Charlie Brooker estrenó Black mirror en 2011 para la cadena británica Channel 4 hasta que, tras el gran éxito de la serie, en 2016 empezó a ser emitida en Netflix. El éxito de esta distopía satírica proveniente del Reino Unido se debe a su capacidad atmosférica de generar ansiedad y a su capacidad intelectual de generar verdadero terror; todo ello orbitando alrededor de la tecnología y de sus nefastas consecuencias para el ser humano. La serie afirma en su cuenta oficial de twitter: “Nuestro trabajo es describir lo que te está pasando lo mejor que podamos” Toda una declaración de intenciones que continuará su, ya, larga trayectoria el 29 de diciembre con seis nuevos episodios en Netflix.

Blanca navidad se estrenó en 2014 bajo la dirección de Carl Tibbets y el guión del propio Brooker. Se trata de un telefilm especial de Black mirror en el que se narran tres historias cruzadas protagonizadas por Jon Hamm (interpretando a Matt), Rafe Spall (Interpretando a Potter) y Oona Chaplin (Interpretando a Greta). En medio de la nada, dos hombres (Matt y Potter) charlan en navidad sobre el motivo por el que están encerrados en una cabaña en medio de ningún sitio. No se conocen de nada pero Matt le cuenta a Potter que está allí encerrado por ser un gurú que hablaba en los oídos de personas que contrataban sus servicios para ligar y no haber dado parte de un crimen que él contempló realizando esa profesión ilegal. Un cliente de Matt fue asesinado siguiendo sus consejos de ligoteo diurno y es entonces cuando su mujer le “bloqueó”.

Podríamos relacionar, casi al instante, el bloqueo de personas con el bloqueo de whatsapp; sin embargo, el bloqueo de este capitulo futurista y distopico (que resulta bastante familiar) es en extremo más diferente: es un bloqueo real, físico y literal. Matt se dedica a encerrar a “copias” de personas, pagadas por la propia persona, para que su copia les sirva como esclavos introducidos en el interior de una especie de huevo que encierra a las copias para obligarles a trabajar. Son solo copias, códigos, pero se sienten como personas reales, como si fueran “el original”. La tecnología como esclavitud humana echa códigos.

A la par, conocemos la historia de Potter, quien fue bloqueado por su mujer al tener una discusión debido a un embarazo inesperado. Él, a favor del nacimiento y ella del aborto del bebe, acaba siendo bloqueado para siempre por su mujer de una forma cruel. El bloqueo impide que él pueda verla, oírla, tocarla…incluso verla en fotos. Solo ve un garabato gris al ver la figura humana de su, ya antigua, mujer. Esto llevó a Potter a una situación enfermiza y obsesiva por vigilar a su mujer y a su hija (que finalmente tuvo) llevando todo esto a una situación de acoso que no llega del todo a materializarse debido al bloqueo que Potter sufre. Potter tampoco es capaz de ver a su hijo, ni siquiera de saber el sexo del mismo ya que el bloqueo de su mujer también bloquea a su descendencia.

De esta forma, la psicosis obsesiva de Potter sigue en aumento hasta que un día, años después del bloqueo, su ex mujer muere y, con ella, el bloqueo. Ello lleva a Potter a ir a buscar a su hija y poder ver su rostro. Es entonces cuando descubre que su hija es de una raza distinta a la suya por lo que descubre también que lleva años sufriendo un bloqueo que casi le cuesta la vida y la salud mental por una mujer que no solo le había bloqueado de manera cruel, sino que le había engañado con otro hombre teniendo una hija ilegítima. La traición y el dolor llegan hasta límites elevados en Potter y acaba matando a su suegro en pleno estado de shock. Potter, por supuesto, alcanza un estado digno de lástima, violencia y patetismo que le lleva a una depresión prologanda que le llevó a cometer dicho crimen. Todo ello, por supuesto, ocasionado en nombre de la tecnología, el progreso y la “seguridad”.

Las copias de uno mismo, que se encuentran funcionando en el cerebro humano, se denominan “galleta”. A través de una sencilla operación se puede extraer una copia del disco duro de nuestro cerebro (la galleta) para hacer con nuestra “copia” lo que se desee. La galleta, introducida en un huevo o similar, sirve para dar conciencia a nuestra copia y usarse para intimidar a la misma, esclavizarla, interrogarla…lo que se desee. De este modo, se puede jugar con el ser humano sin ninguna ética y sin manipularlo ni hacerle daño…de forma física a la persona real, claro.

Lo interesante de todo esto es ¿Podría reducirse al ser humano a un mero número de códigos? Planteando la tortura como tortura tecnológica, Brooker, escribe un guión en el que nos muestra lo que podría convertirse una celebración navideña. En la venganza del poder policial contra la delincuencia usando la tecnología como objeto de tortura psicológica. Esto puede verse en la frase que responde una agente de policía, a cargo del caso de Potter, cuando le preguntan qué hacer con la copia de Potter que ha confesado el crimen de su suegro sin ser del todo él mismo: “No lo desconecte, déjelo encendido por navidad”. Es ahí cuando programan la copia Potter para que perciba cada minuto del mundo real como mil años; entonces dejan activada esa función todo el día de navidad escuchando la canción I Wish It Could Be Christmas Everyday . Percibiendo así durante toda una eternidad (no real pero, para el caso, no importa) encerrado en un similar al huevo, ya explicado anteriormente, torturando a la copia de Potter.

El capítulo es en sí una cruel metáfora de lo que las navidades podrían convertirse con la llegada de la tecnología; una ocasión ideal para torturar y odiar dejando de lado las noches de paz y amor. Una obra maestra, narrada desde un terror posmoderno, que se dirige hacía un progreso tan ilimitado como peligroso, angustioso e inhumano bajo la justificación tecnológica. El color blanco navideño adorna, durante los 70 minutos de duración del capítulo, toda la colorimetría del episodio dotando la pureza navideña de un fondo profundamente oscuro y hostil. Entre otros temas, el episodio utiliza temáticas como la brutalidad policial, el fundamentalismo pro-vida y el acoso a las mujeres para ser utilizadas al servicio de la macabra idea central del episodio: la tortura.

Escrito por Carlos Fernández