La tercera jornada del Festival de San Sebastián daba comienzo con la fallida 21 noches con Pattie pero remontó con lo nuevo de Hirokazu Koreeda, Nuestra hermana pequeña, de Charlie Kaufman, Anomalisa, y con el Sicario de Dennis Villenueve. El día lo completaron El botón de nácar, del chileno Patricio Guzmán y Sparrows de Runar Runarsson.

21 noches con PattieLa gracia de la desvergüenza

"VINGT ET UNE NUITS AVEC PATTIE" un film de Arnaud et Jean-Marie Larrieu

No sé muy bien cómo una película como 21 noches con Pattie ha conseguido colarse en la Sección Oficial de un Festival de cine internacional. Sí, es divertida y es fácil que deje un poso agradable en el espectador, pero en líneas general lo nuevo de Aranud Larrieu y Jean-Marie Larrieu no tiene nada interesante que ofrecer (más allá de su planteamiento inicial y los monólogos de Pattie) a un púbico que, a estas alturas y en estas circunstancias, espera algo más de cada película que ve.

21 noches con Pattie cuenta la historia de Caroline, quien interrumpe sus vacaciones para organizar el funeral de su madre, Isabelle, que ha muerto de repente en su casa de los Pirineos. Estando allí Caroline traba amistad con Pattie, que cuida de la casa de su madre, pero los preparativos del funeral dan un giro inesperado cuando el cadáver desaparece misteriosamente.

Lo más positivo que podemos decir de 21 noches con Pattie es que es capaz de hallar comicidad en unos diálogos sobre sexo tremendamente explícitos. Las charlas que protagonizan Pattie y Caroline sobre los encuentros amorosos de la primera son sin duda el mayor acierto del filme, y si éste hubiera decidido indagar más en la relación entre ellas y en lo que podían aportarse mutuamente probablemente hubiera salido un producto mucho más interesante desde el punto de vista argumental. En esos momentos de irreverencia la bravura de Pattie contrasta a la perfección con la inocencia de Caroline, cuyo gesto de incredulidad sirve al espectador para identificarse y disfrutar aún más de cada línea de diálogo, pero más allá de esos momentos la película de los Larrieu contribuye en muy poco a engrandecer la cinefilia de los espectadores. Como decíamos el punto de partida es muy curioso, y podía dar pie a una comedia de misterio muy curiosa, pero con el paso de los minutos los Larrieu parecen olvidarse de todo y empiezan a hacer lo que quieren, dando pie a un tramo final marcado por el despropósito y en el que ya no hay nada que importe al espectador. Divertida, sí, pero en una Sección Oficial necesitamos algo más.

Nuestra hermana pequeñaLas familias de Hirokazu Koreeda

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Con el recorrido profesional de Hirokazu Koreeda era lógico que su nueva película, Nuestra pequeña hermana, se esperase con mucha expectación en el Festival de San Sebastián. Y aunque es muy probable que este no sea el mejor trabajo del japonés (Nadie sabe sigue siendo su obra maestra), una vez más ha demostrado que es uno de los mejores directores vivos de la historia del cine oriental. Porque sí, Nuestra pequeña hermana puede acusar su lentitud, sus tiempos muertos y su tendencia a la repetición, pero la belleza de sus imágenes y de su historia es tal que consiguen que te olvides de ello.

En su nueva película Koreeda retoma el tema de las relaciones familiares para contarnos la historia de Sachi, Yoshino y Chika, tres hermanas que viven en Kamakura, Japón, en la casa de su padre, que las abandonó cuando eran epqueñas. En el futural conocen a la hija que su padre tuvo 13 años atrás y pronto las cuatro hermanas empezarán a vivir juntas.

El director japonés insiste en las claves de su cine y vuelve a hablarnos en Nuestra hermana pequeña de los lazos familiares, pero esta vez apostando mucho más por la ternura que por el drama puro y duro (como pasaba, por ejemplo, en Nadie sabe). Koreeda es perfectamente capaz de representar en esta cinta el amor fraternal, y lo hace a partir de momentos cotidianos que, si bien podían haberse sintetizado mucho más, consiguen lo que pretenden: que el público se identifique con las hermanas y sienta una tremenda empatía por todas ellas. Puede que el cine de Koreeda esté adquiriendo un tono comercial pero su poesía sigue estando ahí, dispuesta a ser leída por todos los que quieran, y aunque quizá el germen de esta historia daba para algo más, el director japonés ha vuelto a hacerlo de maravilla

Nuestra hermana pequeña es un canto de amor a las relaciones entre hermanos, un alegato dirigido a la conciliación y al cariño fraternal que, con toda probabilidad, tocará el corazoncito de todos aquellos que le den una oportunidad a esta obra tan bella por dentro y por fuera.

SparrowsDe tal padre tal hijo

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El nórdico Runar Runarsson recoge el testigo del cine más próximo al polo norte en toda su filmografía. Sus historias están siempre acompañadas de una gélida atmósfera, un tempo lento y un color gris como reflejo predominante del estado de ánimo de sus personajes.

Sparrows es una historia más encajada en esa atmósfera islandesa. Desarrollada a partir de un cortometraje previo del director, es una historia de sexo iniciático adolescente y recuperación del afecto. Cine con denominación de origen nórdica.

Sin embargo, donde en su película previa, Volcano, Runar Runarsson sabía lo que quería contar y como lo quería contar, el hecho de que Sparrows se teja en torno a un cortometraje capa por completo sus aspiraciones y se limita a asentar y explicar el contexto que lleva a los personajes a hacer lo que hacen en el cortometraje que, a la postre, es la esencia de la película; es su colofón, un colofón ya visto que ni sorprende ni justifica todo el metraje anterior.

