Por fin, llegó Selfie, la nueva cinta asturiana que se llevó el premio de la crítica en el Festival de Málaga firmada por Víctor García León. Se hablaba de ella como una cinta fresca, cachonda, y sobretodo muy satírica y mordaz en el momento de retratar la situación sociopolítica de la contemporaneidad Española.

En la primera mirada, Selfie no funciona mal. Usando el estilo del falso documental, narra en su totalidad el descenso de un muchacho joven de clase alta hacia los abismos de la pobreza tras una desafortunada situación en la que su padre se vio envuelto (él, un ministro) e imputado en múltiples casos de corrupción y blanqueo de dinero. La gracia de un título como ese  reside en la intencionada obsesión de su protagonista Bosco (Santiago Alverú) por recrear su magnífica y acomodada vida en imágenes para la posteridad, llevando tras él un equipo de reporteros mientras él no para de moverse y pasearse por el cuadro durante los 85 minutos de duración de la película, sin dejar que apartemos los ojos de sus desventuras, con un narcisismo impulsivo e irritante. Se nos presenta así un relato de cómo el “amo del universo” ricachón se pega el batacazo y cuando le toca relacionarse con el mundo real, el de los pobres y la clase baja, lo hace con unas patéticas y pedantes prácticas, puesto que su perfecta vida no ha sido más que una burbuja de falsedad y desinformación, de pensamiento tradicionalista con falsa modestia, ejemplificando el estereotipo del jovn facha liberal del siglo XXI.

Si le damos una segundo vistazo, lo que tenemos en Selfie es un intento de plasmar la peor -y permítanme la utilización del término pero la situación lo requiere-  casta del país, de la manera más obvia posible. El estilo del falso documental cada vez es más gratuito y agotador. Sí, las selfies están de moda; sí, los millenials somos unos egocéntricos; pero quizás no todos disfrutaremos con una caricatura tan simplista y poco elaborada. Una los detalles más agotadores de que se trate de un reportaje es el obligatoria e incesante seguimiento de un personaje que, haga lo que haga, nos caerá mal. La intención no la tengo muy clara todavía: se trata de una comedia pero no nos reímos, porque el personaje trata un ejemplo de persona errónea y patética de nuestra sociedad, aunque no del todo culpable de tener su visión limitada del mundo, como si simplemente fuera un pobre iluso que no atañe las consecuencias de su ignorancia. El estilo del documental no tiene ningún argumento sostenible excepto el de la tortura gratuita a la que nos somete en los momentos que, supuestamente, tenemos que empatizar con la situación de Bosco. Problemáticamente, también es necesario que el estilo documental sea de un convincente realismo. Un falso documental no se puede sostener por sí mismo si su estilo parece más una parodia youtuber. Aunque Santiago Alverú se esfuerce en trabajar su sonrisa pícara y su insistente buenrollismo, el humor no se contagia, porque los actores no convencen. Intentar trabajar mockumentary con actores amateurs quizás tenga un elevado técnico y en este caso, valía más la pena recurrir a otro tono u otra técnica.

Aunque no es una película muy larga, la acción tampoco fluye como debería y aunque tiene una visión política atrevida y en ciertos momentos hay algo de sátira polémica algo inspirada, la película termina resultando terriblemente ingenua en todo su mensaje y contenido, además de tener un tufillo panfletario tan evidente como innecesario.

Crítica escrita por Pau Ensenyat

Título original: Selfie Director: Víctor García León Guión: Víctor García León Fotografía: Eva Díaz Reparto:  Santiago Alverú, Macarena Sanz, Javier Caramiñana, Alicia Rubio, Pepe Ocio Distribuidora: Vértigo Films Fecha de estreno: 23/06/2017