Películas como las de Roy Andersson (o al menos las que hace desde su regreso al cine y al largometraje de ficción en el año 2000) siempre van a ser diferentes de la inmensa mayoría de las películas que se estrenen en la misma época, y esta última no es una excepción. Cualquier otra película que esté en cartelera que sea intimista y retrate situaciones ordinarias, habituales, que les suceden a personajes también comunes, intenta normalmente ponernos en la piel de los personajes, y no solo que entendamos sus pequeños dramas, sino también que los sintamos en nuestras entrañas.

Obviamente, Andersson no es el primer director que busca lo contrario, un distanciamiento emocional que permita el análisis frío de las circunstancias sin la intromisión de los sentimientos que inclinen nuestras simpatías hacia uno u otro lado; pero sí es el director que aplica la mayor distancia, y su distanciamiento alcanza proporciones cósmicas. Tan lejos se pone emocionalmente (aunque a veces también físicamente) de las situaciones que retrata que, en la distancia, todas se vuelven más o menos del mismo tamaño, un tamaño muy pequeñito. Casi, digamos, adopta el ojo de un dios algo impasible, al que, en medio de la eternidad e inmensidad del cosmos, le parece igual de poco importante una dramática muerte que un mero desencuentro con un antiguo compañero de colegio. Con esa distancia, más que pedirnos que analicemos una determinada circunstancia minuciosa y fríamente, nos hace preguntarnos sobre su importancia real y, por extensión, sobre la importancia real, o más bien la poca importancia real, del ser humano. Desde Hitler viendo como su degenerado plan se derrumba ante la victoria aliada hasta un camarero derramando el vino sobre un comensal, quizá todo sea en el fondo igualmente banal.

Y, sin embargo, por una extraña alquimia, las películas no se vuelven ni frías ni increíblemente deprimentes. El mismo distanciamiento que nos hace preguntarnos si nada de lo que nos pasa le importa a alguien, incluido Dios, le da a todo un cariz humorístico y entrañable, como si observáramos a unos conejos en su jaula haciendo cosas que no entendemos y nos parecen absurdas, pero aun así monísimas y graciosas. Dice Andersson en las notas de prensa, que busca algo así como que la conjunción perfecta de técnica e inspiración produzcan poesía, y realmente lo consigue: un padre atando a su hija pequeña el cordón del zapato en medio de una lluvia torrencial puede no importarle nada a Dios o al mundo o a nadie, pero sigue siendo tierno y esperanzador. Quizá sea absurdo tener esa esperanza, pero aun así la sentimos.

Desde Canciones del segundo piso, puede que Roy Andersson esté haciendo la misma película una y otra vez, pero sigue siendo atractivo (además de un placer) verlas. Sobre lo infinito es más de lo mismo: cada situación filmada de la misma manera es distinta, pero a la vez es tan igual a muchas situaciones de la vida y de otras películas, que contemplarla con los ojos de Roy Andersson, o con los ojos de ese dios impasible que nos propone que seamos durante 75 minutos, la vuelve nueva. Si cada cinco años, más o menos, podemos pararnos un ratito y contemplar lo que vivimos desde esta perspectiva que una y otra vez nos propone el sueco, no debemos dejar pasar la oportunidad. Cuando, en un bar desangelado, en una heladora mañana sueca, con todo el mundo adormilado y en silencio, un viejo loco grita que todo es maravilloso, la mirada de Andersson nos hacen verlo a la vez como algo inquietante, divertido, ridículo y tierno. Quizá, también, y dándole la razón al propio viejo, maravilloso. Conseguir que, a través de una puesta en escena, dirección artística y de actores milimetrada, y de una calculadísima distancia y quietud de la cámara, las cosas nos parezcan distintas, y las veamos con otros ojos, no es solo uno de los objetivos del director, sino una de las misiones del cine mismo.

Título original: About Endlessness Director: Roy Andersson Guión: Roy Andersson Música: Nicolas Jaar Fotografía: Gergely Pálos Reparto: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Santiago Cabrera, Giannina Fruttero, Catalina Saavedra, Eduardo Paxeco, Mariana Loyola, Paola Giannini, Antonia Giesen, Josefina Fiebelkorn, Susana Hidalgo Distribuidora: Golem Fecha de estreno:  24/01/2020