Ha sido una década difícil para la Berlinale en relación a las elecciones del Oso de Oro, hace tiempo que cualquier película ganadora del festival alemán es sinónimo de obra divisiva, no solo por como se suelen decantar por propuestas más autorales, sino por la desconexión entre público y jurado. Este 2019, la película de Nadav Lapid no ha sido una excepción. Si bien, no es una obra transgresora y para algunos ofensiva como fue Touch Me Not, el cine social con visión autoral del realizador israelita no solo no convence a todos por igual, sino que hay personas que lo tachan de imitar demasiado a Godard o de dar un mensaje de forma tosca.

Yoav es un joven israelí que llega a la capital francesa con grandes expectativas, decidido a deshacerse de su nacionalidad lo más rápido posible. Convertirse en francés, por otra parte, simplemente significaría su salvación. Empieza decidiendo no hablar una sola palabra de hebreo y evitando ir a la embajada israelí. Una joven pareja francesa con la que tiene una relación bastante peculiar intentan ayudarlo…

Nadav Lapid se basa en sus experiencias intentando empezar en un nuevo país para escribir un film que, si bien tiene elementos muy interesantes de dirección y algunas escenas realmente memorables, acaba perdiendo fuelle en unos excesivos 123 minutos. Sinónimos retrata un país acogedor en la superficie pero con un subtexto hostil, con personajes que usan al protagonista por su matiz exótico, para regocijarse de ser occidentales y a la vez un país lleno de personas individualistas que ignoran al inmigrante. El guión empieza capturando tu atención en la genial primera secuencia, pero los repetitivos simbolismos que aluden a esta crítica social se hacen toscos y da la impresión que el israelí pretendía hacer algo más sutil y matizado para acabar transmitiendo un mensaje más simple de lo que tenía en mente, pese a momentos de genialidad, como en las clases para obtener la ciudadanía francesa.

Tom Mercier hace un gran papel en un rol muy exigente, y, pese a eso, es extremadamente difícil tener como espectador empatía con un personaje oscuro, sobre el cual sabemos por indicios lo que ha llegado a sufrir, pero que su violencia reprimida y su, en cierta forma nacionalismo por un país al que no conoce pero cree amar, hacen que el público no siempre esté con él, cosa que afecta en el gusto que te llevas al salir de la sala de cine.

Lapid firma un film que aprovecha esa factura entre el documental y la Nouvelle Vague y que tiene verdaderos destellos de competencia en la planificación, pero la decisión de tomar un punto de vista distanciado hará que muchos se desconecten. Pese a sus puntos fuertes, como las actuaciones, dirección y fotografía y sus flojos, la película no cae en ningún momento en la mediocridad, es una obra que busca expandir sus límites y hacer algo diferente que difícilmente puede ser olvidado, y eso solo puede ser motivo de aplauso.  Hay que dejar claro que esta obra es cine de autor exigente y muchas veces desagradable, un viaje duro, pero nunca un viaje que has hecho en vano.

Crítica escrita por Jaume Maneja

Título original: Synonymes Director: Nadav Lapid Guión: Nadav Lapid, Haim Lapid  Música: Shai Goldman Fotografía: Shai Goldman Reparto: Tom Mercier, Quentin Dolmaire, Louise Chevillotte, Uria Hayik, Olivier Loustau, Yehuda Almagor, Gaya Von Schwarze, Gal Amitai, Idan Ashkenazi, Dolev Ohana Distribuidora: La Aventura Audiovisual Fecha de estreno:  14/02/2019