Steve McQueen, el director, ya demostró una notable madurez en su primer trabajo como realizador, Hunger. La apuesta por largas secuencias y una dirección de actores muy marcada (con un espectacular Michael Fassbender) marcaron el inicio del que hasta el momento ha venido siendo su estilo. La última obra que hemos podido ver de este creador ha sido 12 años de esclavitud hace ya un par de años, pero un servidor ha venido a centrarse en su segunda película, esa obra maestra llamada Shame.

A la hora de escoger una escena de la que es una de mis películas favoritas, no ya de la década sino de todo el cine que he visto hasta el momento, me he topado con la previsible encrucijada de no saber muy bien qué camino seguir. Shame es muy intensa y me gustan prácticamente todos y cada uno de sus momentos, pero aun así hay tres o cuatro escenas que me vienen rápidamente a la cabeza cuando pienso en esta historia de adicción sexual y relaciones humanas. Una es, por ejemplo, la interpretación de New York, New York por parte de Sissy (Carey Mulligan), con esa lágrima de nuestro protagonista, emocionado ante el surgimiento de belleza en una persona a la que en cierta forma intenta distanciar; o el famoso plano secuencia lateral en el que seguimos a Brandon (Michael Fassbender) corriendo por las calles de Nueva York. Sin embargo, y aplaudiendo los mencionados momentos y otros tantos, me he quedado con uno que tiene a los personajes y a los actores como principal baluarte.

Se trata, de nuevo, de un plano secuencia con la cámara encuadrando en plano corto a los personajes desde atrás, sentados en un salón y con unos (irónicos) dibujos animados de fondo. Adoro esta larga secuencia de más de seis minutos por la planificación interpretativa de los actores: es un momento que se tuerce de tranquilo a tenso en apenas unos segundos, y a partir de ahí los personajes entran en una batalla de reproches que va subiendo de intensidad gradualmente, hasta terminar con el protagonista diciéndole a su hermana que cuando él vuelva no quiere que esté en su apartamento. No solo es un enorme acierto haber rodado este momento en un plano secuencia por la tensión que genera en el espectador, que puede ver toda la acción sin ninguna interrupción, sino que da una fuerza enorme a las actuaciones tanto de Fassbender como de Mulligan, con gestos y pequeños movimientos que delatan una preparación minuciosa por parte del director. Sirve de ejemplo el momento en el que Brandon le dice que está acorralando su vida, provocando con un ligero movimiento hacia la derecha que Sissy se vea casi atrapada en el borde del sofá. Y este es, posiblemente, el recurso menos sutil de todos los que utiliza Steve McQueen para darle entidad a la escena.

Esta secuencia de Shame me recuerda, salvando las distancias, a ese duelo interpretativo que se desarrollaba entre Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman en el tramo inicial de The Master. Los asocio por la apuesta por el plano secuencia y por sustentarse en unas actuaciones absolutamente demenciales. Brindo por ellas.