El tesoro

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El tesoro es la nueva película del cineasta rumano Corneliu Porumboiu, que en esta ocasión nos cuenta la historia de la búsqueda del tesoro que da nombre a la obra por parte de dos hombres que están pasando por un momento económico complicado. Siendo uno de ellos el conocedor de la posible existencia de esta reliquia, enterrada en la antigua casa de su bisabuelo, acudirá a su vecino en busca de ayuda, principalmente para conseguir dinero de cara a alquilar un detector de metales con el que iniciar la indagación.

Porumboiu apuesta por contar esta sencilla historia mediante planos largos que recogen a menudo secuencias enteras, apoyándose en un guión que logra cierta naturalidad en los diálogos y en unos actores que lo defienden de forma correcta. Su planteamiento, a menudo con un mismo encuadre y con prácticamente ningún desplazamiento de cámara, resulta interesante, pero lo que no lo es tanto es el cuerpo medio de la película, en el que los dos busca-tesoros y el que se encarga de manejar el detector de metales gastan largos minutos en su tarea. Entiendo la intención de no alejarse del realismo y no caer en la elipsis, que bien podría haber convertido esta historia en un cortometraje, pero siento que a los pocos minutos deja de funcionar; la tensión que se vive al principio, esa duda, se disipa a medida que la reiteración se hace dueña y señora de la búsqueda. La película termina con un golpe de efecto muy interesante, manejando nuestras expectativas y otorgando una conclusión satisfactoria, pero personalmente me quedo con la sensación de que la parte media del filme tiene infinita menos fuerza que el reflejo social del inicio o ese final que da la vuelta a lo que se podría esperar y, a su vez, homenajea a cuentos como Robin Hood. Aun así, recomendable.

 

WinWin

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No resulta sencillo plasmar con palabras el viaje que supone WinWin desde un punto de vista formal. Resultando una suerte de sátira al capitalismo, ridiculizando la idea de empresa hasta límites insospechados mediante un grupo de personajes de lo más variopintos, la cinta escrita y dirigida por Daniel Hoesl juega a transmitir su ensayo de la forma más chocante posible, descolocándote en prácticamente cada escena y cuestionando todo lo que ocurre en la pantalla. Su singularidad visual, apoyada por un montaje poco convencional que, por ejemplo, construye escenas con primeros planos centrales que te descolocan e impiden situar el espacio, acaba siendo poco más que la máscara sobre la que se refugia una reflexión poco elaborada, casi infantil, que se muestra certera a la hora de apuntar (y, como he mencionado, de ridiculizar) pero que no va mucho más allá, quedándose en la superficie.

WinWin es una película interesante formalmente, con la suficiente personalidad como para recomendar su visionado a quien busque algo diferente, pero que naufraga cuando se intenta extraer de ella una crítica elaborada que, por desgracia, la cinta cree poseer. Al final lo que queda son sus pretensiones de brindar una mirada original, y bueno, en esta ocasión no ha sido suficiente.

Escrito por Daniel Cabo

El gran juego

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Pierre Bloom es un escritor en plena crisis de los 40 que tras el boom de su éxito literario en el año 2000, intenta reflexionar sobre el cambio de la generación político de los nuevos Estados gracias a encuentros y desencuentros con otros extraños. Cierto día, en la azotea de un edificio se encuentra a un hombre cuya misión es derrocar al Ministro del Interior para ponerse al cargo. Esto, y una relación con jóvenes de la extrema izquierda, harán a Pierre volcarse en una nueva dimensión.

Con este argumento, el francés Nicolas Pariser debuta en su primer film con un thriller político lleno de elementos teatrales cuya trama hemos podido ver con gran éxito en House of Cards. Pero, al contrario que la serie de Netflix (remake de la serie británica de BBC protagonizada por Alec Guinness), Pariser deja de lado la tensión y la tragedia para centrarse en el diálogo entre los participantes de la cinta, haciendo que varios tramas pierdan fluidez llegando al tedio, quedándose en una película agridulce.

Democracy

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Jean Philipp Albercht, líder del partido verde en el Parlamento Europeo, propone un cambio legislativo para la construcción de una nueva protección de datos para los ciudadanos en Internet debido a la inrrupción de las redes sociales como Twitter y Facebook, y otras multinacionales como Google y Yahoo. Con mucho esfuerzo, Jean Philipp intentará hacer todo lo posible para su aprobación.

Con el caso Snowden y el documental Citizenfour muy recientes, el director alemán David Bernet realiza un interesante seguimiento del proceso en dos años y medio utilizando un elegante blanco y negro al estilo de los años 60. Sin sobreexplicaciones, ni rodeos, Bernet consigue entretener al espectador sin utilizar la acción frenética como hacen varios documentales del mismo estilo. Un documental tan llamativo como sorprendente

Escrito por Jaime Meco

Thank you for bombing

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Si bien en muchos de los tristes y más que evitables conflictos bélicos que desangran el mundo en la actualidad solo vemos las consecuencias del peor lado del ser humano muchas otras no somos capaces de atisbar el trabajo que hay detrás de mostrar dicho horror. Y, precisamente de ello y con una frialdad absoluta, nos habla Thank you for bombing.

Siguiendo la estela de tres periodistas que convergen bajo la tiniebla de la guerra inminente asistimos como espectadores de la confluencia de sentimientos que viven en su interior y los conflictos interiores que sufren al debatirse entre seguir su vocación informativa y el peligro que conlleva retratar la barbarie en primera persona. Una película estremecedora, real, cruenta y totalmente veraz. Un retrato como pocos respecto a la crueldad de quienes fomentan la destrucción humana. No solo es una película necesaria, es una obra que se convertirá con el tiempo en una cinta de culto antibelicista en base al grito silencioso que emerge de sus protagonistas, por mucho que intenten aparentar una seguridad en sí mismos que se desmorona de la misma forma que los edificios tras las bombas.

Escrito por Gonzalo Aupi