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Junto al Spider-man de Sam Raimi, los X-Men de Bryan Singer fueron la clave para abrir al hipersaturado género de superhéroes al gran cine. Hasta el momento habíamos tenido grandes adaptaciones como el Superman de Richard Donner o los Batman de Tim Burton. Pero parecían meras excepciones ante un género que parecía tener cierta tendencia a la caspa de la que hicieron gala las secuelas de Batman dirigidas por Joel Schumacher. Singer tenía una labor mucho más complicada que la de Raimi, el rico universo mutante estaba poblado de personajes sobre los que hacer girar la historia, director sensato, se enfrentaba a su primer macro-proyecto después de ser uno de los hombres que más interés despertaron a finales de los años 90 con obras tan interesantes como Sospechosos habituales o Verano de corrupción. Su solución fue reducir drásticamente el número de protagonistas, creo un pequeño grupo de cuatro mutantes lo suficientemente carismáticos y representativos como eran Lobezno, Cíclope, Tormenta y Jean Grey para depositar sobre ellos el peso de la película. Además, por supuesto, de Charles Xavier y el villano Magneto. Hubo muchas voces que se alzaron en contra de la idea del realizador, de simplemente omitir de su universo a numerosos mutantes que eran populares entre los más fieles lectores de cómics, pero era impensable la idea de presentar a más mutantes y darles un lugar privilegiado.

La jugada le salió redonda, X-Men es aún hoy una de las mejores películas del género de superhéroes, acción rápida y concisa, espectacular, y lo suficientemente inteligente como para abrir el universo mutante y dibujar una pequeña línea de lo que sería aún mayor en su interesante secuela X-Men 2. Allí, por primera vez, Singer se atrevió a plantear el gran problema que siempre rondó en los cómics marvelitas, el del racismo al género mutante. El resultado fue una película aún mayor y mucho más espectacular, que como haría más adelante Christopher Nolan en su trilogía de El caballero oscuro se atrevía a ahondar en temas de una trascendencia mucho mayor a la que podíamos suponer en una obra del género. A partir de ahora la saga mutante empezó a caer en picado, la tercera entrega de la saga, que esta vez caía en las manos de Brett Ratner sufría de esa superpoblación de superhéroes que muchos demandaban, pero lo hacía sin atino, creando, eso sí, una película de gran pirotecnia muy entretenida pero que se alejaba de lo que había creados en las dos primeras entregas. Se paró la saga original, se crearon unos deleznables spin-offs de Lobezno que volvían a rozar esa caspa de la que parecía haberse alejado el género, y se intentó relanzar la saga con un viaje al pasado en X-Men: Primera generación, una película que planteaba temas muy interesantes, y que si bien no llegaba a la calidad de las dos primeras entregas sí que conseguía volver a despertar el interés por los hombres mutados.

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Con Bryan Singer de nuevo bajo los mandos, el realizador tiene la ardua tarea de juntar lo mostrado hasta ahora en todas las películas de la saga, presente y futuro se dan cita en una cinta que lo tenía absolutamente todo para convertirse en la película de superhéroes más épica que hubiéramos podido ver hasta el momento, pero por desgracia, se queda en el camino de conseguirlo. La trama de la película es realmente básica, en el año 2023 los mutantes viven asediados por los Centinelas que están acabando ya no sólo con la población mutante, si no con toda la humanidad. La única solución de conseguir parar esto es viajar al pasado. Así, será Lobezno, quién viajará a los años 70 para prevenir a los Charles Xavier y Magneto de este tiempo, de lo que están a punto de desatar, y conseguir parar el problema desde su origen.

