A nadie miento si reconozco que Luc Besson es uno de esos directores que yo considero de mis predilectos. Es cierto que en los últimos años parecía haber perdido la esencia de aquello que un día lo hizo único y testigo del postmodernismo, antes incluso de que se convirtiera en una corriente a imitar (a menudo) sin un atisbo de originalidad. Pero como se suele decir “él que tuvo, retuvo” y Besson regresa a casa y a un género que pocos dominan como él, para demostrar que no estaba muerto, sino que estaba de parranda.

Desde su destacable debut en 1985 con Subway, en donde ponía a la leyenda Isabel Adjani en el ojo del huracán, Luc Besson ha demostrado su más que notable talento para retratar a mujeres fuertes y empoderadas en el género de acción, mucho antes ya de que el cine siquiera empezase a fijarse en ellas como algo más que un florero o comparsa del macho de turno. Desde entonces y a lo largo de más de dos décadas ha dejado claro en diversas producciones como Nikita, dura de matar (1990), El quinto elemento (1997), Juana de Arco (1999) y la prodigiosa Lucy (2014) que sus heroínas son capaces de todo y que pueden estar incluso sexualisadas (que no cosificadas) y partirte la cara sin despeinarse siquiera.

Anna es tal y como su premisa, póster y tráiler advierte un refrito de Nikita y Lucy pero ¿y qué importa si está cojonudamente bien hecha y además es entretenida? Besson al igual que le pasa a otro de sus coetáneos como Quentin Tarantino, al llegar a su madurez cinéfila recicla todos y cada uno de sus fetiches y obsesiones que le confirman como un director tan irreverente como solvente. Su prodigioso dominio de la acción y sus perfectas coreografías de batalla han dado lugar a títulos que funcionan como claros homenajes o inspiración como Atómica (David Leitch, 2017) sin ir más lejos.

Bajo las pasmosa belleza de Anna Poliatova (Sasha Luss), Besson construye una enrevesada trama de espionaje internacional y hostias, muchas hostias, que ponen una vez más de manifiesto la capacidad de una mujer para estar sola al frente de un relato de acción. Su hipnotizante mirada y su imponente físico sirven como excusa para realizar una pequeña radiografía de lo superficial del mundo de la moda, que su director aprovecha para retratar la cultura pop que tanto le obsesiona y que tan bien sabe homenajear. Eso durante el  primer y desconcertante primer acto del relato, luego la cinta pasa a convertirse en un sensacional thriller de acción y un estiloso y vertiginoso juego de espías que podría verse como la versión pop de la interesante, pero quizá demasiado sombría Gorrión rojo (Francis Lawrence, 2018).

 

A la imponente modelo metida a actriz Sasha Luss, le acompañan también el sexy tándem formado por Luke Evans y Cillian Murphy, bajo la atenta supervisión de la veterana Helen Mirren que interpreta a la jefaza de la KGB y que es uno de los mejores platos fuertes de esta disfrutable producción, que bien podría ver el señor Kevin Feige y dar de una puñetera vez un encargo del UCM a Luc Besson. Después de todo, él retrató antes que nadie las muchas habilidades como protagonista de acción de Scarlett Johansson en Lucy (2014) antes incluso de que que Viuda Negra fuese hacerse realidad en solitario.

Anna es de lejos unas de las películas con la que mejor me lo he pasado en lo que va de año y es un muy disfrutable ejercicio de acción postmoderno que más se disfruta cuanto menos te la tomas en serio como espectador. El juego que en ella propone Luc Besson es sencillo y claro y si entras en él te lo pasarás como un puñetero niño.

Título original: Anna Director: Luc Besson Guión: Luc Besson  Música: Eric Serra Fotografía: Thierry Arbogast Reparto: Sasha Luss, Helen Mirren, Luke Evans, Cillian Murphy, Eric Godon, Eric Lampaert,Pauline Hoarau, Avant Strangel, Jan Oliver Schroeder, Rupert Wynne-James Distribuidora: eOne Films