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El Sr. Manglehorn (Al Pacino) es cerrado, solitario y vive en el pasado desde que se separase de su único amor verdadero: Clara. Mantener vivo su recuerdo, mientras una y otra vez se choca con la indiferencia que esta mantiene hacia sus vanos intentos epistolares de recuperarla, es la única dedicación que tiene en su vida. Como una suerte de síndrome de Diógenes memorístico, el triste cerrajero almacena, tanto en la oscuridad de su casa como en la de su propio corazón, todas y cada una de las pruebas que aún conserva de ese amor ya maltrecho. El único contrapunto que es capaz de evocar la latente humanidad del personaje es su gata, que aparece como un oasis de dulzura en el mundo autoimpuestamente gris de Manglehorn. Parece como una ironía que cuando todo lo demás falla y dejamos a las personas de lado, sean los animales los que permanezcan y ensalcen nuestra naturaleza humana.

Sin embargo, a pesar de que los animales se conviertan en personajes muy importantes en nuestra vida, los verdaderos protagonistas de nuestros anhelos siempre serán las personas. Y en el caso del Sr. Manglehorn, cumpliendo a rajatabla que no hay más ciego que el que no quiere ver, el Sol que necesitaba siempre había estado ahí, escondido tras las nubes que enturbiaban su mirada. Así, como la visión de un nuevo “amanecer”, aparece Dawn (Holly Hunter) que con su sonrisa casi perenne da un nuevo toque de luz que resquebraja los planes de soledad permanente que nublan la mente del protagonista. Ella es más joven que él y destila vida por cada uno de los poros de su cuerpo; pero está reprimida. Es como un animal salvaje encarcelado que ansía la libertad como una metáfora del amor que no ha conseguido en su vida.

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Pero en ocasiones ni siquiera la claridad del resplandor de una sonrisa dirigida hacia ti es suficiente para limpiar la suciedad que anida dentro de cada uno. Solo cuando se rompe definitivamente con el pasado existe la posibilidad de comenzar un nuevo futuro. Los recuerdos tratan de frenar a Manglehorn mientras que las personas que le quieren pugnan porque logre dejar atrás su mísera existencia. Un gran Al Pacino nos enseña que la lucha por salir del agujero siempre es ardua, pero que es mucho más fácil intentarlo cuando se cuenta con gente a tu alrededor. Nos descubre que la necesidad de soledad, que era su única amiga, es en realidad un rival que puebla los rincones de nuestras noches más oscuras, y que las personas son el mejor remedio para combatirla e implantar un nuevo amanecer. Del resultado de la contraposición de esta dualidad sentimental dependerá el devenir tanto de la vida del triste cerrajero como del desenlace final del film.

La película destila un aura de tristeza pero, a la vez, también de esperanza. Se trata simplemente de una historia bonita y sin alardes llevada a cabo por un monstruo de la interpretación como es Al Pacino, que transmite a la perfección los matices que necesita el personaje. Sabe ser pequeño y apenado, sabe ser sarcástico y sabe ser un cabrón cuando el papel lo necesita. Y todo esto sin hacer perder la dignidad a Angelo Manglehorn, que pese a todo, incluso en sus momentos más bajos, no hace sentir pena al espectador.

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Manta, palomitas y Sr. Manglehorn, una muy buena combinación para una tarde lluviosa de esas en las que no apetece salir de casa, cuando las ganas de fiesta escasean y los ánimos están mojados por el aguacero. Al fin y al cabo, puede ser que tras verla la lluvia amaine y el espectador descubra un nuevo amanecer.

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Ficha técnica:

Título original: Manglehorn Director: David Gordon Green Guión: Paul Logan Música: Explosions in the Sky, David Wingo Fotografía: Tim Orr Reparto: Al Pacino, Holly Hunter, Chris Messina, Harmony Korine, Natalie Wilemon, June Griffin Garcia, Sierra Scott, Kristin Miller White, Rebecca Franchione, Lara Shah Distribuidora: A Contracorriente Fecha de estreno: 14/08/2015