Un año más el municipio de Sitges se viste de gala. El Meliá extiende su alfombra roja, se montan las tiendas de merch y, en la playa, las letras construyen el cartel de la quincuagésimo tercera edición del «Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya». Nos espera un evento largo y emocionante con el ambiente característico del festival de terror y fantástico más importante del mundo.

Vicious Fun

La inauguración de la sección «Panorama Fantàstic» va a cargo de la canadiense Vicious Fun, que es la película perfecta para empezar un festival como Sitges. Un crítico especializado en terror, una terapia para asesinos en serie, un payaso, un psicópata con máscara y machete, un caníbal… Vicious Fun propone una comedia negra con un guión muy bien estructurado y con detalles metacinematográficos muy divertidos.

La base del efectivo humor viene de las situaciones de suspense creadas por este desventurado protagonista, encarnado por un gran Evan Marsh y su interacción con unos secundarios de lujo: Amber Goldfarb, Ari Millen y Julian Richings, este último el mejor payaso que me podría imaginar. Todos estos elementos favorables encajan en un marco «ochentero», que recuerda a la magia de las mejores aventuras que el séptimo arte nos dio en esa década. Una nostalgia muy bien llevada que supera a la gran mayoría de obras que también juegan a revivir el espíritu de la época.

Destacan también la fotografía, el arte, la música y la batuta de Cody Calahan, un hombre al que tendremos que seguir los pasos a partir de ahora. Vicious Fun sabe a lo que juega pese a no aportar nada demasiado nuevo: a ser una mezcla encantadora y divertida entre comedia negra y terror con mucho amor al género, algo que en este festival muchas veces se premia más que el riesgo.

Península

Empieza la Sección Oficial con Península, la secuela de Train to Busan que estuvo seleccionada en el, por desgracia, no celebrado, Festival de Cannes.

La película de Yeon Sang-ho es un filme de acción trepidante como su predecesora, pero bastante más convencional. Blumhouse nos trae una historia postapocalíptica sobre unos personajes atormentados por la culpa, que van a tener que cumplir una misión en un lugar infestado de zombies y enfrentarse a los verdaderos villanos: los humanos.

Península es grandilocuente como los más potentes «blockbuster» pero, a la precuela le sentaron mejor las vías del tren que las cuatro ruedas sobre las que transita esta vez. La tensión se mantiene durante las casi dos horas de película, con una dirección y planificación que rebosa talento al mostrar la acción de una forma clara y a la vez tensa. No obstante, el guión transita por tópicos y tiene inclinación a la emoción impostada por una música algo genérica.

Su estilo visual sombrío parece más una técnica para intentar enmascarar la cantidad de elementos generados por ordenador que un recurso cinematográfico potenciador, y es esa característica el que hace que la película pierda la magia que podía haber tenido: la falta de creatividad en la narración audiovisual. El filme coreano es cine de entretenimiento efectivo y con elementos que pueden encandilar a más de uno, pero que claramente no se quedará en la memoria colectiva.

Crónica escrita por Jaume Maneja