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Con unas cuantas horas y unos cuantos valiums (para el equipo de La La Land) después, todo ya está claro, convenza o no, así es. Incluso Price Waterhouse Cooper, (la notaría encargada de custodiar históricamente la documentación de los Oscar), ha hablado, y lo hecho clara y contundentemente: “todos los sobres de la gala se imprimen por duplicado, para así evitar accidentes”. Así pues, esto fue lo que llevo a error a Faye Dunaway y a un muy poco convencido Warren Beatty (que desde un comienzo reaccionó muy extrañado al escuchar el título de la película ganadora de labios de su compañera y amiga) intuyendo que algo raro estaba pasando.

Juntos han protagonizado un error histórico (y para muchos imperdonable), del que ha quedado constancia y registro para los anales de la historia de la Academia. Seáis todo lo escépticos que podáis ser al respeto con las explicaciones, lo cierto es que si le dais al pausa en el momento en el que están abriendo el sobre, se puede ver claramente como tienen en sus manos el sobre equivocado con el destacado membrete en palabras doradas “Best Actress in a Leading Role”, algo que zanja la polémica, así como cualquier probable sospechosa duda al respecto.

Un hito a pesar de algunos, pero celebrado por muchos – entre los que por supuesto me incluyo fervientemente –.  Moonlight, la cinta de Barry Jenkins, se ha alzado con el máximo galardón del cine: el de Mejor Película del Año, algo que es realmente mucho más importante para el mundo de lo que a priori podría parecer.

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Debido a que en nuestra actualidad, vivimos en un planeta tan devastado y roto, que ha llevado a creer a muchos que colocar a un auténtico psicópata en la Casa Blanca, era una buena idea, la victoria de un film como Moonlight significa mucho.

El film del casi debutante Barry Jenkins, es una “bofetada sin mano”, para todos aquellos que rechazan lo diferente y que odian aquello que simplemente no son capaces de entender. Moonlight, es la historia de un joven afroamericano de clase baja, que sufre el horror del bullying desde muy temprana edad, por ser homosexual. Unos sucesos  que marcarán su madurez  y su solitaria vida.

Algo que se traduce como un poderoso mensaje por parte de la Academia, que por primera vez en su historia, a dicho al mundo: que ser diferente (independientemente de tu clase social, raza o inclinación sexual) no está mal y que es algo de lo que uno se debe enorgullecer.

Un grito lo suficientemente alto y claro, que llega en la misma semana en la que ése que se hace llamar presidente de los EEUU, ha decidido revocar públicamente la ley que instauró Barack Obama, que permitía a todos los niños y adolescentes en proceso  o convicción de reasignación de sexo, pudieran escoger ir al baño y/o vestuario perteneciente al género con el que se sintieran identificados. 

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Todos los periodistas que pudimos asistir al evento organizado por los compañeros de Movistar Plus en el Gran Teatro Príncipe Pio en la madrugada de hoy, comprobamos como el estupor se adueñaba de una sensacional Raquel Sánchez Silva, que a 3 minutos de finalizar la retrasmisión de la ceremonia, no daba crédito a lo que estaba pasando. En realidad ninguno lo  dábamos n entendíamos lo que estaba pasando, ¿era una broma? ¿era una victoria sorprendentemente ex aqueo? No, simplemente aquello que casi nadie pensaba, estaba pasando ante nosotros. Estábamos asistiendo a un momento único e histórico, en el que la Academia saldaba su deuda pendiente con una comunidad, que había visto como el año pasado era ignorada, al no verse representada con alguna nominación grande para un film LGTBG tan impecable como lo fue Carol, de Todd Haynes. Un hecho que dolió y que venía arrastrándose desde que en el año 2003, no premiaran a Mejor Película a Brokeback Mountain de Ang Lee, un error claramente homofóbo, del que por fin hoy nos hemos podido recuperar.

Esta victoria no significa solo que la Academia reconoce y acepta a este colectivo. El Oscar a Mejor Película trae consigo un añadido, ser la película que representa unos valores tanto cinematográficos como extra cinematográficos. Un emblema, un estilo de vida o incluso un mensaje. Es la cinta que año tras año pasa a la historia como aquella que hay que ver, que se archiva y se rememorará por siempre.

Una cinta fruto de un trabajo totalmente independiente, que tuvo un coste total de 1,2 millones de $, frente a los 30 que costó por ejemplo La La Land o los muchísimos más que costaron el resto de films nominados en la misma categoría. Cifra que demuestra que para contar una buena historia y hacer una gran película, no siempre hacen falta presupuesto astronómicos, a veces con muchos menos se puede crear una obra sublime que toca nuestro corazón.

Por tanto, que este año hayan decidido premiar un trabajo como Moonlight por encima de una cinta tan agradable y recomendable como La La Land, hace que entendamos que por fin una historia de amor protagonizada por homosexuales, es tan valida y universal, como la protagonizada por unos niños tan monos como Emma Stone y Ryan Gosling. Algo que todavía a escasas 12 horas después, aun estamos por asimilar y que representa un reconocimiento cinematográfico y social, de que el amor entre personas del mismo sexo puede triunfar y ser igual de valido como el de personas de distinto sexo. Un hito compañeros, que es mucho más importante que los 6 Oscars que se ha llevado La La Land, le pese a quien le pese.