Hay una creencia popular muy extendida sobre que los artistas para poder crear su gran obra maestra tienen que haber vivido intensas experiencias vitales que le ayuden a tener una visión única en la que plasmar todo su ser. Partiendo de esa base no era de extrañar que la vida de Mary Sheelly fuese cuanto menos apasionante para crear a la corta edad de 20 años, una de las obras más importantes de la literatura universal como es Frankenstein o el moderno Prometeo. Esta película va sobre eso, sobre las experiencias y los traumas que empujaron a la artista a desarrollar una compleja obra que desafío todos los estereotipos hasta el momento.

Mary Shelley, es desde luego y ante todo momento una película necesaria, pero quizá no la película que ésta historia se merecía. La directora Haifaa Al-Mansour (La bicicleta verde, 2012), dirige y coescribe el guión de la apasionante vida de Mary Shelley, escritora e hija del filósofo de renombre Stephen Dillane y la escritora, filósofa e impulsora del movimiento feminista Mary Wollstonecraft. Una historia marcada por la rebeldía y un temprano e intenso amor, que resulta ser el elemento principal escogido por su autora para basar toda la narrativa del film.

Su fiel retrato del amor gótico elevado a su máxima representación es indiscutiblemente exquisito, es fácil y por momentos sofocante empatizar con los sentimientos que sufre la Mary Shelley que interpreta fantásticamente la portentosa Elle Fanning. Su recreación y entrega al personaje es absoluta y el espectador puede llegar incluso a compartir su pesar y necesidad de expresión, sentimientos que confluyen en una catarsis artística que da como resultado una obra que a día de hoy, tres siglos después sigue siendo única. El problema de la producción por así decirlo es que Al-Mansour opta por explicar una a una las causas y orígenes que llevaron a Mary Shelley a crear la obra recreándose en ellas, en lugar de mostrar cómo su personaje vislumbra a la criatura por primera vez y como la dota de realismo y vida. Su propósito es únicamente mostrar un retrato del amor gótico y en ningún caso es una mala idea, su trabajo es muy loable, pero no creo que se corresponda con el material que el espectador espera de esta historia.

Mary Shelley funciona del mismo modo que lo hizo la encantadora La joven Jane Austen (Julian Jarrold, 2007) a la hora de realizar un análisis de la juventud de una artista y de cómo su vida se vió reflejada en su legado artístico, aunque claramente el tono es ligeramente más oscuro en ésta película. Decisión acertada si no hubiera relegado a última estancia la escritura de la novela. Probablemente hubiese sido una idea más acertada haber plasmado los hechos acercándose al punto de vista retratado en Remando al viento   (Gonzalo Suárez, 1988), film que también se basa en los mismos años de la vida de Shelley pero conectado mucho más con el proceso de creación de Frankenstein.

Aunque sin duda la película cuenta con un buen par de aciertos y grandes decisiones artísticas. La primera una evocadora y preciosa banda sonora con una partitura que corre a manos de Amelia Warner, además de una cuidada puesta en escena y bonita fotografía y un detallado dibujo de los personajes secundarios, que tienen el mismo trato y mimo que los personajes principales del relato. Mary Shelley se entenderá por muchos como una película que desaprovecha sus muchas bazas, pero es también a la vez una forma muy bella de adentrarse en los comienzos del movimiento feminista con una protagonista al frente que merece todos los elogios posibles.

Título original: Mary Shelley Director: Haifaa Al-Mansour Guion: Emma Jensen, Haifaa Al-Mansour Música: Amelia Warner Fotografía: David Ungaro Reparto:   Elle Fanning, Douglas Booth, Bel Powley, Maisie Williams, Joanne Froggatt, Tom Sturridge, Stephen Dillane, Ben Hardy Distribuidora: Filmax