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Llevo muchos años siguiendo los Premios Oscar. Muchas veces me preguntan que por qué me gustan los Oscar, y la verdad es que no sé muy bien que responder pero tienen algo fascinante para el cinéfilo, eso sí, hay que saber entender los Oscar para disfrutar de la gala pase lo que pase.

Yo también me he enfadado cuando no ha ganado mi favorita, incluso hoy suelto algún improperio cuando algún actor se queda sin nominación, pero lo cierto es que me importa un bledo. Porque los Oscar no premian a la mejor película del año, sencillamente porque la mejor película del año no existe, porque que el cine es arte y los premios forman parte de una competición estadística a la que el arte no se puede someter del mismo modo que lo harían los deportes. Así que no, no gana la mejor película del año, pero lo que sí gana siempre, y es algo que tenemos que tener en cuenta, es una buena película.

¿Quiere decir esto que te tengan que gustar todas las películas ganadoras del Oscar? Por supuesto que no, yo mismo no soporto películas como Gladiator, Una mente maravillosa o Bailando con lobos, pero no me resulta demasiado complicado encontrar a gente que le resultan grandes películas. Al final la ganadora es producto de un consenso, y puede que no gane la mejor película, pero a buen seguro que ganará una película que gustará a la mayoría.

Pero entonces muchos me echarán en cara todas las ausencias, la mayoría de ellas pequeñas películas u obras no estadounidenses. Pero no hay que olvidar que al fin y al cabo los Oscar son los premios de Hollywood, es su gran fiesta, una fiesta que dura meses. Las películas que llegan a los Oscar no lo hacen únicamente por su calidad, de vez en cuando se puede colar una Amor o El árbol de la vida que demuestren que los premios también saben tener prestigio, pero son excepciones muy pequeñas en un mundo de publicidad.

Para entender lo que son hoy los Oscar hay que ir hasta el año 1999 y centrarse en la figura de los hermanos Weinstein. Aunque ya habían demostrado su poderío llevando a conseguir la nominación de una pequeña película europea como El cartero (y Pablo Neruda), fue en 1999 cuando dieron la vuelta a la competición. En cualquier situación normal el Oscar hubiera acabado siendo para Salvar al Soldado Ryan que además había ganado el PGA y el DGA, pero los Weinstein se desembolsaron una cantidad de dinero sin precedentes en exhibir a Gwyneth Paltrow por todos los platós de América. La película le acabaría arrebatando el Oscar a la obra de Spielberg, pero esa no fue la única hazaña que los Weinstein lograron ese año. Como siempre, atentos a lo que pueda aparecer en el Festival de Cannes, pronto se hicieron con los derechos de exhibición de La vida es bella una película italiana ambientada en la II Guerra Mundial que había entusiasmado. Ellos sabían que pese a ser una película extranjera tenía fuerza como para llegar a los Oscar y moldearon a Roberto Benigni hasta convertirle en el payaso adorable al que de repente todos deseaban darle el Oscar… ¿les suena esta historia? Sí, la repitieron hace un par de años con mejores resultados con The Artist.

El hecho de estar en los Oscar no depende solamente de ser o no el mejor, sino del dinero que te gastes en publicidad. Hace poco saltaba la noticia de que Jennifer Jason Leigh no asistió a la gala de los BAFTA porque los hermanos Weinstein no le pagaron el billete, ¿si las opciones de Jason Leigh de ganar el Oscar siguiesen vivas creen que no habría asistido y se hubiera exhibido para que nadie se olvidase de ella? Incluso alguna actriz como Melissa Leo ha tenido que llegar a hipotecarse porque el estudio no le quiso pagar la campaña para el Oscar de Frozen River. El tema publicitario llega a tal punto que cuando Robert Redford perdió una nominación que parecía bastante cantada por Cuando todo está perdido no dudó en señalar como culpable directamente al estudio por no gastar lo suficiente en publicidad.

¿Pero es malo que todo sea una gran campaña de marketing? En absoluto, de forma indirecta los que ganamos somos los espectadores. Fíjense si no en la tremenda subida de calidad que ha pegado el cine americano en los últimos años tras una primera década del Siglo XXI bastante floja para Hollywood. Esto no es coincidencia, sino resultado directo de la ampliación de las nominadas, es por esto mismo que pienso que la ampliación de nominadas sí es una gran idea. No nos engañemos, la mayoría de las películas que optan a los Oscar no suelen generar mucho dinero, más aún si tenemos que contar el gasto en publicidad, pero es un espejo para todo el mundo que no solo sirve para promocionar las películas, sino también para dar categoría al estudio. La ampliación del número nominadas hacen que los estudios puedan apostar por más películas, puesto que el número de opciones de acabar entre las finalistas es aún mayor.

Y mientras tanto, nosotros disfrutamos de ver a las estrellas en todo su esplendor, disfrutamos de las películas, y si no gana nuestra favorita piensa que al menos seguro que sí lo es para mucha gente, y sí puede que ellos también estén equivocados porque no se dan cuenta de que Boyhood debía ganar, pero el debate siempre es divertido.