Sparrows queda limitada por ello, pero queda saber si esta limitación no habría sido tal en un caso en el que la adaptación del cortometraje fuera menos clara. Quizá la historia no daba para más.

AnomalisaLa voz

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El impresionante don de Charlie Kaufman para crear con ideas sencillas los guiones más alocados (no comparto la opinión de que siempre sean geniales) alcanza su cota máxima de esplendor y calidad en Anomalisa, sincerísima crónica de la soledad y las decisiones que a través de una brillante animación consigue pasaje directo al corazón.

La historia de un escritor de libros de autoayuda incapaz de ayudarse a sí mismo y que siente que todo el mundo a su alrededor es igual de mundano, aburrido e insustancial se convierte en una especie de rareza que abraza el vitalismo y la alegría de vivir (en cuanto a amar) contraponiéndola a la soledad y la necesidad de escapar de una rutina cada vez más agobiante que conforma una experiencia única, que, al fin y al cabo cuenta la historia de (casi) todos en algún momento de nuestra vida.

El botón del nácarChile y el agua

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Patricio Guzmán es considerado uno de los más grandes documentalistas cinematográficos de toda la historia. Su trilogía de la batalla de chile, crónica en tiempo real de los convulsos tiempos previos al golpe de estado que desarmó al gobierno de Salvador Allende, encuentra su continuación, en otros términos, más filosófica y como si se tratara de un epílogo, en la trilogía que está creando y que de momento está formada por Nostalgia de la luz y El botón del nácar.

El botón del nácar explora la relación de amor odio de Chile con el océano que rodea a gran parte de su geografía y que, al igual que los desiertos donde se encuentran los telescopios, encierra muchos secretos, muerte y vida, y un pasado terrible.

Patricio Guzmán es un poeta, su voz, acompasada y muy característica, acompaña el maravilloso texto que sirve de explicación y a la vez de acompañamiento de las imágenes que discurren por la pantalla. Busca la justicia de su pueblo e intenta plasmar la historia de éste, de forma crítica y esperanzadora a la vez.

El botón del nácar no sólo es una crónica de Chile tan certera como un documento real; es un acto de justicia hacia un pueblo que ha sufrido la falta de ella demasiado tiempo.

SicarioDrogas y mentiras

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Denis Villeneuve, el director más atmosférico que tiene el cine comercial, abandona sus neblinosos o anaranjados mundos y de la mano de Roger Deakins, quién si no, se pasa a un cine más limpio y luminoso, menos autoral y más peregrino y visto; una historia de cárteles mexicanos, drogas y conspiraciones a caballo entre los mejores momentos de Zero Dark Thirty y  Tropa de Élite.

Lejos de ambas, eso sí, se encuentra Sicario. Ni tiene un personaje femenino tan impactante como el de Jessica Chastain ni un desarrollo tan intenso como el del díptico de José Padilha, pero a través de un impactante análisis de los juegos de poder en el mundo de la droga, así como de escenas y momentos tremendamente bien dirigidos (atención a la entrada en Ciudad Juárez), Sicario mantiene el nivel que Villeneuve ha imprimido a todas sus películas.

Quizá sea menos novedosa que sus anteriores trabajos pero es potente, y las grandes dotes de dirección de Villeneuve esconden las costuras  de un guion que se preocupa demasiado poco de sus personajes.

La tierra y la sombra Campos de dolor

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No sé cuántas veces vamos a referirnos a una película como “bonita” en este Festival de San Sebastián. El caso es que la colombiana La tierra y la sombra se ha unido a ese selecto club de películas que nos fascinan visual y artísticamente (The Assassin, Sunset Song) pero nos dejan muy fríos en todo lo demás. Esta cinta venía de ganar la Cámara de Oro en el pasado Festival de Cannes, por lo que había ganas de descubrir si César Augusto Acevedo se lo merecía tanto como parecía. Lo cierto es que sí, se lo merecía, pero su película provoca tal indiferencia que hasta nos duele. Tenemos claro que no es una película de personajes, pero sentimos tan poco cariño por todos los que aparecen en la pantalla que al final nos da igual todo lo que les ocurra, y tanta indiferencia no puede ser buena. El tono contemplativo no nos molesta, porque al fin y al cabo la película se lo juega todo en el apartado visual (y sale airosa), pero la falta de interés que provoca la historia es insalvable.

La película nos cuenta la historia de Alfonso, un viejo campesino que regresa después de 17 años al hogar que abandonó debido a que su único hijo padece una grave enfermedad. Al llegar a la región descubre que todo lo que alguna vez conoció ya no existe y que su familia está a punto de ser desplazada. Ante este difícil panorama, Alfonso hará todo lo posible por acercarse a ellos antes de que sea demasiado tarde y luchará por salvar lo poco que queda de su pasado, aunque eso implique sacrificar toda huella de su existencia.

El futuro de Acevedo puede ser muy prometedor. El director colombiano demuestra en La tierra y la sombra un dominio brutal de la imagen para alguien que tan sólo tiene este trabajo en su haber, de ahí que quedemos tan fascinados por los preciosísimos travellings laterales que se marca el director en los campos de azúcar, con los fueras de campo que transpiran tanta melancolía y con los larguísimos planos estáticos que, a pesar de su aparente sencillez, consigue tanto con tan poco. El trabajo fotográfico y de iluminación consigue que el proyecto sea aún más redondo a nivel visual, pero como decíamos el espectador sufre demasiado ante su historia. Es relativamente sencillo ver lo que Acevedo nos quería contar (sobre todo por los trabajadores/esclavos de los campos de azúcar) pero no compramos su historia (aunque sí su método).

Crónica escrita por Beatriz Bravo y Guillermo Martínez