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El papel de la chacha siempre fue vital en la historia del cine español. Antes que ella, a la historia pasaron Florinda Chico o Gracita Morales por sus emblemáticas asistentas de pura casta española. Pero lo que hacía Chus Lampreave, fallecida esta mañana en su casa de Almería a los 85 años, iba más allá de eso.

Nacida en Madrid, las aspiraciones de Lampreave se encontraban lejos del séptimo arte, fue su buen amigo Jaime de Armiñán el que la convenció, primero para entrar en la escuela de Bellas Artes a estudiar interpretación a principios de los años 50, y después haciéndola debutar en un pequeño papel para televisión. En estos primeros años la actriz no paró de trabajar, etapa en la que destaca su colaboración con Ferreri en El pisito, con el propio Armiñán en Mi querida señorita o especialmente sus colaboraciones con Luis G. Berlanga.

Pero el gran momento de Lampreave llegó gracias a Pedro Almodóvar. Su estrecho vínculo con él dio pie a alguno de los papeles más memorables de Lampreave, eso sí, siempre desde ese mismo enfoque que tan bien bordaba la actriz. Ataviada con unas enormes gafas, su batín y ese tono chillón y agudo que parecía herencia de Morales, Chus interpretaba como nadie sabía a esas viejas algo tocadas del ala, cuya presencia, por secundaria que fuese siempre quedaba grabada en la retina del espectador. Tanto es así que Lampreave explotó al máximo el personaje, convirtiéndose incluso en un verdadero animal televisivo con colaboraciones tan recordadas como su secretaria de Lo más plus.

Con su marcha deja personajes grabados en oro en la historia del cine español, como esa portera de Mujeres al borde de un ataque de nervios que era testiga de Jehová y a la que su religión le prohibía mentir, y aunque quisiera no podía porque es lo malo de la testigas. O esa insoportable y gruñona madre a la que daba vida en La flor de mi secreto, sin olvidar, por supuesto, Volver, su penúltimo papel con Almodóvar y uno de sus últimos papeles en el cine y que le valió, junto a sus compañeras de reparto, el premio a la Mejor actriz en el Festival de Cannes.

Porque los premios no sonrieron a Chus, tan sólo consiguió uno de los cinco Premios Goya a los que optó, lo ganó por su papel en Belle Epoque. Pero durante los últimos años de vida los reconocimientos no le dejaron de llegar, incluida la Medalla de Oro del mérito de Bellas Artes y el premio de Honor de la Academia de cine Español. Hoy nos ha dejado Chus Lampreave, pero su huella en el cine español será perpetua.