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Cuando el año pasado se estrenó Dallas Buyers Club fue una película que me cautivó de inmediato. Entre muchas de las virtudes que tenía aquella fantástica película de Jean-Marc Vallée destacaba una extraordinaria poética, que me resultaba sorprendente en una historia que estaba contada con la tosquedad propia del sur de los Estados Unidos. Este motivo era suficiente para suscitar al menos mi atención en el siguiente proyecto de Vallée, esta Alma salvaje, cuyo argumento remitía inmediatamente a la película Hacía rutas salvajes, una pequeña joya que también me resulta fascinante y he revisionado en multitud de ocasiones, y que me conmueve cada vez que la veo. Como ocurría con Dallas Buyers Club, la película de Sean Penn estaba provista de una inaudita poesía, en esta ocasión, reforzada además por la impresionante banda sonora que compuso Eddie Vedder. La suma de estas dos películas era motivo más que suficiente para pensar que el nuevo trabajo del canadiense pudiera dar como resultado una obra que me resultara como poco igual de atractiva, estas dos películas no son sólo dos películas que me encantasen, sino que son dos películas que me calaron realmente hondo, dos de esas obras que desde su inmenso corazón, conseguían descomponerme. Si tan bien había funcionado con ellas, ¿por qué pensar que Alma salvaje no fuera capaz de conseguir lo mismo?

Alma salvaje cuenta la historia real de Cheryl Strayed, esta mujer, arrastrada por el dolor que sintió ante la prematura muerte de su madre, acaecida por culpa de un cáncer, acabó entregándose a erráticas decisiones que la llevaron a la promiscuidad y a volverse adicta a la heroína, algo que no sólo la puso en una delicada situación, sino que también acabó con su matrimonio. En busca de la redención, decidió emprender la aventura de atravesar el Pacific Crest Trail, un sendero que cruza Estados Unidos desde el sur hasta el norte, empezando en México y terminando en Canadá. Hay un principal motivo por el que Alma salvaje empieza a flaquear, y que se hace más visible aún si la comparamos con películas como Hacia rutas salvajes  o la reciente El viaje de tu vida. En la primera, el protagonista renunciaba a todas sus posesiones, cansado de un sistema capitalista, y se embarcaba en un viaje introspectivo para encontrarse a sí mismo en compañía de la naturaleza. En la segunda, el personaje de Mia Wasikowska decía emprender esta extraordinaria empresa recorriendo los desiertos australianos tal y como hubiera hecho su padre años atrás, para de este modo crear un fuerte lazo de unión entre ambos tras la muerte de su progenitor.

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Señalo estos dos ejemplos porque me parecen importantes a la hora de reflejar la falla de Alma salvaje. Era fácil sentir empatía por los motivos que tenían los personajes protagonistas de estas dos películas, antes de emprender su viaje. Los motivos de ambos quedaban claramente presentados en pantalla, la decisión de llegar a esto era algo completamente reflexivo que venía dado por una serie de razones que hacían completamente lógica la decisión de encarar este esfuerzo sobrehumano. Pero con Strayed nunca ocurre lo mismo, sí, es cierto que el personaje ha tocado el fondo de su existencia y encara esta aventura con la idea de empezar de cero una vez que lo termine, algo que repite constantemente a cada individuo con el que se topa por su camino. Sin embargo, jamás llegamos a saber cómo el personaje ha llegado hasta aquí, la representación de la idea aparece con la fugaz vista en una estantería a una guía de viaje sobre el sendero, ¿es éste motivo suficiente como para que la protagonista llegue a la reflexión de que este viaje es necesario para reconstruir su propia existencia o es poco más que el capricho de una mujer egoísta, a la que todos sus fallos le han venido dados por su necesidad de conseguir todo lo que quería? Es complicado que si el espectador no entiende los motivos por los que esta mujer se ha entregado de cuerpo y alma a emprender un viaje de 4.000 kilómetros, acabe sintiendo cierta empatía por ella, y lo que es incluso más grave, que según el personaje va tocando más de cerca el sino de su propia existencia, el espectador empieza a sentir cada vez más cercano el rechazo hacia ella.

Fallando el pilar que sostiene a toda la película, puesto que hablamos de una película que se sostiene puramente en la construcción de su protagonista, acaba resultando imposible que una película como Alma salvaje acabe terminando de cuajar. Y es que las decisiones parecen tomadas sin haber sido pensadas en exceso, ahí está esa construcción del personaje a base de flashbacks algunos cercanos a lo lynchianos que acaban provocando una brutal pérdida de ritmo, puesto que lo vemos en ellos, simplemente, no acaban de encontrar una forma consistente con el viaje emprendido. Como en un todo que se resquebraja, Alma salvaje es una película que no acaba de encontrar jamás la decisión correcto. Esto está incluso presente en la interpretación de Reese Whiterspoon que aunque encara a su personaje de manera correcta, cuesta ver en ella un atisbo del extremo sufrimiento físico que el personaje está emprendiendo. Aquellas caras demacradas de Wachikowska o Emile Hirsch, poco tienen que ver con el rostro siempre alegre de Whiterspoon, más allá de que la actriz se despoje del maquillaje. Posiblemente, esto no sea realmente culpa suya, Whiterspoon es una actriz que ha demostrado en varios ocasiones ser una intérprete eficaz, y aunque aquí lo intenté, el problema real es simplemente que no es la actriz adecuada para un papel como éste.

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Así, si películas como Dallas Buyers Club o Hacia rutas salvajes habían conseguido en lo más hondo de mi ser, hacerlas películas participes de mi vida, lo peor que le puede pasar a esta Alma salvaje, es que cuando la vea me provoque la mayor de las indiferencias. Porque esta vez Vallée, un cineasta con un poder innato para la poesía visual, algo que no sólo se podía apreciar en su anterior película, sino también en otras tan remarcables como C.R.A.Z.Y., aquí trata de alcanzarlo quedándose en la mera superficialidad. Quizá, el problema de la película es que ni él, ni su guionista, el gran escritor Nick Hornby, que ha escrito a unos personajes formidables a lo largo de su carrera novelística, han conseguido comprender al personaje de Strayed, y en la película se ha quedado en la cima del iceberg sin conseguir ver que era todo lo que había debajo del agua. Y cuando ni director, ni guionista, parecen acabar de conocer a su personaje, es difícil entonces que el espectador consiga hacerlo.

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Ficha técnica:

Título original: Wild Director: Jean-Marc Vallée Guión: Nick Hornby Fotografía: Yves Bélanger Reparto: Reese Witherspoon, Laura Dern, Gaby Hoffmann, Michiel Huisman, Thomas Sadoski, Kevin Rankin, Charles Baker Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 30/01/2015