Craven

El legendario director Wes Craven ha fallecido en su casa de Los Ángeles en California este domingo a los 76 años. Craven falleció rodeado de sus seres queridos, víctima de un cáncer cerebral.

El legado de Craven es sencillamente inigualable, con el permiso de John Carpenter, fue el gran maestro del género en las últimas décadas. Redefinió el slasher y lo reinventó constantemente, entendiendo que el humor era clave en él, llevando a sus más emblemáticas sagas a la cumbre del metacine en sus últimas entregas. A él le debemos la creación de dos de los personajes más icónicos de la historia del cine: Freddy Krueger y Ghostface.

Craven, nacido el 2 de agosto de 1939 en Cleveland, Ohio. Empezó su carrera en el cine pornográfico, en la popular Garganta profunda, aunque se desconocen los roles que desempeñó en esta película, se comenta que Craven fue encargado de reescribir el guión y montar la película. Ese mismo año, en 1972, y con escasos medios, dirigió su ópera prima, la violenta La última casa a la izquierda, una obra maestra que no dudaba en casi revisionar de forma sádica El manantial de la doncella de Ingmar Bergman, película que siempre citó entre sus favoritas, junto a La noche de los muertos vivientes y Río rojo.

Durante los siguientes años, Craven fue poco a poco haciéndose hueco en la industria, dirigiendo títulos tan recordados entre los amantes del cine de género como Las colinas tienen ojos y La cosa del pantano. Pero el gran éxito le llegaría en 1984. El punto magistral de Pesadilla en Elm Street, no residía tanto en su argumento, que no escapaba de los slasher más habituales, aunque con un punto de ciencia ficción que la hacía bastante especial, sino en la creación de Freddy Krueger, un tipo que fue quemado víctima del odio de unos padres, que ahora tenían que observar como volvía a través de los sueños para vengar su muerte matando a sus hijos. Aunque Pesadilla en Elm Street fue un rotundo éxito y dio pie a multitud de secuelas, Craven no volvió a la saga hasta la última entrega, una película metarreferencial en la que recupera a su primera scream-queen Heather Langenkamp y con la que devolvía la estrella a una saga que había perdido bastante en el camino.

Apegado al género que le dio la fama, Craven siguió dirigiendo obras como La serpiente y el arco iris, Shocker, El sótano del miedo o la comedia de terror Un vampiro suelto en Brooklyn, pero no volvería a conocer el éxito hasta 1996. Fue entonces cuando estrenó la obra maestra Scream, un slasher que casi rozaba lo paródico y que reescribía las reglas de un género que parecía condenado tras el éxito que vivió en los años 80. Al contrario que ocurrió con Pesadilla en Elm Street, en este caso Craven si dirigió todas sus secuelas, y aunque el nivel bajó con las siguientes películas, consiguió dejar el listón bastante alto. Cada vez más alejado de las cámaras, durante los últimos años dirigió alguna película tan interesante como el thriller Vuelo nocturno, hasta que hace cuatro años decidió ponerse a los mandos de Scream 4. En esta película versionaba a la primera entrega de la saga, y volvía a un mundo metarreferencial casi al nivel del mostrado en La nueva Pesadilla de Wes Craven, una obra fantástica que ponía así un broche de oro a su carrera.

La marcha de Wes Craven deja huérfana a una generación que temía la hora de irse a dormir gracias a sus creaciones. Hasta siempre maestro.