es una buddy movie que sigue la base de muchas otras películas del estilo, dándole un giro y experimentando con su estructura para crear situaciones hilarantes e icónicas.

Tenemos a dos amigos inseparables, pobres y poco avispados, uno más lanzado y el otro algo más sensato, que se ven envueltos en una aventura que cambiará sus vidas y les hará darse cuenta de qué es lo realmente importante. Hasta aquí podríamos hablar de muchas películas predecesoras que plantean esto mismo, pero ninguna con la estructura alocada y casi experimental de esta película.

El planteamiento es ridículo, pero Dupieux consigue llevar un tono coherente y muy peculiar que es a la vez algo transgresor y accesible para el público de una forma extraña. El espectador se ve envuelto en una doma de una mosca gigante mientras los protagonistas van intentando conseguir comida y un lugar para poder vivir. A partir de ese momento, el guión nos regala casualidades ridículas y divertidísimas que en otro mundo fílmico hubieran sacado al espectador de la pantalla, pero en el mundo de Oizo parecen totalmente coherentes.

Dupieux, cual autor total, dirige, guioniza y fotografía este filme en el que hay momentos que parece que se va a derrumbar y a hacerse pesado, pero siempre resiste. Destacan los secundarios de lujo, en especial quien la vea siempre se acordará del trastornado personaje de Adèle Exarchopoulos, lo más divertido de la película. También del peculiar saludo entre los dos personajes. Mandibules concluye con un final coherente y no por ello menos impresionante, en el que acabas pensando como han conseguido que un planteamiento tan absurdo acabe en un final tan bello en su bizarra forma.

En definitiva, Dupieux consigue crear otra locura que pasa volando y que no es para todos los paladares, pero que te arrastra a su mundo y no deja nunca indiferente.

Crónica escrita por Jaume Maneja