Sexto y séptimo día del festival, hemos pasado el ecuador y cada vez nos queda menos para despedirnos. Han sido un par de días curiosos viendo la historia de una ninfómana que se masturba con hortalizas (Wetlands), la fallida Annabelle o el documental carcelario Truth has fallen, que es la típica historia de siempre de presos inocentes condenados al corredor de la muerte, pero vestida con animación que lo acerca al vídeo arte. Sin embargo, reservo las crónicas de estos días a tres películas destacables por su juego con la forma cinematográfica: la iraní Fish & cat, rodada en un sólo plano secuencia de más de dos horas, Adieu au langage, la nueva película de Jean-Luc Godard, y Réalité, el nuevo experimento de Quentin Dupieux.

Fish & cat

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Una de las películas más complicadas del festival, la iraní Fish & cat plantea un experimento en forma de plano secuencia de más de dos horas. Un ejercicio de estilo plásticamente muy interesante, mezclando varias historias en una misma línea argumental, rompiendo con el elemento temporal, resuelto normalmente mediante montaje paralelo. Fish & cat es un complejo ejercicio de estilo con una coreografía muy medida, que va introduciendo historias a medida que la cámara se mueve y las va abandonando y recuperando según le conviene a la narración. Un intrincado puzzle narrativo que desgraciadamente queda vacío por un guión más bien pobre. Una historia demasiado alargada que parece no llevar a ninguna parte por momentos. A pesar de esto, el final da pie a varios debates. Debates en grupos íntimos porque no había nadie en la sala.

Adieu au langage

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Ferran Adriá ha hecho mucho daño, no sólo al mundo de la cocina, sino que su fama se ha extendido hasta el mundo del cine. Y esto le ha llegado a Godard que, pagado de sí mismo, ha pretendido romper la baraja con esta especie de deconstrucción cinematográfica de la historia de una pareja y sus problemas cotidianos. Al menos Godard cumple con la premisa inicial: adiós al lenguaje. Un adiós matizado, ejecuta una concatenación de recursos narrativos que va solapando en una especie de collage narrativo. Planos 3D que mantiene en la visión izquierda mientras que la visión derecha ejecuta una panorámica lateral yendo y volviendo al punto de partida, audio desincronizado, 3D mal enfocado, ruido, silencio…

Esto culmina en una película ensordecedora, molesta, excesiva, reivindicable, pero sobre todo pretenciosa. Godard crea una película más propia de un museo o una barraca de feria. No debemos olvidar que el cine, ya sea el modelo colectivo de los Lumière o el individual de Edison, nació como una barraca de feria y Godard, tomando prestada la conceptualización de las primeras obras de los pioneros, ha optado por cerrar el círculo, su círculo, tomando prestados algunos de sus recursos para armar Adieu au langage, pieza de un sólo visionado, más digno de un museo que de una sala de cine.

Réalité

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La película menos normal de Quentin Dupieux hasta la fecha. Sí, más complicada que Rubber y todo. En esta cuarta entrega, Dupieux concibe una matrioska cinematográfica compleja, experimentando sobre todo con el tiempo y la cuarta pared. Cine dentro del cine dentro de la televisión. Acaba siendo una película formada por varias capas temporales y narrativas que terminan hablando entre sí y en que ya no sabes cual es un sueño y cuál es la realidad. O incluso si alguna es real y todo es sueño. Con una banda sonora bastante monótona, Dupieux, también conocido como el productor musical Mr. Oizo, consigue crear la atmósfera necesaria para absorber al espectador en una historia que de primeras es difícil de comprender. En esta nueva ocasión, Dupieux sigue demostrando una forma fantástica para experimentar con el tiempo y la narrativa, creando un discurso original e importante.