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El principal problema de X-Men: Días del futuro pasado viene del guión firmado por Simon Kinberg, precisamente el guionista de la tercera entrega de la saga. Aunque la presencia de Bryan Singer, hace que se palie el principal problema de aquella con la superpoblación de personajes, pues el realizador trata de revivir la fórmula de las primeras entregas, una vez más decide restringir el protagonismo a un puñado muy pequeño de mutantes, en esta ocasión son Lobezno, Mística, Bestia, Xavier y Magneto, pero de nuevo parece que todo pasa porque tiene que ocurrir, sin mayor explicación. Al igual que ocurría con X-Men: La decisión final todo parece ser poco más que una colección de escenas hiladas de manera bastante pobre donde la única beneficiada es el la diversión de la propuesta, dejando completamente de lado la historia que se está contando. La mayor muestra de esto la encontramos en los primeros minutos de la cinta, en la que tras asistir a un show pirotécnico, en una de las escenas de acción mejor orquestadas y más espectaculares de los últimos años, en la que los mutantes del futuro, que se encuentran oprimidos deben escapar del ataque de unos centinelas, nos metemos de lleno al que será el eje central de la película, el de los viajes en el tiempo. Atendemos al por qué debe ocurrir, pero la película es incapaz de ofrecer una explicación lógica al motivo de por qué una mutante como Kitty Pryde, cuyo poder es atravesar paredes, es capaz, no sólo de meterse en el cerebro si no de enviar su consciencia al pasado. Pasa por que tiene pasar, y nos parece perfecto, pero una simple explicación a los motivos por los que ocurren las cosas no viene nada mal.

Es cierto, las dos horas que dura X-Men: Días del futuro pasado componen uno de los shows pirotécnicos más divertidos posibles. Estamos ante una película en la que Singer, un realizador capaz de lo peor y lo mejor (su desastrosa Jack el caza gigantes es un buen ejemplo, o como en una película tan floja como Superman Returns era capaz de introducir una escena de la espectacularidad de la del avión en el estadio, también deja buena muestra de ello), es capaz de mezclar escenas tan fantásticas como toda la fuga de Magneto protagonizada por Mercurio, posiblemente junto al inicio de X-Men 2 y la escena de Rondador Nocturno, la mejor escena que hemos visto en toda la saga, como de hacernos sentir que todo lo que pasa en ella pasa, ocurre sencillamente porque a Singer le da la gana de que pase.

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Con una trama mucho más sencilla de lo que en principio podría parecer, los cambios de sentido de Magneto (posiblemente la vez que se ha construido a este personaje de manera más plana, y no ayuda un Michael Fassbender tan poco implicado que parece ir con el piloto automático puesto). La desaparición de muchos de los mutantes del pasado (muertos, ¿por qué? simplemente porque Singer no quería usar tantos personajes, no existen más vueltas), o la transformación de Mística de héroe a villana y viceversa sin un mínimo ahondamiento en el personaje. Dejan la sensación de que X-Men: Días del futuro pasado es uno de los blockbusters más desaprovechados en los últimos años. Algo que realmente no sabemos si se debe a que en la sala de montaje se quedó gran parte del guión para rentabilizar al máximo las escenas de acción, o que simplemente, a su director y a su guionista, no les apetecía demasiado romperse la cabeza.

Quizá el mayor valor de X-Men: Días del futuro pasado es que, eso sí, consigue unir todas las piezas de una saga que se había resquebrajado por múltiples bifurcaciones, lo que deja la puerta abierta a una nueva entrega que se presenta tras los títulos de crédito y que llegará en tan sólo dos años, que esta vez sí, promete estar como mínimo a la altura de las primeras entregas de la saga. Con Días del futuro pasado la sensación que queda es completamente agridulce, porque es inevitable disfrutar de una propuesta tan divertida, pero que es incapaz de prestarse a ningún tipo de análisis pese a que de verdad parezca pretender ir mucho más allá. En ese sentido, podríamos decir que el espíritu de Días del futuro pasado es muy cercano al de La decisión final, una película que fue injustamente maltratada por no llegar a la altura de sus predecesoras, pero que era capaz de presentar una función tan divertida como inocuo.  Esto es sencillamente el futuro, el presente y el pasado de los mutantes y lo que a Singer le dé la gana que sea, lamentablemente, podría haber sido mucho más que eso.

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Ficha técnica:

Título original: X-Men: Days of Future Past Director: Bryan Singer Guión: Simon Kinberg Música: John Ottman Fotografía: Newton Thomas Sigel Reparto: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Ian McKellen, Patrick Stewart, Hugh Jackman, Ellen Page, Shawn Ashmore, Omar Sy, Peter Dinklage, Evan Peters, Halle Berry, Lucas Till Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 06/06/2014